Las condiciones para rendirse. 
 Tejero asume él solo la responsabilidad, no quiere fotógrafos y se entregará en El Pardo     
 
 Ya.    24/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Las condiciones para rendirse

Tejero asume él solo la responsabilidad, no quiere fotógrafos y se entregará en

Él Pardo.

Según noticias recogidas a las once treinta y cinco de la mañana, el teniente

coronel Tejero, dirigente del asalto al Congreso de los Diputados, ha

manifestado que sus condiciones para rendirse son las siguientes:

qué él solo asume su responsabilidad,´entregarse en El Pardo a fuerzas de la

Guardia Civil y que no haya fotógrafos cuando salga del Congreso. Altos mandos

de la Guardia Civil han comentado que dichas condiciones han sido aceptadas. Por

su parte, el capitán de navio Camilo Menéndez ha puesto las mismas condiciones

que el teniente coronel Tejero.

Tejero, obsesionado por la luz

Después del primer momento de tensión, motivado por la irrupción violenta en el

Congreso de los ciento y´ pico de guardias civiles al mando del teniente coronel

Tejero, el siguiente, según han relatado diversas diputados a Logos, se provocó

cuando el teniente coronel Tejero se obsesionó, según estas diputados, con que

la luz se iba, que le iban a cortar la luz. A pesar de que el servicio técnico

del Congreso acudió al teniente coronel Tejero para explicarle que, aunque se

fuera la luz en todo Madrid, en el Congreso seguiría habiendo luz porque tiene

un grupo electrógeno, el teniente coronel Tejero seguía insistiendo en que la

luz se iba a ir, y que si la luz se llegaba a ir y alguno de los diputados hacía

cualquier movimiento o se movía de su asiento, que los guardias debían de hacer

fuego inmediatamente, sin mirar a quién y tirando al bulto. Hubo un gran pánico

en estos momentos entre los diputados, alrededor de las nueve treinta de la

noche, y el teniente coronel Tejero y. varios efectivos policiales se -dedicaron

a romper sillones del_ Congreso y con la gomaespuma que lle-"van estos sillones

hicieron un montón sobre la mesa, que también rompieron para posiblemente

intentar hacer un fuego si la. luz llegara a cortarse.

Según seguían relatando las diputados, no contento con esto, el teniente coronel

Tejero minutos más tarde hizo entrar por efectivos de la Guardia Civil que le

acompañaban un gran número de velas enormes, según estas diputados,

aproximadamente unas veinte o treinta velas. Pasados esos momentos, al parecer,

la situación se tranquilizó y el teniente coronel Tejero dijo al hemiciclo que

debían de estar en silencio, quietos en su sitio y sobre todo callados. Sin

embargo, poco más tarde dio una nueva orden de que podían marchar al lavabo de

uno en uno y cada cierto rato.

Vigilados en el lavaba

Estas idas y venidas-al lavabo fueron aprovechadas-por los diputados para

transmitirse • noticias del exterior, ya que dos diputados de las últimas filas

del hemiciclo tenían una emisora de radio portátil oculto y de voz en voz se

iban transmitiendo como podían, - ya que tenían orden rigurosa de silencio, las

informaciones. Según iba pasando el tiempo y pasada esta, primera hora, según

las citadas diputadas, existía tranquilidad en el hemiciclo y confianza de que

la situación estaba controlada y de que posiblemente el golpe había fracasado y

que en breve les iban a sacar.

Otro momento de congoja fue cuando una vez al principio de la irrupción el

presidente Suárez se dirigió a la Cámara y al presidente de la mesa en concreto,

Landelino Lavilla, y dijo: «Yo soy el presidente del Gobierno, ¿qué pasa aquí?»

Entonces Lavilla le indicó que habían ocupado el hemiciclo, y en ese momento el

teniente coronel Tejero indicó, refiriéndose a Suárez, que debían-encerrarle en

un cuarto. El momento de congoja fue posterior a la retirada de Adolfo Suárez,

cuando.el teniente coronel Tejero señaló a los guardias ci• viles que debían de

sacar del hemiciclo á Felipe González, Alfonso Guerra, Rodríguez Sahagún,

Gutiérrez Mellado y finalmente a Carrillo. Según manifestaron las diputados, en

esos momentos prácticamente toda la Cámara estaba convencida de que estas

personas iban "a ser fusiladas.

