Autor: Freijanes, Víctor F.. 
   Fraga en tres tiempos  :   
 Manuel Milán Mestre: Fraga Iribarne: retrato en tres tiempos. Ed. Diroa. 
 Informaciones.    06/09/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

FRAGA, EN TRES TIEMPOS

Manuel Milán Mestre: «Fraga Iribarne: retrato en tres tiempos». Ed. Diroa.

FRAGA como opción y, al mismo tiempo, directa e indirectamente, Fraga como balance, vista atrás,

saldo de cuentas de una ya larga y decisiva gestión en la política española de los últimos quince años (por

lo menos). El libro es en sí un homenaje personal, una vía de conocimiento y, como asegura Gabriel

Cisneros, un servicio militante.

Así las cosas, nos hallamos ante la larga exposición de un pensamiento y una trayectoria política

desarrollada en la línea del reportaje, el recuento histórico, a veces la anécdota precisa, definitoria, largas

conversaciones a magnetófono abierto. En el umbral del cambio y con la experiencia de una larga y

principalísima trayectoria en la política española de los últimos años. Fraga adquiere en estos momentos

una significación definitiva, al margen de la actualidad de las últimas semanas. En buena lógica política,

Fraga debe aglutinar uno de los sectores más importantes y numerosos del actual sistema: el centro y la

llamada «derecha inteligente» con los ojos puestos en una situación de mccrática y parlamentaria.

Desde las primeras incursiones en la política activa en 1953 de la mano de Ruiz-Giménez («cuando Fraga

comprendió que la política es algo más que tecnocracia...») a la embajada londinense de ahora (y ya por

poco tiempo) han sucedido muchas cosas, ha transcurrido una década decisiva: la de los sesenta, los años

del desarrollo, el >(boom» turístico, la ley de Prensa, Matesa, el Opus Dei, la escalada del consumo, la

sucesión en la persona de Juan Carlos, intentos de apertura, cierres, el diario ((Madrid», la necesidad de

encontrar una nueva imagen de España en el exterior, los primeros roces con la Iglesia, los intelectuales...

hay una larga nómina a la que el político no se sustrae, sino que enjuicia, matiza con el autor, hace

examen de conciencia, colabora en la crónica.

¿Qué pasó en Matesa, por ejemplo? «Visto desde el Gobierno —explica Fraga fue un fallo grave de dos

Departamentos, el de Hacienda y el de Comercio, en con trolar un asunto (...). Pero lo gra ve para mí no

fue eso; fue que, cuando ya el asunto estaba claro, durante cierto tiempo se quiso negar la evidencia, que

luego se vio, en fin, y se quiso cubrir sin querer dar cuenta al Gobierno de lo que pasaba. Y ahí es donde a

mi juicio empezó la política (...).» ¿Es esto lo que hace saltar la espoleta de aquella crisis de 1969? La

cuestión de Guinea, la división que en el seno del equipo ministerial desató la ley de Asociaciones,

Matesa, ciertas luchas de los grupos de presión... todo actuó de catalizador. Todo ello ha dejado en Fraga

una larga experiencia largo tiempo meditada y un equipo de colaboradores y seguidores del que asegura

sentirse orgulloso. Puede hablarse cada vez más, de un amplia sectorFraga.

Dos aspectos fundamentales hay que señalar en el libro de Milián: el que se refiere al recuento de los

sucesos políticos más significativos de la década de los sesenta contando con el testigo de excepción que

es el retratado) y el que aborda el pensamiento político de Fraga. Se maneja el juicio ¿el embajador sobre

temas palpitantes, como la ley de Prensa, la sucesión o el futuro, el testimonio de lo vivido y

protagonizado, además de la adhesión, prácticamente incondicional, del cronista.

((La primera preocupación que tuve al hacer la ley de Prensa —explica Fraga (página 168)— es, y se

lo dije al Jefe del Estado, recién aprobada, la conveniencia de que la aplicase otro, porque sabía que el

primero que aplicase una ley tan nueva suprimiendo la censura, tendría que hacerlo no con dureza y

rigidez (...), pero sí desde luego con una enorme prudencia para dirigir desde la ley una estrategia en el

cambio que la hiciese aceptable e impedir que fuese derogada por una reacción.»

Este temor a la «(reacción» preside constantemente aquella labor liberalizadora dentro del Gobierno que

se constituyó en 1962. «Yo estaba en el extremo del ala que se movía», explica al cronista. Subrayemos,

pues, los términos astucia, posibilismo, prudencia y reforma a la hora de definir la estrategia política de

Fraga. Camino de El Pardo, cuando acudía a la cita en la que sabía que le iban a proponer el Ministerio de

Información, cuenta el cronista que hizo detener el automóvil a la orilla de la vMrretera, junto a un

bosque, echó pie a tierra e inició un largo paseo de aclaración de posturas para consigo mismo. Había que

tomar una decisión; la de una nueva imagen, la liberalización, la sucesión. Los primeros enfrentamientos

dentro del Gobierno fueron con el ala más conservadora que polarizaba el almirante Carrero Blanco:

alusiones veladas, alusiones abiertas, discusiones, «los cuchillos sobre la mesa.» y la crisis definitiva.

En medio de todo, la historia de un país que, al aire del desarrollo y a la sombra de los tecnócratas,

buscaba nuevas señas de identidad.

¿Qué son los ((equipos Fraga»? «Una sólida presencia de quienes sin alharacas ocupan su tiempo en el

trabajo. Entienden ante todo que hay que potenciar un espíritu de servicio al país. Esto lo aprendieron del

propio Fraga.» Las últimas páginas, sin disimulos, son el canto al político que ofrece un programa

concreto un día de febrero de 1975, «cuando ya había optado por la negativa a las asociaciones». ¿Quiere

usted participar?

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