Autor: Vigil y Vázquez, Manuel. 
 Cataluña y la autonomía (II). 
 Un nuevo estatuto fundado en la regionalización de España, opinan Cruylles, Udina y Giménez Artigues     
 
 Ya.    06/04/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

INFORMACIÓN NACIONAL

6-IV-77

y a-Pag. 14

Cataluña y la autonomía (II)

UN NUEVO ESTATUTO FUNDADO en la regionalización de España, opinan Cruylles, Udina y

Giménez Artigues

La Generalidad, el Parlamento Catalán y el Tribunal de Casación deben ser, sin embargo, restaurados,

demandan Serrahima, Benet, Millet y Bel, Cañellas, Trías Fargas y Roda • Ninguno alude a! recién

creado Consejo General de Cataluña

DE propio Intento eludimos en las preguntas del cuestionario sobre la autonomía de Cataluña el concepto

tan preciso que la motivaba, el Contejo General de Cataluña, decretado por el Gobierno para encauzar el

proyecto de autonomía para Cataluña, frente a la propuesta "continuista" de los partidos de "obediencia

catalana" postulantes del restablecimiento del Estatuto de 1932, si no en la letra, al menos en sus

Instituciones. Sustituimos ese ooncepto por el de autonomía da nueva implantación. Tampoeo hacíamos

mención expresa de la generalidad, sino que nos referíamos genéricamente al Organismo Autónomo da

Cataluña, Y éste es el primer resultado de la encuesta. Las respuestas de nuestros amables y atentos

consultores suman más de siete mil palabras, lo que sin títulos "de cabecera y de apartados llena ocho

columnas de este periódico. Pues bien: ni una sola vez «parece entre ellas e1 concepto de Consejo

General de Cataluña. Pese a la distinta significación da cada opinante, unanimidad completa en eludir al

nuevo Instrumento erigido para vía al régimen autónomo.

Pero sí que son favorables a fe "nueva implantación" cinco de los consultores, en tanto que los cuatro

restantes serían más partidarios del "restablecimiento". La Generalidad es citada por cuatro, pero sólo uno

nombra si señor Tarradellas como titular de la misma.

Con la primera pregunta, la viabilidad de una "nueva Implantación" de la autonomía, se liga

estrechamente la segunda, sobre ¡a validez actual que, en caeo contrario, se le concede al Estatuto de

1932. Cinco respuestas defienden que ha de ser tenido en cuenta, con distintas matizaciones, aquel

Estatuto, pero sin que la autonomía de hoy tenga que estar enmarcada por aquel texto, dado lo distinto de

la situación entre 1932 y 1977; de éstas, tres apuntan a un plebiscito para refrendar el nuevo Estatuto. Una

respuesta plenamente afirmativa para la validez del Estatuto de 1932, con las correcciones que aconseja el

tiempo transcurrido, y tres respuestas que rechazan de plano aquel Estatuto. Parecería que de acuerdo con

lag respuestas a. la primera pregunta, cinco favorable a un Estatuto nuevo y cuatro por 81

restablecimiento del antiguo, en la segunda, sobre la validez de éste, cinco deberían ser negativas y serie

sólo favorables las cuatro en pro del restablecimiento. La contradicción resultante es consecuencia de lo

complejo de la cuestión, de su variedad de matices, y por eso se hizo esta segunda pregunta, que podría, a

primera vista, parecer superfina. Pero véase lo más distintivo de cada una de las respuestas a ambas

cuestiones.

AUTONOMÍA DE NUEVA IMPLANTACIÓN

I Partimos da un dato esencial: La autonomía de Catalunya es necesaria e irrenunciable. ¿Es posible una

autonomía de´nueva implantación?

SANTIAGO DE CRUYLLES

(Independiente). — ¿Qué se entiende por "autonomía de nueva implantación"? Emplazo por no aceptar el

"dato esencial" de qus la autonomía de Catalunya sea necesaria e irrenunciable. La creo muy conveniente

no sólo para lo-s catalanes, sino para todos loa españolas, porque la autonomía favorece ahora al

ciudadano—o sea, el pueblo—. Pongo en duda e! "dato esencial", pues en otros momentos no ha sido

necesariamente así. Es posible, e incluso necesaria, una autonomía de nueva implantación, pues los que

hasta ahora ha tenido Catalunya no sirven para el momento actual. JOSEP BENET (Assemblea de

Catalunya).—Creo qus no sólo es posible, sino que, además, es imprescindible que se implante, sí se

quiere resolver pacíficamente e1 problema de la convivencia fraterna entre loa pueblos que Integran el

Estado español. Por dos veces en lo que va de siglo se ha intentado acabar con la personalidad racional de

Catalunya mediante la violencia: durante la dictadura del general Primo de Rivera y durante los cuarenta

años del régimen del general Franco. Pero ambos Intentos han fracasado. La cuestión catalana hoy se

plantea con mayor fuerza que nunca. Y hay que darle solución. La solución puede encontrarse en la

fórmula autonómica.