Sin embargo, posteriormente, y a través de la noticia precisamente de la radio,

pudieron saber que estas personas habían sido encerradas en un, cuarto y que,

afortunadamente, no había pasado nada irre • mediable.

Noticias falsas

Las diputados recordaban exactamente qué noticias habían dado en los sucesivos

partes informativos emitidos por Radio Nacional en los diarios hablados de las

tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho de la mañana; en concreto, una de ellas

nos decía: «¿Verdad que a las siete no han dado nada en Radio Nacional?»

Otro momento también / fue cuando alrededor de la una o una y media de la

madrugada el teniente coronel Tejero se dirigió a la Cámara para decirles que la

segunda, tercera, cuarta y quinta capitanías generales habían secundado él golpe

de Estado y que el teniente general Miláns del Bosch pasaba a presidente del

Gobierno. Las noticias posteriores recibidas por Radio Nacional tranquilizaron a

la Cámara en el sentido de que el golpe de Estado había sido superado. La noche,

según parece, la pasaron tranquilamente, si bien periódicamente los .guardias

civiles les insistían en que debían permanecer en silencio y callados; poco a

poco, la situación se fue relajando y los paseos al servicio se fueron

prodigando cada vez más, motivados incluso también porque la tensión de nervios

se hacía cada vez más insostenible. Prueba de que esta tensión de nervios se

hacía más insostenible fue cuando Manuel Fraga se dirigió al teniente coronel

Téjete y le dijo que se iba y que si quería matarle que le matara, pero que eso

no tenían derecho a hacerlo. En ese momento, según contaron las diputados, los -

guardias civiles cargaron las ametralladoras y se pusieron todos nuevamente

frente al hemiciclo, mientras´todos pensaban que podía pasar lo peor. Adela Pía,

la diputado socialista por Valencia, nos contaba que detrás de Fraga un guardia

civil joven gritó: «Ahora verán ustedes; chulerías, a mí.» En ese momento, Adela

Pla se levantó y le dijo al guardia que si él sería capaz de disparar el arma

que ya en ese momento tenía cargada. El guardia civil le contestó: «Oiga,

señora, yo también me estoy jugando la cabeza.» Adela Pía le contestó a su vez:

«Pero lleva usted una metralleta y nosotros no llevamos nada.» Mientras, los

diputados de las filas contiguas a doña Adela Pía le indicaban a Adela:

«Cállate, cállate, déjalo, déjajo.» No obstante, al final no pasó nada.

Fraga, al parecer, se calmó, y, mientras, el teniente coronel Tejero gritaba a

Fraga: «Por favor, cállese; por favor, cállese.» Poco más tarde, Joaquín

Satrústegui, diputado centrista, se levantó y le dijo al teniente coronel Tejero

que él era amigo íntimo de Miláns del Bosch y que le contaba que Miláns del

Bosch era un demócrata y,que no estaba protagonizando ningún golpe de Estado,

que le pusiera al habla con Miláns del Bosch, cosa, a la que el teniente coronel

Tejero no respondió.

Se negaron a comer

A las ocho y media de la tarde llevaron los bocadillos y algunos diputados

dijeron que se negaban a comer.

Poco más tarde fue cuando anunciaron que el teniente coronel Tejero acordaba

poner en libertad a todas las mujeres que así lo querían; algunas se

resisitieron en principio a abandonar la Cámara por solidaridad con sus

compañeros y también porque entendían que las mujeres podían servir de

contrapeso y podían evitar cualquier tipo de violencia. Al final tolas mujeres

diputados se marcharon, excepto dos, Pilar Bravo y María Izquierdo. También´

manifestaban-las diputados socialistas que^ están todas muy visiblemente

emocionadas y algunas llorando e incluso abrazándose a periodistas que conocían

porque están muy emocionadas, y su preocupación fundamental es avisar a los

familiares de los diputados que conocen. Las centralitas del hotel Palace están

bloqueadas y la ´sala de teléfonos está llena de gente y resulta cada vez más´

difícil intentar llamar por teléfono.

 

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