Autor: Vigil y Vázquez, Manuel. 
   Jordi Pujol preconiza una Cataluña válida para todos     
 
 Ya.    20/03/1977.  Página: 17-19. Páginas: 2. Párrafos: 41. 

FIGURAS EN PUNTA

JORDI PUJOL preconiza "UNA CATALUÑA VALIDA PARA TODOS"

"ES MUY IMPORTANTE QUE CUANTO ANTES HAYA ELECCIONES MUNICIPALES"

Pujol, con sus cuarenta y siete años, cuenta con actividad política desde muy joven: participó en la huelga

de usuarios de tranvías en 1952; fue juzgado en consejo sumarísimo y condenado a siete años de cárcel;

intervino en la fundación de la Banca Catalana, de la que fue alto ejecutivo. Hoy es el secretario general

de Convergencia Democrática de Catalunya

* "Todos reclamamos la Generalitat y el regreso de su presidente. Estamos decididos a ir a las elecciones"

* "Cataluña volverá a disponer de gobierno propio, en régimen autónomo dentro del Estado español"

* "Reclamámos la cooficialidad del catalán, pues el castellano seguiría siendo oficial"

* "No puede haber autonomía sin hacienda suficiente, pues sería un engaño"

EN Cataluña he hecho de todo: he hecho pintadas subversivas y he sido banquero; he sido juzgado por

procedimiento sumarísimo por nacionalista y me he relacionado con el "establishment" económico y

financiero de Madrid; he hecho escuelas y diccionarios y he alentado grupos políticos; he sido militante

de base y secretario general de un partido que creo poder decir que tiene peso en Cataluña, y haré lo que

sea preciso, desde lo más humilde a lo más importante, si es que me corresponde. Pero en todo caso ahora

no debemos tener más objetivo que colaborar en que los partidos catalanistas—todos en conjunto—

ganen las elecciones. Nada más.

Quien tan rotundamente se expresa así, como corresponde a su personalidad, caracterizada por un carácter

decidido, entregado al servicio de su ideal catalán, es don Jorge Pujol y Soley, o sea Jordi Pujol,

secretario general de Convergencia Democrática de Catalunya, blanco de campañas contrapuestas, al

menos externamente; campaña de grupas catalanistas por formar o haber formado parte de comisiones

políticas de la oposición en Madrid y de haberse entrevistado, yendo con ellas o solo, con el presidente

del Gobierno, don Adolfo Suárez, papel que en ópinion del catalanismo más radicalizado—el "paleo-

catalanismo"—le corresponde a don José Tarradellas como presidente de la Generalitat en el exilio;

campaña desde algunos sectores de población catalana de origen foráneo, quienes acusan al señor Pujol

de despreciar a los inmigrados, especialmente a los andaluces... Se ha tomado pie para esto último del

libro de reciente publicación "La inmigració, problema i esperanca de Catalunya", libro en el que el señor

Pujol lo que preconiza es "una Cataluña válida para todos", para catalanes de ascendencia y para los

nuevos catalanes aportados por la inmigración. Se ha tomado pie para esta campaña de algunas frases que

extraídas de su contexto pueden resultar hirientes. Pero la tesis del libro, dicho ahora en su original

catalán, es "fer de Catalunya el país de tothom", es decir, de todos. Tesis que por otra parte desagrada a

los que quisieran una Cataluña de sólo catalanes con ascendencia hasta los tiempos fundacionales de don

Wifredo el Velloso...

De todo, en efecto

Don Jorge Pujol y Soley, natural de Barcelona, de cuarenta y siete años de edad, casado con doña Marta

Ferrusola, matrimonio con siete hijos, entre los diecisiete y los cuatro años, hizo sus primeros estudios en

la Escuela Alemana. En 1942 se puso a aprender bien el catalán, que, como es natural, incluye el saber

escribirlo. En 1946 ingresa en la Facultad de Medicina, aunque no era esta su vocación profesional, mas

algo indica acaso el que su padre, antiguo empleado de banca, se orientase hacia la producción

farmacéutica. Empieza su actividad política en sus años estudiantiles, actividad soterrada pero que tiene

destellos como aquella bandera catalana colocado con ocasión de uno de los actos del Congreso

Eucarístico Internacional de 1952 o el lanzamiento de unas octavillas en una función del Liceo, también

por entonces, al fondear por vez primera en aguas de Barcelona la VI Flota americana. El texto de

aquellos papeles, que dentro de su ingenuidad no deja de tener su gracia, era éste: "Señores americanos:

Ustedes son los defensores de la democracia. Estos señores de aquí, no lo son. Vayan con cuidado. No se

dejen engañar." Claro que cosas de éstas en el recoleto ambiente político de entonces resultaban

estremecedoras. A la vez, el joven Pujol tiene actividades de tipo religioso y participa en catequesis en

barriadas extremas. Su, primer contacto con la inmigración. En 1954, en unión de otros amigos, forma el

CC, sigla que nada quería decir, pero que dadas las ideas dominantes en el grupo era traducida por

Católicos Catalanes. Toma parte activa en la segunda huelga de usuarios de tranvías, en enero de 1957.