SANTIAGO UDINA (presidente de Unió Catalana). — Que la autonomía de Catalunya lia de ser de

nueva implantación es evidente, porque, no está Implantada. Para mí. lo Importante se la regionalización

de España y la regionalización del Reino y del Estado. Y esto sólo se puede obtener mediante la

autonomía basada en la Constitución.

FERRAN GIMÉNEZ ARTIGUES (Catalonía,).—-Lo reali mente necesario e indispsnsable es dar a ios

pueblos de España una estructuración política que responda a su realidad social. La fórmula unitaria y

centralista no ha servido para eliminar unas peculiaridades que por sí mismas no producirían tensiones. Se

trata de estructurar un futuro en base al reconocimiento de lo que realmente es, De ahí que contestando su

pregunta estimemos que una nueva implantación no sólo es posible, sino lo más conveniente.

FREDBRIC RODA (social demócrata). — Toda autonomía que venga a Catalunya—que vendrá—será de

nueva implantación en términos legales y estrictos. En términos historióos no podrá prescindirse del

antecedente del Estatuto del 32. Es muy complejo y lento el andamiaje administrativo que debe ponerse

en pie. Desde entonces han surgido nuevas competencias y se ha trastocado el valor de esfera de

autoridad.

SALVADOR MILLET BEL (Lliga de Catalunya).—Una autonomía de nueva implantacón nos parece

perfectamente posible, aunque mas difícil que una autonomía restaurada. Este es e1 motivo por el cual

defendemos ja conveniencia de derogar el decreto de 5 de abril de 1938, que suprimió las instituciones

públicas de Catalunya creadas en virtud del Estatuto de 1932. Una disposición de este tipo permitiría que,

a partir de dicho texto lega,!, se pasara ni cho cho texto legal, se para mucho más fácilmente que

partiendo de cero a un régimen autonómico adaptado a las necesidades y a las circunstancias actuales.

ANTÓN CAÑELLAS (Unió Democratica de Catalunya).—

En efecto, Ja, autonomía de Catalunya, es necesaria a irrenunciable: es una exigencia. En cuanto a la

posibilidad de una autonomía de nueva Implantación, nuestra actitud es bien clara. El Estatuto de 1932

desapareció de nuestro derecho positivo en el año 1939, por las causas de todos sabidas y conocidas.

Entendemos, por tentó, que la restitución de instituciones y competencias, que la recuperación de

atribuciones autonómicas, debe situarse, al menos, a partir del contenido del Estatuto de 1932. Entiéndase

bien que al hablar de contenido desearíamos aludir al nivel mínimo de atribuciones Que poseía la

Generalitat, na exactamente a la reinstauraclón de un articulado que después de cuarenta y cinco años es

obviamente obsoleto.

RAMÓN TRIAS FARGAS (Esquerra Democrátíca de Catalunya.).—Yo creo que las instituciones

seculares, corno son la Generalitat, su presidencia, el Consell e1 Parlamento de Catalunya y sus tribunales

deben ser preservadas y necesitan cierta continuidad en la forma. El estatuto del 32 es algo que no

comparte esta vigencia de siglos y que hoy en día ya queda superado, Por consiguiente, podría

establecerse de nuevo, adaptándolo a la situación actual. En cuanto al señor Tarradellas, creemos que

debe venir a entregar la Generalitat, precisamente para cumplir con el requisito de continuidad. Pero una

vez entregada la Genaralitat a las primeras personas que tengan representatividad electoral, el señor

Tarradellas debe sesar en su cargo sin haber realizado ningún acto de gobierno.

MAURICI SERRAHIMA (escritor demócrata cristiano).—No se trata de una nueva implantación de la

autonomía, sino de su restablecimiento. Cataluña gozó, a partir del fallecimiento de Fernando el Católico,

de una autonomía muy amplia—mucho más que 3a de 1932—, y que duró más de dos siglos; es decir,

hasta que, en 1714, le fue arrebatada por Felipe V, por "derecho de conquista", según él mismo afirmó. Es

un hecho comprobado que, posteriormente, y en numerosas ocasiones, Cataluña demostró su deseo de

recuperarla, y ello a partir de mediados del siglo XIX. Obtenida la autonomía en unos nuevos términos

con el estatuto de 1932, ]o fue arrebatada de nuevo en 1939 por los mismos medios que la otra vez.

