Autor: Sinova, Justino. 
 La historia del hombre que quiso cambiar la voluntad del Rey. 
 Eso es cosa de Armada     
 
 Diario 16.    23/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

La noticia del cese del general de división Alfonso Armada Comyn fue una

auténtica bomba. Los políticos tuvieron que restregarse los ojos para comprobar

que era verdad lo que leían. Y muchos lectores no acertaban a comprender qué

tenía que ver en aquella historia un hombre que les sonaba como tradicionalmen-

te identificado con el Rey. Pero en La Zarzuela, de donde salió despedido el

general hace algo más de tres años, las cosas estaban más claras. En las horas

amargas del 23 de febrero, doña Sofía comentó a su esposo, el Rey: «Eso es cosa

de Armada.» En realidad, el asunto venía de atrás y más de uno estaba en el

juego de las claves.

La historia del hombre que quiso cambiar la voluntad del Rey (I)

«Eso es cosa de Armada»

«Calvo-Sotelo no será presidente», comentó Armada ante Marta Pujol días antes de

que Tejero entrara violentamente en el Congreso

Justino SINOVA

Cuando el video de la toma del Congreso por el teniente coronel Antonio Tejero

pudo verse en el palacio de La Zarzuela, pasadas las doce de la noche del día 23

de febrero, ya prácticamente sofocado el golpe militar, la Reina doña Sofía dijo

con convicción: «Eso es cosa de Armada». El Rey pudo recordar, en ese momento,

cómo había desautorizado formalmente horas antes a su viejo instructor y

colaborador durante más de veinte años.

Casi al mismo tiempo, en pleno barrio de Salamanca de Madrid, en la casa que los

dominicos tienen en Claudio Coello. 141, el padre José Manuel Aguilar daba un

hondo respiro de alivio. Acababa de ver en televisión unas tomas de los

alrededores del Congreso y había advertido unas formas y unos andares

característicos. «¡Salvada la situación! —exclamó— ¡Ahí está Armada!»

El padre Águilar, pelo canoso, traje gris y hablar amable, también había sido

como el general de división Alfonso Armada Comyn preceptor del príncipe Juan

Carlos y no pudo imaginar que aquel militar estuviera en los aledaños del

Congreso para otra misión que recuperar el curso de la normalidad para así

ofrecer al Rey otro servicio.

Todavía ahora, con el general Armada destituido, arrestado y procesado, el

anciano dominico no puede evitar sus dudas. «No puedo hacerme a la idea —dice—

de que haya traicionado al Rey». Ese es el razonamiento que exponen muchos de

los que conocieron a Armada y que, en realidad, puede coincidir con las

pretensiones del propio general, como más adelante se verá. ¿Buscaba • Armada

una solución que fuera compatible con su fidelidad al Rey?

Gabeiras, con insomnio

La misma sorpresa que los amigos de Armada sufrieron al conocer las medidas que

se tomaban contra él fue compartida por muchos. El teniente general José

Gabeiras, jefe del Estado , Mayor del Ejército, dudó veinticuatro horas en

arrestarle y su natural incredulidad le costó una noche de insomnio y

pesadillas.

Muchos políticos pensaron que las primeras noticias sobre la implicación de

Armada en el golpe eran producto de visiones y yo mismo tuve que superar un

primer impulso de sorpresa cuando en la noche del día 24, con el periódico a

punto de salir de máquinas, envié al taller la noticia de su cese, primer

indicio concreto de su implicación. La gran seguridad de la fuente que avalaba

la noticia no permitía la menor duda. Pero la personalidad´del general Armada,

identificado por todos con La Zarzuela, hacía lógico un cierto suspense. En la

mañana del día 25 elperió* dico publicó en primera página la noticia del cese de

Armada, que fue ampliada en las posteriores ediciones del diario y empezó a

adivinarse la verdadera actuación de un personaje clave en la, ejecución del

golpe.

Y, sin embargo, había datos suficientes para pensar en la dimensión golpista de

Armada, a pesar de su conexión con La Zarzuela. Lo que les faltaba, y les

´falta, por saber a muchos sorprendidos políticos es que Armada fue cesado de

sus responsabilidades en La Zarzuela con poderosos argumentos que demostraban

una irregular actuación que las llamadas de atención sobre sus sospechosas

intenciones fueron expuestas con argumentos al Rey don Juan Carlos y que, en

definitiva, el comentario de la Reina —«Eso es cosa de Armada»— no respondía a

una reacción espontánea sino a una información pacientemente acumulada.