Cambio de director en "La Vanguardia"

Su nombre empieza a ser conocido fuera de los círculos catalanistas con ocasión del incidente promovido

por el entonces director de "La Vanguardia", don Luis Martínez de Galinsoga, contra las misas en catalán.

Se tardarían unos meses en; saber quién había aprovechado dicho incidente para desatar una campaña,

más contra el director del periódico que contra el propio periódico, pero que algo afectó a la marcha del

mismo, pues incluso los no catalanistas estaban molestos por la línea editorial que venía siguiendo dicho

diario. Hasta el punto de que el señor Martínez de Galinsoga hubo de cesar y le sustituyó don Manuel

Aznar, quien pronto calmó las aguas agitadas. Meses después, con ocasión de la estancia del Jefe del

Estado, generalísimo Franco en Barcelona, se celebraba un concierto en el Palacio de la Música, al que

asistían varios miembros del Gobierno, y para cuya velada el gobernador civil don Felipe Acedo Colunga

había prohibido expresamente que se interpretara el "Cant de la Senyera". Pero un sector del público

comenzó a cantarlo y se produjo un gran alboroto, lo que determinó una serie de detenciones culminada

días después con la del propio Jordi Pujol, tenido por instigador de lo sucedido. Fue juzgado en consejo

sumarísimo y condenado a siete años y un día, de los que merced a varios indultos se redujeron a dos años

en la cárcel de Zaragoza, donde prestó servicios médicos, y ocho meses de confinamiento en Gerona.

Entre tanto, aunque siempre con idéntica finalidad de servir la identidad de Cataluña, Jordi Pujol se apartó

algo de la política para dedicarse a "hacer país", es decir, a dotarle de medios propios, y así surgió la

Banca Catalana, de la que al recobrar la libertad sería uno de sus altos ejecutivos. Desde los primeros

tiempos de la República, Cataluña estaba sin banca propia y por eso Pujol quiso promover un instrumento

financiero autónomo. Pero el despacho del banquero era también el despacho del político. En los primeros

meses de 1975 participa destacadamente en el ciclo de conferencias llamado de "Las terceras vías",

organizado por el Instituto Católico de Estudios Sociales de Barcelona, intervención que seguía a otra

muy resonante de una conferencia dada en la Escuela Superior de Administración y Dirección de

Empresas (ESADE), de la Compañía de Jesús, conferencia en la que públicamente había alzado la

bandera catalanista. Estos actos habían sido autorizados por el a la sazón gobernador civil de Barcelona

don Rodolfo Martín Villa.

Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), escribre Jordi Pujol, no es sólo y principalmente un

partido político. "Es, quiere ser, una herramienta para crear las condiciones que hagan posible que

Cataluña tenga poder, tenga órganos de gobierno y pueda llevar a término una política de gobierno.

Porque nosotros creemos que ahora lo que más necesita Cataluña es un período largo de política

lingüística, de política cultural, de política escolar, de política urbanística, de política de infraestructura

social, de política industrial y económica, de política territorial y de desarrollo comarcal inspirada en

criterios catalanes". CDC, reitera en sus declaraciones programáticas, no es ni regionalista ni separatista,

sino nacionalista, demócrata y socialmente avanzado.

Ir a las elecciones

Jordi Pujol lleva unos meses de lanzadera entre Barcelona y Madrid. Así que la entrevista con él ha estado

sujeta a tal vaivén. Nos fuimos viendo en actos políticos, hubo que preparar iotas, hubo acuerdo,

dilasiones por los viajes, nueva y definitiva entrevista en su despacho en el paseo de Gracia, en una tarde,

que suponemos como las de siempre, muy ajetreada de teléfonos y visitas, en ocasión que, en Perpiñán, el

señor Tarradellas conversaba con otros políticos catalanes en pos de la creación de un organismo

colectivo asesor de la Presidencia de la Generalitat.

