Los artículos de Almendros defendían abiertamente una salida anticonstitucional. 
 El diario El Alcázar, investigado como posible soporte de ideas sediciosas     
 
 El País.    01/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Los artículos de "Almendro*" defendían abiertamente una salida

anticonstitucional

El diario "El Alcázar", investigado como posible soporte de ideas sediciosas

Los servicios de información del Ejercito y del Gobierno están analizando

minuciosamente los ejemplares de los últimos meses de) diario madrileño El

Alcazar, por si, al margen de ios artículos del colectivo Almendros, impregnados

de una evidente filosofia golpista.d periódico hubiera podido ser vehículo

transmisor de algún tipo de consignas.

Uno de los números que ha despertado la atención de los investigadores es el

correspondiente al domingo 22 de febrero, el día interior al intento de golpe de

Estado, cuya primera página reproducimos parcialmente. Las dos terceras partes

de esta página aparecen ocupadas por una gran fotografía del Congreso de los

Diputados totalmente vacío. Sobre la fotografía, un texto insertado en una gran

Hecha dirigida al centro del hemiciclo, dice: «Todo dispuesto para la sesión del

lunes». A su lado, un titular de gran tamaño: «UCD intensifica su actividad en

busca de votos». Al margen de! posible doble sentido del titular, se le puede

considerar periodísticamente poco afortunado, porque ese día UCD ya no buscaba

votos, dado que la investidura por mayoría simple la tenía asegurada el

candidato con el número de voló-, obtenidos en la sesión del viernes anterior.

Al pie de la fotografía figuraba otro texto que pronosticaba que «En cualquier

caso, la victoria del señor Calvo Sotelo será inestable».

Especial atención merecen los tres artículos del colectivo Almendros aparecido

en esas páginas los días 17 de diciembre, 22 de enero y I de febrero. Todavía

después del último artículo de Almendros se publicaría en primera página uno del

teniente general Fernando de Santiago, titulado «Situación limite»,

que despertó gran preocupación en el Gobierno. En él, junto a afirmaciones

descalificadoras del sistema («Los partidos políticos no representan al pueblo

en estos momentos»), otras prejuzgan la necesidad de una solución salvadora

(«Hay que salvar a España si tenemos conciencia de españoles y creyentes»).

Dos días después de la publicación de este artículo en las páginas de El Álcázar

un redactor de nuestro periódico preguntó al entonces ministro de Defensa,

Agustín Rodríguez Sahagún, si el Gobierno iba a adoptar alguna medida en

relación con el escrito. Rodríguez Sahagún afirmó escuetamente: «Hoy no puedo

decir nada, pero muy pronto habrá noticias». Le insistió el redactor si «muy

pronto» quería decir horas o días, y Rodríguez Sahagún se limitó a reafirmarse

en lo anteriormente dicho. Hasta el momento se desconoce oficialmente la

existencia de cualquier actuación del Gobierno o del ministerio fiscal respecto

al artículo, pero fuentes solventes aseguran que, en efecto, el fiscal está

estudiando una querella.

Aunque los planteamientos de fernando de Santiago tienen coincidencias con el

contenido de los articulos de Almendros —tales como la descalificación de los

partidos; él llama «situación límite» a lo

que Almendros califica de «punto critico de no retorno»; ambos estiman que se

asiste a la descomposición de España—, los artículos de Almendros responden a un

planteamiento más elaborado, tanto en el plano político como en el formal. La

prosa de Almendros vuela a más altura estilística, se buscan apoyos doctrinales

reconocidos, se ejemplifica con situaciones pasadas de otros países, y cada

articulo supone un paso más en lo que se adivina como una estrategia

perfectamente planteada.

Se desconoce todavía quiénes son las personas que forman el colectivo Almendros,

pero hay fundadas sospechas de que se trata de una mixtura civil-militar en la

que pudieran estar presentes personalidades políticas a la derecha de Alianza

Popular, que jugaron relevantes papeles en el franquismo e incluso en la reforma

pretendida por Arias Navarro. No se descarta incluso la inspiración de alguien

que haya participado en el proceso de la ley de Reforma Política que desembocó

en el referendo del 15 de diciembre de 1976. Existe, en este sentido, un párrafo

muy significativo en el segundo articulo de Almendros. Refiriéndose a aquel

referendo, se afirma: «Fue aquella convocatoria la que mayor entusiasmo suscitó

entre los españoles. Y precisamente en aquella oportunidad —lo que no deja de

ser sintomático— se pronunciaron en contra los políticos que presumen de su

mayor pedigrí democrático».