Había datos suficientes para recelar de Armada, sin que nadie reparara

completamente en ellos. Es más, algunos sectores ucedistas sospechan que

minoritarios círculos del PSOE alimentaban inconscientemente la solución que

quiso aplicar Armada con la entrada de Tejero en el Congreso: la formación de un

Gobierno de coalición con un general en la Presidencia.

El desencadenamiento de rumores se produjo con el almuerzo celebrado en Lérida

en octubre de 1980 al que asistieron el general Armada, que era entonces

gobernador militar, y los socialistas Enrique Mágica, Joan Reventas y Antonio

Siurana, alcalde de aquella ciudad. Desde entonces, el tema ha estado planteado

en los círculos políticos y en los medios de comunicación.

Antes de que se produjera el -golpe, la pretensión del general

Armada estaba ya en letras de imprenta. El libro «La caída de Suárez», obra de

Ricardo Cid, Santiago Pérez Díaz, José Luis Martínez y José Ángel Esteban, el

primer libro publicado sobre la dimisión de Adolfo Suárez, varios días antes del

golpe, incluye numerosos datos sobre la pretendida intención de llevar a un

general a la Presidencia del Gobierno y llega a reproducir un retrato-robot de

ese general, elaborado en una reunión de socialistas, «representantes de la

milicia» y «un relevante sector de las finanzas». Ese retrato-robot incluía los

siguientes puntos:

1 Que sea militar, aunque no teniente general para no despertar suspicacias.

2 Que goce de prestigio entre sus compañeros de filas.

3 Que cuente con la confianza del Rey Don Juan Carlos, Jefe del Estado y

Jefe Supremo del Ejército.

4 Que ofrezca las suficientes garantías para el cumplimiento de su nuevo

papel civil y de que

abandonará el cargo en el plazo establecido.

Muchos vieron retratado aquí al general Alfonso Armada, el cual no pretendía

saltar por encima del Rey, aunque sí por encima de la Constitución. La mayor

sorpresa de Armada fue cuando el día 23 cayó en la cuenta de que el Rey

consideraba una traición atentar contra la norma constitucional y que no estaba

dispuesto a aceptar un planteamiento que supusiera una violencia contra el orden

constitucional establecido.

Por si fuera poco, el periodista Emilio Romero, director del diario «Pueblo»

durante el franquismo y ahora columnista de «ABC», apuntaba el día 31 de enero,

dos días después de la dimisión de Suárez, el nombre de Alfonso Armada junto a

la tesis de que «están pasando cosas que obligan a una remodelación sustancial».

Y añadía: «Hay una realidad que me consta y es que lo que pasa es tan

importante, o tan grave, que no es aceptable ningún «continuismo».

Algunas pistas

Esa tesis, planteada en términos alarmistas y apocalípticos, es la que órganos

de la ultraderecha se cansaron de exponer en las semanas previas al golpe. En

algunas publicaciones incluso se daban pistas suficientes para una averiguación

en profundidad. Él número del «Heraldo Español» publicado inmediatamente antes

del, golpe incluía un largo artículo lleno de sugerencias: decía en letra

negrita, por ejemplo, frases como: «el que la va a armar», «el que la tiene

armada»; que «Calvo-Sotelo, si aprueba la reválida, todos sabemos que no

terminará la "carrera"»; «que la Policía Nacional antes se llamaba "Armada"»...

El diputado comunista Simón Sánchez Montero ha contado en el Congreso que la

hija de un general dijo públicamente el día 20 que el 23 iba a tener lugar un

golpe de Estado, lo que demuestra hasta qué punto se conocían estos planes. Y se

tienen datos de que medios empresariales catalanes hablaban, quince días antes

del golpe, de un Gobierno de concentración presidido por el general Armada.

Según fuentes muy seguras, una de las recomendaciones que Adolfo Suárez dio á

Josep Meliá cuando le envió de gobernador general a Cataluña fue que tuviera

«cuidado con Armada». Suárez sabía que era un golpista y contribuyó

decisivamente para alejarle de La Zarzuela, como se verá más adelante.

Armada no era ajeno, por supuesto, a estas impresiones. Ño eran versiones de sus

amigos deseosos de auparle a la presidencia del Gobierno. Armada tenía un plan.

Cuando, días antes del golpe, Jordi Pujol invitó a un almuerzo a las máximas

autoridades .militares de Cataluña, el general Armada, entonces gobernador

militar de Lérida, comentaría ante la esposa del presidente de la Generalitat

que «CalvoSotelo no será presidente».

Marta Pujol no atribuyó a la frase más importancia que a un pronóstico

aventurado sobre la votación de investidura del Congreso. Después del frustrado

golpe cayó en la cuenta de lo que quería decir Armada.

 

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