—Todos reclamamos la Generalitat y el regreso de su presidente—nos dice al respecto—y todos estamos

decididos a ir a las elecciones. No es ahí donde radica el problema, sino en el hecho de que varios

partidos —los demócratas cristianos de Unió Democrática de Catalunya, los socialistas del Partit

Socialista de Catalunya (Congrés), los comunistas del Partit Socialista Unificat de Catalunya,

nuestros dos partidos federados—Esquerra Democrática y Convergencia Democrática, y varios más—

opinamos que Cataluña debe negociar directamente con el Gobierno, pero también participar en la

negociación a nivel de Estado español, mientras que otros partidos, sobre todo los más radicales,

Movimiento Comunista de Catalunya, PTE, ORT, PSAN y PSAN provisional, Partit Comunista de

Unificado, etcétera, y también Esquerra Republicana, Front Nacional y los socialistas del Partit Socialista

de Catalunya (Reagrupament) —opinan que sólo se debe negociar diréctamente desde Cataluña. También

es cierto que algunos valoramos más que otros las elecciones como medio de conseguir la autonomía, y

creemos que algunos planteamientos pretendidamente -unitarios en realidad están produciendo división

precisamente en los sectores más genuinamente catalanistas. Pero vamos a hacer un esfuerzo para

ponernos de acuerdo y, sobre todo, para restablecer un clima de mutua comprensión. Confío que lo

conseguiremos.

Todos, malos vendedores

—Damos por supuesto y admitido que Cataluña volverá a disponer de gobierno propio, en régimen

autónomo dentro del Estado español. Hablando sinceramente, y usted lo sabe, la experiencia de 1932 no

se considera buena y además ha costado esos casi cuarenta años de marginación del "fet català".

Discúlpeme, pero los catalanes, con justificada fama de buenos vendedores, parecen fallar en la

presentación atractiva de una Cataluña autonoma dentro de la comunidad española. ¿Van a cambiarse los

métodos para hacer entender que la autonomía catalana no es contra España, sino para una mas racional y

justa organización del Estado español ?

—Me temo que todos somos malos vendedores. Tampoco la idea de España se ha vendido bien en

Cataluña. El resultado es que si bien pocos son los que realmente la rechazan, sobre muchos resbala.

Usted vive en Cataluña y lo sabe.

—(Encajo la pelota que me devuelve con la otra cara de la cuestión catalana, tema con el que podría

llenarse no esta entrevista, sino libros enteros. Pero sigamos, si le parece, con la imagen que desde

Cataluña se presenta de su autonomía.

—Mire, yo sé que no hacemos las cosas todo lo bien que debiéramos. Sé que debemos esforzamos, por

ejemplo, no sólo en no ser insolidarios, sino además en no parecerlo. Sé que no debemos encerrarnos.

Puedo alargar la lista, pero le aseguro que procuramos corregirlo. Aunque el esfuerzo debe ser mutuo. Lo

malo es que ni catalanes ni no catalanes nos damos cuenta cabal de nuestros fallos. Usted acaba de decir,

por ejemplo, que "la experiencia de 1932 no se considera buena". Discúlpeme, pero usted olvida que lo

qee no puede considerarse bueno no es sólo ni principalmente el Estatuí—la verdad es que en 1936 la

situación política y social de Cataluña era muchísimo más tranquila que en el resto de España—, sino la

experiencia española de los años 30. Xa cual, a su vez, era el resultado de varios decenios de inestabilidad

política y social, de desarrollo económico insuficiente y de tardía adaptación al tipo de sociedad moderna.

Discúlpeme usted, pero en más de un aspecto—y a la vista de los resultados—Cataluña funcionó, dentro

del conjunto español, mejor que el resto. No, el Estatut no fracasó. En 1936 fracasaron muchas cosas más

que el Estatut. En resumen: que nosotros tenemos que esforzarnos en presentar nuestro problema, en dejar

bien claro que no somos separatistas e insolidarios..., pero ustedes deben esforzarse en comprender de una

vez que sin respeto de la personalidad de Cataluña no son posibles ni un régimen de libertad política y

social ni una sociedad homologable en Europa. Yo procuro hacerlo comprender. Mi presencia en la

"comisión de los diez"—que en Cataluña me ha creado algún que otro problema—responde a esta política

de presencia y colaboración. Yo soy un nacionalista catalán, que vengo a defender los derechos de

Cataluña, pero también a contribuir a crear las bases de una España democrática.

La Generalitat

—Es perceptible que en relación a la autonomía hay dos posiciones en los grupos políticos catalanes:

unos ponen como condición previa el restablecimiento de la Generalitat, derogada en 1938, y el regreso

de su presidente en el exilio, señor Tarradellas, lo que no deja de tener, visto desde fuera, su aire de

"revancha"; otros están dispuestos a concurrir sin más a las elecciones para conseguir una mayoría

catalanista bastante para el restablecimiento de la Generalitat con el refrendo de la Cataluña de hoy.