El Gobierno

Resulta muy ilustrativo el seguimiento de las tres entregas de Almendros a la

luz de lo acaecido los pasados días 23 y 24, El primero de ellos (17-12-1980),

«Análisis politico del momento militar», se limita casi exclusivamente a la

descalificación del poder ejecutivo y a afirmar la «innegable unidad de los

cuadros de las Fuerzas Armadas, que a diario se refuerza» en virtud de que, «al

parecer, se ha superado la inicial perplejidad que, les supuso la transición

política». A´ la vez que se diagnostica la sintonización de las Fuerzas Armadas

con los sentimientos populares, se estima que «nos encontramos ante la evidencia

de que quien no sintonila con los citados cuadros es el Gobierno». La

«degradación de la situación española»

se presenta como dramática y se concluye afirmando, que «en la calle está

firmemente instalada la urgencia de una solución correctora que permita

regenerar la situación».

Él segundo artículo (22-1-1980) entra en detalles sobre cuál ha de ser la

solución correctora. El título de! articulo es de por si elocuente: «La hora de

las otras instituciones». De la descalificación del Gobierno, ahora se pasa a

descalificar al Parlamento, a la clase política y a la Constitución. «El ensayo

democrático ha fracasado», «la Constitución no funciona» y «esta clase política

ha demostrado carecer de suficiente categoría moral, necesaria para reconocer

sus errores», afirma Almendros. Se le concede a algunos miembros de la actual

clase política el beneficio de creer en sus buenas intenciones y hasta se desea

su recuperación para el futuro, pero «eso es ya sólo posible tras Un período

discreto de reflexión que les permita liberarse de compromisos y adherencias

anteriores».

Las otras instituciones

Sentadas estas premisas se explícita ya una solución: «Un nuevo y distinto

Gobierno de amplios poderes que disponga de las asistencias precisas para

resolver con decisión el rekmzamienío de nuestra economía, la reducción del

paro, el terrorismo y su incidencia en la vida cotidiana, en la seguridad

ciudadana, la razonable reconducción del proceso autonómico y la reforma de la

Constitución. Ahora bien», concluye Almendros, - «cuando nadie en el Estado

parece desarrollar esa función, quizá sea la hora, no de apelar a congresos,

partidos, Gobierno, de los que nada decisivo puede ya salir, sino a las

restantes instituciones del Estado».

El tercer y último artículo, titulado^«La decisión del mando supremo» (1-2-

1981)—terminología claramente militar—, es continuación lógica de los dos

anteriores, ya que especifica cuáles son las instituciones llamadas a dar «el

golpe de limón» y cómo debe ser el «nuevo y distinto Gobierno». Se adelanta

Almendros a rechazar la solución tantas veces apuntada de un Gobierno de

coalición (previsto para afrontar un serio peligro para las instituciones

democráticas), por estimarlo un paso innecesario, ya que «a corto plazo

instauraría la oportunidad para una legítima intervención de las Fuerzas

Armadas». El Gobierno del que habla Almendros es aquél «que se vea respaldado

por las instituciones, cuya fuerza procede de su propia condición (el subrayado

es nuestro) y que son las llamadas históricamente a garantizar la paz y ta

subsistencia nacional en los momentos de peculiar delicadeza». Esta

descalificación de las instituciones basadas en la representación popular se

concreta en otro momento al afirmar que «hemos entrado en un tiempo protagónico

para e! Rey y las Fuerzas Armadas».

Cerco a la Corona

A partir de esta referencia al Rey, el articulo se convierte en una especie de

cerco a la Corona, a la que se le quiere arrastrar a dar «el golpe de timón» y

se anuncia que «estamos en el punto critico, se inicia la cuenta atrás». «La

irresponsabilidad política ha culminado un triste proceso en el que forzosamente

se obliga a intervenir a la Corona». Se le reconoce al Rey autoridad moral sobre

los «sectores más inequívocamente democráticos», lo que, en opinión de

Almendros, «le concede ahora una gran ´libertad de acción para e! uso de las

facultades de arbitraje que la Constitución le otorga para accionar hacia la

búsqueda de la solución correctora del reciente proceso político, cuya herencia

no tiene por qué sancionar». A los politicos se les recomienda que eludan la

tentación de «inmovilizar al Rey».

Los párrafos finales de este artículo cargan á la Corona con la responsabilidad

de afrontar con una situación para la que no se le ofrecen nada más que dos

alternativas, con la velada amenaza de que en una de ellas la Corona se juega su

propia supervivencia. «A partir de la decisión del Rey», afirma Almendros, «se

abre ante el pueblo español una disyuntiva: o un proceso que se precipite en la

traumática liquidación del sistema institucional, por el empeño de mantener una

inequívoca normalidad democrática (en cursiva en el original) o la instauración

de un cambio a la esperanza», que pasa por la inevitable fase regeneracionista

del Gobierno. En otras palabras, parece que aquí se advierte a la Corona del

peligro de verse arrastrada en la calda del sistema democrático si se

comprometiera con el mismo.

El 1 de febrero pasado Almendros habia llegado a la conclusión de que se había

entrado ya en un tiempo de «catarsis personal y social para remontar la mediocre

tibieza o la autojustificación de la duda de arriesgarse con decisión en la

elección de lo que el imperativo patriótico reclama».

 

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