Protagonistas. 
 Fraga Iribarne: entre la asociación y el clúb político     
 
 Informaciones.    03/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Fraga Iribarne:

Entre la asociación y el club político

CUANDO hace pocos meses estallaron las primeras ruidosas andanadas de la batalla asociacionista, todas

las circunstancias aparentes señalaban a nuestro nombre en Londres como uno de los protagonistas

mayores del juego. Y hubo, naturalmente, una saludable división de opiniones sobre la vocación

participante de don Manuel. Como en pocas ocasiones, el ejercicio del contraste de pareceres alcanzó

cotas de consumada dialéctica. Unos llegaron a decir que una coalición del ex ministro con hombres

como Silva y Areilza era lo que necesitaba el pueblo español; otros escribieron que la "salida Fraga"

podría ser incluso un retroceso. El caso fue que el señor Fraga Iribarne, con sueños previos de centro

político en maridaje con una socialdemocracia reformista (nomenclatura nada fácil de digerir), viajó de la

capital británica a Madrid, el pasado día 14 de febrero, con les mejores ánimos. Horas después, don

Manuel se reunió, en sesión de trabajo, con sus colaboradores íntimos para hablar dei futuro común.

Aquella jornada —y por última vez— casi todos los periódicos profetizaron que, superadas dificultades y

allanadas incomprensiones, Fraga iba a asociarse. El desenlace no habrá sido olvidado. Tan

descorazonador fue, que muchos temieron un fatal destino para las fórmulas asociacionistas propugnadas

por el Gobierno Arias.

Han pasado tres meses y las dudas de don Manuel ya se han despejado. Todo indica que su compromiso

con el Estatuto de Asociación Política parece más remoto que nunca. A los ojos de buen número de

españoles (los moderados que son y serán), esta ausencia del señor Fraga Iribarne es casi un drama,

porque, a fin de cuentas —dicen—, el embajador no es un apóstol de la revolución, aunque haya hecho

suyos, como aspiración (base mínima para marchar hacia adelante), algunos tabúes de antaño: reforma

constitucional, sufragio universal, sindicatos más europeos, etc. ¿Cómo explicar a esos españoles las

razones que han impulsado al embajador y a sus amigos a no pasarse por las oficinas del Consejo

Nacional? La más reciente escapada de don Manuel a Barcelona y Madrid, la semana última, constituye

un buen indicador de su actitud. Durante su corta estancia en la Ciudad Condal dispuso de tiempo

bastante para exteriorizar su pesimismo y mostrarse, en efecto, muy preocupado por el momento actual.

Eso sí: en el curso de la presentación de su libro "Las leyes", el señor Fraga preconizó el retorno a una

normativa que proporcione un mínimo de estabilidad y un máximo de justicia y de oportunidades para

todos, en base a tres condiciones: reforma política, entendimiento social y elegancia jurídica. Dicen que

ahora el señor embajador está decidido a promocionar un club político. No se trata de responder a

nostalgias asociacionistas con soluciones más o menos airosas, porque don Manuel —según opinión

generalizada a ciertos niveles— es hombre políticamente joven y, por tanto, con futuro. ¿Será entonces

que nuestro embajador en Londres, como el excursionista sorprendido por la lluvia, busca un cobijo (claro

que incómodo y estrecho) hasta que amaine la tormenta?

3 de mayo de 1975

 

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