Usted, como acaba de decirnos, forma parte del primer grupo, pero también valora las elecciones más que

otros de ese grupo. Me pregunto, es decir, le pregunto si el restablecer la Generalitat antes de las

elecciones no sería una complicación...

—No, no es complicado. En el fondo sólo se trata de recuperar para Cataluña un órgano de poder, un

órgano de gobierno, al cual hay que dar unas atribuciones, es decir, unas áreas de poder real. La

Generalitat es él órgano de gobierno tradicional de Cataluña. Existió y gobernó durante la Edad Media;

luego persistió con menor poder hasta 1714, y fue restablecida en ubrii de 1931, muchos meses antes de

que se implantara el Estatut, que no fue aprobado hasta septiembre de 1932. O sea, que este órgano de

gobierno disfrutó de grados distintos de soberanía y de poder; por ejemplo, en 1400, en 1700, en abril de

1931 y en octubre de 1932. Le digo esto para que comprenda que se puede disociar el Estatut—de 1932 o

cualquier otro—de la Generalitat. Lo que sucede es que en cada caso concreto hay que precisar su

contenido. La Generalitat conseguida por Macià el 17 de abril de 1931 no tuvo contenido oficial hasta

septiembre de 1932, aunque lo cierto es que el pacto con el Gobierno de la República, el prestigio de

Macià y los refrendos populares que obtuvo en abril, junio y agosto de 1931 le confirieron un poder real.

No se hizo nada en Cataluña de abril de 1931 a septiembre de 1932 sin contar con la Generalitat.

—Así, pues, cabe sin más la Generalitat descolgada del Estatut de 1931—que era republicano—, y eso

llevaría a una autonomía por etapas ¿ o de golpe ?

—Si de mí dependiese, de golpe. Cataluña está preparada para un amplio poder autónomo.

La autonomía

—Tan amplio como... ¿ Por dónde empezaría usted y hasta dónde llegaría?

—Reclamamos la oficialidad del catalán. En realidad reclamamos la cooficialidad, pues el castellano

seguiría siendo oficial. Reclamamos libertad en todo lo relativo a la política cultural. En el campo

concreto de la enseñanza postulamos la enseñanza en catalán (con clases de español) o en español (con

clases de catalán). Todos los catalanes deben conocer bien las dos lenguas. Pedimos—como en el Estatut

del 32—que la aplicación de las leyes del Estado corra a cargo del Gobierno de la Generalitat. Pedimos

que la política social (equipamiento, pensiones, vivienda, sanidad, transportes, colectivos, urbanismo, en

general infraestructura social) sea de competencia catalana, así como la ordenación del territorio. Creo

que puede haber acuerdo sobre todo esto. El punto más difícil es el económico. En este sentido el Estatut

de 1932 era muy negativo para Cataluña. Gonzalo Martínez Diez, de Alianza Popular de Castilla y de

León, que se ha especializado en combatir desde una perspectiva antiautonomista los conciertos

económicos con Navarra y el País Vasco, me decía recientemente que no podía criticar el Estatut del 32,

porque era desfavorable para los catalanes y lo era mucho realmente.

—Por ahí fuera se ha tenido por privilegiada a Cataluña, antes y ahora...

—Lo hemos estudiado bien partiendo de tres premisas: la de que actualmente Cataluña está muy

discriminada fiscalmente (más que por lo que paga, por lo que realmente recibe en contrapartida); la de

que no puede haber una autonomía sin Hacienda suficiente, pues sería un engaño, y la de que Cataluña

debe contribuir al desarrollo general español de acuerdo con lo que requiere su renta superior a la media

española. Es decir, nosotros sabemos muy bien que la relación de entradas y salidas fiscales debe sernos

desfavorable, pero también creemos que deben darse dos hechos que ahora no se dan: que no por ello

queden sin atender necesidades catalanas básicas—digo básicas— y que a través de un control

democrático y de una política no centralista se oriente la inversión general de España hacia la lucha contra

el desequilibrio territorial y el subdesarrollo y hacia el progreso social. Pensamos que si se cumplen estos

requisitos, el déficit catalán será menor, y el rendimiento político y social a escala española de nuestra

aportación, mucho mayor. Trías Fargas es quizá quien más a fondo ha tratado este tema; sus conclusiones

son que si actualmente de cada cien pesetas que Cataluña paga al fisco, sólo nos son devueltas cuarenta,

probablemente, sin grave perjuicio, podríamos recuperar hasta sesenta o setenta, a condición de que toda

la política hacendística del Estado variara. Sólo desde la perspectiva de un Gobierno autónomo se puede

actuar con eficacia.

