Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
 El presidente de la Generlidad en el exilio se repliega hacia posiciones más simbólicas. 
 Tarradellas delega funciones y contará con los partidos     
 
 Informaciones.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Tarradellas delega funciones y contará con los partidos

Por Enrique SOPENA BARCELONA, 4.

UN cierto clima de distención puede observarse en el horizonte político catalán tras la decisión del

presidente de la Generalidad, don Josep Tarradellas, de mantener abierto el Organismo Consultivo a los

partidos «grandes» (ver INFORMACIONES de ayer). Asimismo, tal clima ha sido reforzado por el

anuncio efectuado por el señor Tarradellas de delegar funciones en un representante suyo en el interior,

concretamente en don Frederic Rahola.

También contribuye a la distensión el público compromiso del presidente de la Generalidad, en el sentido

de que él no hará nada sin los partidos, con lo que su protagonismo creciente —criticado por

determinados grupos— ge verá sensiblemente rebajado.

Los primeros sondeos cerca de los partidos, no favoraBles, en principio, al Organismo Consultivo,

ofrecen un batanee positivo tras la postora del señor Tarradellas. Tanto Unión Democrática (don Antón

Canyellas), como Convergencía Democrática (don Jordi Pujol), han expresado su satisfacción por el giro

adoptado en este asunto, y, aun con reservas, han inditodo la posibilidad de su incorporación.

A pesar de que ha sido imposible conectar con representantes autorizados del Partido Socialista Unificado

de Cataluña (otro de los «grandes» que vetó al Organismo), todo parece pronosticar que tas comunistas

catalanes podrían finalmente incorporarse el nuevo Organismo. El Partido Socialista Unificado de

Cataluña habia denunciado el papel excesivamente personalista del señor Tarradellas, en cuanto a ser el

principal actor en esta representación. Ahora, el repliegue presidencial hacia posiciones más Simbólicas

—encarnación viva de la Generalidad de Cataluña—, puede servir para que el P. S. U. C. reconsidere su

actitud, que, por otra parte, le llevaría a un aislamiento nada beneficioso para sus intereses.

La suerte del Organismo Consultivo está, en cualquier casO, muy ligada a los acontecimientos generales

del país. Si la «comisión de los diez» consiguiera negociar con Presidencia del Gobierno el tema de las

nacionalidades —y las conversaciones fueran aceptables desde la óptica cátalana--, el Organismo estaría

destinado a una Vida tal vez efímera y escasamente eficaz: el restablecimiento de la Generalidad y de sus

instituciones baria ya inservible la organización que actualmente se intenta construir. Pero si la

«comisión» se encalla, el Organismo puede transformarse en un reducto sólido, inequívoco termómetro

de las reivindicaciones mínimas de Catauña.

El señor Rahola, no adscrito a ningún partido, el hombre del señor Tarradellas en Barcelona —ya lo

representó en los entierros de los señores Pallach y Trueta—, se ha apresurado a puntualizar que asumirá

gustosamente el encargo, en la medida que cuente con el respaldo de los partidos. Y los partidos a los que

tácitamente se referia el señor Rahola no son los minoritarios y t e s timoniales que en su mayoría han

compuesto la corte tarradellista (también han propugnado el Organismo partidos importantes, como los

dos socialistas o Esquerra Republicana), sino a los que atraerán los votos liberales, socialdemócratas,

democristianos y comunistas de Cataluña. La partida, pues, ha pasado de estar en manos de aquéllos, a

estar en manos de estos últimos. En medio, el señor Tarradellas ha sabido jugar hábilmente sus cartas:

Primero, se apoyó en los «minoritarios»; a partir de ahora, espera el favor de los «grandes».

 

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