EL ESTATUTO DE 1932

2 Si la autonomía de Catalunya tiene que depender del condicionamiento de1 Estatut de 1932, ¿qué

validez democrática daría usted a las votaciones de aquellos años ante una realidad demográfica y social

como la de la Catalunya actual, con notorias diferencias con la de entonces?

SERRAHIMA.—La autonomía no eg un hecho nuevo cuya legitimidad democrática quepa dis cutir, sino

tan sólo el restablecimiento de una situación que es legítima por sí misma. Ello sin perjuicio de que, al

realizarse pueda tomar en ciertos aspectos formas concretas más perfectas y más adecuadas alas

necesidades de los tiempos actuales.

BENET.—En realidad, 3o que pide la mayoría de partidos catalanes, en el momento actual, es el

restablecimiento provisional de las instituciones y principios configurados en el Estatuto de 1932, como

vía para llegar al pleno ejercicio del derecho de autodeterminación por si pueblo catalán. Así consta en e¡

punto tercero ds] programa de la Assemblea de Catalunya.

Una vez devueltas al pueblo catalán la instituciones autonómicas, este pueblo, en su composición actual,

debería poder elegir un parlamento catalán que tuviera como misión redactar un nuevo proyecto da

Estatuto de Autonomía para qua fuera aprobado, mediante plebiscito, por el pueblo de Cataluña y,

posteriormente, por las Cortes Españolas.

MILLET.—No tendría ningún inconveniente en que el texto del nuevo Estatuto de Autonomía se

sometiera a referéndum de todos los ciudadanos españoles—catalanes o no—residentes en Cataluña, Mi

criterio es el de que ¡os inmigrados de otras regiones españoles establecidos en Cataluña serian los más

acérrimos defensores del Estatuto.

CABELLAS.—La validez democrática del Estatuto de 1932 es inatacable. Otra cosa es la afirmación

rigurosamente cierta de qua el cuerpo social de Catalunya es distinto cuantitativamente y cualitativamente

al de 1932. No es menos cierto que do haber seguido vigente y en uso el Estatuto de 1932, el cuerpo

social de Catalunya tampoco seria cualitativamente el qua e«. Nuestros inmigrados hubieran tenido

mejores prestaciones sociales y culturales y, en definitiva, el país que eligieron les hubiera acogido de una

manera más racional y más sólida. Estamos convencidos de que el autogobierno de Catalunya será de_

nuevO, si se requiere, ampliamente plebiscitado por el pueblo en 1977 o inmediatamente después.

TRIAS FARGAS.—Las votaciones de los años treinta no tendrán, a mi Juicio, más valor que el de un

antecedente capaz de Informar las elecciones actuales, únicas válidas.

RODA.—Me parece evidente, y eso es lo que pedimos al Rey y al Gobierno, que, respecto al fundamento

de aquel Estatuto, den un contragolpe de Estado compensatorio del dado el 38, Pero dudo mucho que

entre Madrid y Catalunya haya identidad de criterios. Por eso, la alternativa de . negociación ma parece

plausible, pero sólo como alternativa.

CRUYLLES.—Conviene recon dar que Luga Catalana—partido minoritario más importante—no

participó en la redacción del Estatuto de 1932, que, por tanto, fue una obra partidista. De haber seguido

vigente habría sido necesario modificarlo para adaptarlo a la realidad demográfica y social de la

Catalunya de hoy. A ello hay que añadir que el concepo de gran unidad económica ha variado desde que

se creó la CEE, y es impensable que la industria catalana tuviera como futuro de su mercado sólo el

territorio de Catalunya, Esta sola consideración !o haría ínviable, además del republicanismo de ese

Estatúto.

GIMÉNEZ ARTIGUES. — A ningún pueblo, y menos cuando se camina hacia un régimen democrático,

se le pueden imponer unas normas por e1 hecho de que antaño hubiesen sido plenamente válidas, pues

por el mero hecho desu imposición carecerían de validez, y además hoy carecerían de eíicacia. A los

pueblos, como a las personas, hay que darles, junto con el reconocimiento de eus derechos y de eu

libertad, medios para ejercitarla, y el Estatuto de 1932, sin una regulación económica (que tendría que ser

de nueva implantación), no sería un reconoeimento de derechos, sino una burla de ¡os mismos.

ÜDINA.—De la misma forma que en 1931, cuando la República, no fue derogado el decreto de nueva

planta (de Felipe V), sino que se proveyó a un sistema constitucional de autonomías políticae regionales,

procede ahora plantear la reforma constitucional en las nuevas Cortes.

Manuel VIGIL Y VÁZQUEZ

E] primer artículo de esta serie se publicó en el número de YA de 5-IV-77.

 

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