Fraga regresó a Madrid. 
 No tengo ningún rencor. Si alguna vez tuve heridas, las tengo olvidadas y cerradas  :   
 Si hay algún español que haya dejado perfectamente donde está y lo que cree que se debe hacer, soy yo. 
 ABC.    19/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

FRAGA REGRESO A MADRID

«NO TENGO NINGÚN RENCOR. SI ALGUNA VEZ TUVE HERIDAS, LAS TENGO OLVIDADAS

Y CERRADAS»

«Si hay algún español que haya dejado perfectamente claro dónde está y lo que cree que se debe hacer,

soy yo»

Madrid. (De nuestra Redacción.) «Desde mañana estaré disponible. Ahora me voy a casa, aunque antes

intentaré pasarme por la Clínica de La Paz.»

A las cuatro menos veinte de la tarde, después de haber permanecido durante quince minutos en la aduana

número 3 del aeropuerto de Barajas, la correspondiente a las llegadas internacionales de Iberia, y de haber

hecho una corta declaración a los periodistas, el embajador de España en Londres, Manuel Fraga Iribarne,

se subía en el Seat 14301600 de color azul, matrícula M-5122AM, que le esperaba en la puerta y

desaparecía en dirección a Madrid. Iba acompañado en el automóvil por los hermanos Antonio y José

Luis Co r t i n a, miembros destacados del equipo Fraga en Madrid.

PERSONALIDADES.—Cuarenta y cinco minutos antes de la llegada del vuelo de Iberia 341, procedente

de Londres, en el que viajaba el embajador Fraga, un numeroso grupo de personas entre periodistas,

fotógrafos, miembros del equipo de trabajo de Fraga, delegados del mismo en provincias y curiosos.

Entre otras personas, a la hora de la llegada del avión, estaban presentes Jesús Aparicio Bernal, Juan José

Rosón, Carlos Mendo, Primitivo de la Quintana, Antonio Cortina y José Luis Cortina, Gabriel Cisneros,

Juan Arespacochaga, Daniel Regalado, Alejandro Armesto, Enrique Santín, Gabriel Elorriaga, Manuel

Milián Mestre, José Antonio Trillo, el torero Paco Camino, etc.

REVUELO.—La llegada del avión de Iberia, que coincidió con otro vuelo de la Swisair, procedente de

Ginebra, provocó un revuelo de fotógrafos, periodistas y personalidades que cruzaron las taquillas de

pasaportes y fueron a esperar al embajador (que no utilizó en esta ocasión el salón de autoridades) a la

misma puerta del autobús que le transporta el avión.

El señor Fraga Iribarne, sonriente, vestido con un abrigo negro, cruzó entre una impresionante nube de

fotógrafos y de micrófonos una de las ventanillas de pasaportes, sin que se le sellase el suyo en ese

momento, y una vez en el «hall» deledificio de aduanas hizo ante casi un centenar de periodistas (muchos

de ellos corresponsales de periódicos extranjeros), la siguiente declaración

LAS HORAS DRAMÁTICAS QUE VIVIMOS. — «Voy a decir hoy muy pocas palabras, porque lo que

tenía que decir de mi gestión de estos dos años en Londres lo he dicho ya a la agencia Efe. y a dichas

declaraciones les remito.

Y no quiero hoy, por razones que todos deben comprender, hacer ninguna clase de declaraciones sobre lo

que todos podemos hacer en nuestro querido país. Las horas dramáticas que vivimos, llenas de tristeza, no

hacen este momento adecuado ni oportuno para una declaración.

Por lo demás, si hay algún español que en los últimos años y. en los últimos meses haya dejado

perfectamente claro dónde está y lo que cree qué se debe hacer soy yo.»

«NO TENGO NINGÚN RENCOR». — «Por tanto, no me considero obligado. Es un momento ahora

quizá también para hablar poco y para hacer mucho. Yo solamente quiero decirles dos cosas. Una: como

español me siento profundamente emocionado de volver a España después de dos años de los que, en

definitiva, es, cualquiera que sea la importancia de la función y lo grata que ésta pueda ser, un destierro.

Y dos: por eso mismo vuelvo al respecto a esta gran tierra nuestra y dispuesto a hacer cualquier cosa que

sirva para unir y para ayudar y para hacer algo de verdad. Y no para crear confusión ni para mover

ambiciones personales. Si tuve alguna vez algunas heridas las tengo olvidadas y cerradas y no tengo

ningún rencor.»

«NO DIRE NI UNA PALABRA MAS». Y añadió: «Y ahora, créanme ustedes. Este no es el momento. Y

yo les pido que todos contribuyamos a esto.>

Una periodista de una cadena americana de televisión le preguntó, sin embargo: «¿Estaría usted dispuesto

a formar parte de un Gobierno con el Príncipe?»

La respuesta fue cortante: «Ya he dicho que no diré ni una sola palabra más.» Pese a ello, la periodista

insistió:´ «Pero, ¿ayudaría usted al Príncipe de España?» Esta vez hubo respuesta: «Naturalmente que sí.»

LAS ESCOPETAS DE CAZA.— Todo el grupo de personas acompañó al embajador Fraga hasta su

coche. Y en el revuelo hubo una chispa de humor por parte del embajador: «Mis escopetas. ¿Dónde están

mis escopetas de caza? No vayan a perderse. Y mi bolsa de mano. Adonde está mi neceser?»

Minutos después el embajador y su séquito emprendían viaje hacia la Clínica de La Paz.

 

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