Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Los funcionarios sindicales llegaron a golpear las puertas del despacho ministerial. 
 La legalización de las centrales y el 1º de mayo, bajo la lupa del miedo     
 
 El Correo Catalán.    01/05/1977.  Página: 1, 48. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

MADRID

L. CONTRERAS

La legalización de las centrales y el 1.° de mayo, bajo la lupa del miedo

Con el regreso del presidente Suárez, el primero de mayo «prohibido» y las previsiones oficiales (entre

ellas el Consejo de Ministros del martes), la nueva semana mantiene el voltaje político de los últimos

días. El señor Suárez llegó a Barajas, recibió una carpeta del ministro de ta Gobernación y tomó la di-

rección de La Moncloa, acompañado por el vicepresidente militar, teniente general Gutiérrez Mellado. A

estas alturas tendrá ya informado al Rey de los «secretos» de su viaje americano. En Madrid se habla de

espaldarazo a su política, se comentan las posibilidades económicas del encuentro con Carter y se alude a

la presencia del gobernador del Banco de España en los Estados Unidos.

Con este temario movilizado y con (a perspectiva del discurso de Suárez la actualidad puede tener de

inmediato un predominio de acentos oficiales si hoy no encuentra derivaciones demasiado lamentables la

celebración de (a Fiesta del Trabajo. Las prohibiciones de mítines y actos han contribuida a cargar el

ambiente, justo cuando las primeras centrales sindicales se legalizaban. Aquilino Zapata, miembro de la

ejecutiva de USO, ha declarado a un periódico madrileño que «la legalización de las centrales no

significa: absolutamente nada si a la vez no se le permite, como asi ha ocurrido con los actos del 1 de

mayo, la acción normal y pacífica que los sindicatos democráticos reclaman...»: Y Xavier Cassas,

secretario generat del SOC, ha dicho: «Somos conscientes de las limitaciones que condicionan los

gobiernos procedentes del franquismo no puede pretenderse una actuación auténticamente democrática de

quienes se presentan como demócratas hace apenas dos años». Cabe señalar, ante el hecho de las

prohibiciones, que el Gobierno mantiene su política de limitar riesgos de desórdenes especialmente

graves antes de las elecciones. Está por demostrar que de-sautorizando reuniones y actos públicos se

contribuya a esa tranquilidad pretendida. El caso es que la autoridad gubernativa se ha cerrado en banda,

aunque quepa esperar que la fuerza pública recibe instrucciones racionales. Evidentemente,, hay miedo.

«No jugar con fuego», «todo está pendiente de un hilo», proclamaba «Ya» en su editorial de ayer. A favor

de la «cautela gubernativa» se mostraba igualmente «ABC». En los medios políticos y periodísticos se ha

dicho que la prohibición de los actos previstos el 1 de mayo pudo responder a una presión de

determinados ministros. Pero no faltaron interpretaciones en el sentido de que un primero de mayo con

grandes concentraciones populares ordenadas y pacíficas podía ser «demasiado cartel» de prestigio pera

una izquierda que el llamado «voto del miedo» (no lo capitaliza únicamente Alianza Popular) desea

mantener por debajo de sus posibilidades. La legalización de las centrales sindicales motivó el pasado

viernes una auténtica conmoción entre los funcionarios de la CNS, temerosos de que aquéllas se

desentiendan de su problema específico. Los iras de estos funcionarios sindicales iban dirigidas contra el

ministro Enrique de la Mata, dado que la situación es muy precaria para ellos. Aspiraban a que se dictasen

medidas satisfactorias para su seguridad laboral antes de las elecciones, pero dichas medidas no han

llegado ni tienen visos de aparecer. Los ánimos se calentaron y unos cuatrocientos funcionarios, tras

asistir a una asamblea, se concentraron en los pasillos inmediatos al despacho del ministro, a quien

dirigieron desde fuera no pocos imporperios. Incluso llegaron a golpear las puertas. Enrique de la Mata

prometió entonces; a través de un «mensajero», reunirse con los manifestantes pero acabó dándoles

«plantón».

En otro plano político, el interés sigue relativamente atraído por las vicisitudes del centro, ahora más que

nunca afectado por las intrigas de altura. Conocidas sus fragmentaciones, resta saber en qué medida estas

formaciones y alianzas se verán influidas por la Unión del Centro que Adolfo Suárez prepara, es decir,

cómo se operarán los «trasvases» del centro preexistente al centro nuevo, cómo logrará el Poder situar a

sus «portavoces» en las distintas provincias, y, en resumidas cuentas, cuál será el desenlace de la

encrespada y hasta ahora invisible batalla. Este desenlace, según los expertos, es menos problemático en

Madrid que en otras circunscripciones. Los partidos, de momento, no tienen prisa en formalízar sus

candidaturas. Cuando hable Suárez ya será, probablemente, otra cosa. El presidente tiene en su manga

política medio centenar de nombres, o quizá más, para abordar la operación electoral que fe dará los

escaños que su politice precisa en el Congreso y en el Senado.

 

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