Política de España

—El interés de Cataluña y de la autonomía catalana es que España vaya bien, decía usted antes. ¿Qué

medidas de política interior y de política exterior propiciaría desde el Gobierno de España ?

—Es muy importante que cuanto antes haya elecciones municipales. Digo esto porque a veces me ha

parecido notar en círculos próximos al Gobierno algo así como la intención de aplazarlas mucho. Sería

antidemocrático y producirla una situación inestable. Nos conviene acelerar al máximo el proceso de

normalización política, de creación de una nueva situación política, y esto requiere llevar hasta el fin todo

el proceso electoral: Congreso y Senado, municipio, Diputaciones. Y esperamos que también, en un plazo

no lejano, parlamentos autónomos.

La línea fundamental de la política exterior española debe ser Europa. Están, por supuesto, América del

Sur, los países árabes, etc..., pero lo fundamental es Europa. En cuanto a la política de bloques no hay que

hacerse ilusiones. La neutralidad en nuestro caso es una posibilidad irreal, y mientras Europa no llegue a

constituir una unidad política, económica, diplomática y militar, poco o mucho vamos a orbitar en el área

norteamericana. No nos entusiasma, pero las cosas son como son. En cualquier caso, estamos de acuerdo

con Berlinguer, que en el mes de junio declaró a "Il Corriere della Sera", defendiendo el mantenimiento

de Italia en la NATO, que era mejor esta opción que la otra—la del Pacto de Varsovia—, porque en esta

segunda el comunismo italiano no podía actuar con la la libertad con que puede actuar en un país de la

alianza occidental.

Las cosas no van tan mal...

—Usted es un político que sabe de finanzas. Aunque la política sea primordial, la precariedad de la

situación económica, con su escasez de inversiones, con el paro creciente y los millones de horas perdidas

en huelgas podrían impedir el desarrollo democrático. ¿ Qué medidas a corto y medio plazo propondría

para conjugar democracia y economía ?

—Es cierto que la economía no marcha bien. Que tenemos un endeudamiento exterior de trece-catorce

mil millones de dólares (y unas reservas de casi chico mil), que la cifra de paro ronda el millón, que la

inflación ha sido casi del veinte por ciento, la inversión del capital fijo es bajo... Sin embargo, yo creo que

las cosas no van tan mal como se suele decir, y creo también que la capacidad de recuperación sigue

siendo importante. Por otra parte, la confianza de las finanzas internacionales en España en este momento

es elevada. Es cierto que la situación se va deteriorando, y que puede llegar un momento que cueste

mucho salir del pozo. Pero ahora todavía podemos recomponer la situación, y bien, a condición de que las

principales fuerzas políticas, sociales y económicas del país nos pongamos de acuerdo." Yo podría ahora

proponer algunas medidas concretas, pero no serian muy eficaces si no se acompañaran de la

recuperación de la confianza, y esto no se producirá hasta después de las elecciones y de que el país vea

claramente que hay un acuerdo mínimo entre las fuerzas principales del país.

Un pacto así puede asegurar el desarrollo económico del país en general y de las empresas en particular,

pero comportará contrapartidas importantes. Comportará una cierta redistribución de la riqueza y del

poder. Por lo menos comportará unos planteamientos sociales, económicos y empresariales algo distintos.

Y no se pasme si un día ve que algunos partidos de izquierda postulan la amnistía fiscal y la amnistía para

los capitales evadidos y repatriados. Habrá que empezar sobre bases nuevas, y esto será posible si entre

todos creamos confianza. Sobre bases nuevas y en ciertos aspectos de mayor exigencia. Pero olvidando el

pasado.

—Entre tanto, ¿devaluación o no ?

—Creo que el interés del país pasa por resistir lo más posible a la decisión de devaluar. Sólo si la

especulación contra la peseta se hace insoportable, naturalmente habrá que devaluar o, si se prefiere, dejar

caer el cambio. Si los que reclaman la devaluación lo hacen en términos del déficit de nuestra balanza

comercial, no deben olvidar, como lo demostró la última devaluación de la peseta en febrero de 1976, que

la misma debe ir acompañada de un programa de estabilización, so pena de ser ineficaz cuando no

contraproducente. El reciente programa económico del Gobierno no puede calificarse de estabilizador,

por lo que creo que poco encaja en el mismo la devaluación de la peseta, a menos, como ha dicho, que sea

inevitable. Sería de todas formas, caso de tener que hacerse, un inconveniente más para el objetivo de

frenar la inflación.

Manuel Vigil y Vázquez

 

< Volver