Autor: Crespo García, Pedro. 
   El no de Fraga     
 
 ABC.    26/08/1975.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

RTES. 26 »E AGOSTO DE 1975. PAG. 7.

El no de Fraga

n EXPECTACIÓN.—El fin de semana tuvo a la clase política pendiente —en su éxodo, tras el Consejo

de La Coruña— de la anunciada entrevista, en alta mar, del ministro secretario general del Movimiento,

don José Solís, con el embajador en Londres, don Manuel Fraga. Se especulaba con el éxito del señor

Solís en su intento de atraer al redil asociativo al señor Fraga. Y esta suposición alcanzaba niveles de

cierta verosimilitud al sesgo de los acontecimientos de las pasadas semanas, incluyendo en ellos, con

especial relieve, Ia visita de nuestro representante en la Corte de San Jaime al Pazo de Meirás. Las

acciones de Fedisa habían experimentado una baja espectacular en la cotización poli tica.

La expectación se centraba, en síntesis, en la postura del señor Fraga en la reunión de Fedisa en Santiago

de Compostela. En si intentaría convencerles de que participasen con arreglo al cauce asociativo o en si se

retiraría dando un portazo.

L] COMUNICADO.—La presencia, minutos antes de las once, de Fraga Iribarne en el hostal de los

Reyes Católicos mantenía las espadas en alto. Pero cuando, ocho horas y media después —con el

intermedio de un almuerzo «de trabajo»—, el Consejo de Fedisa hizo público su comunicado, todos

entendieron que su filo había ido a caer sobre los supuestos lazos que unían a nuestro activo embajador en

Londres con el movimiento asociativo. Fedisa y Fraga, como un miembro destacado de la misma, había

dedicado un no rotundo a las Asociaciones. Había manifestado que buscaba «la alternativa democrática

como respuesta a un sistema autoritario», y que los próximos estudios que la sociedad iba a comenzar

versarían sobre los temas de la sucesión en la Jefatura del Estado, de la reforma constitucional, de los

caminos de la participación política y de la reforma sindical

Q BOMBA.—Sin la presencia —y la firma— de don Manuel Fraga, los acuerdos de Fedisa, colofón de

unos días de protagonismo gallego en la política nacional, carecerían de la espectacularidad que tienen,

habrían visto reducido su impacto en la opinión. No serían la «bomba» en que se han convertido. El «no»

de Fraga contradice los cálculos optimistas de don José Solís, sorprendentemente manifestados a cuatro

periodistas en La Coruña, en improvisada y breve rueda de Prensa, y coloca al primero en una postura

disidente y activa

No resulta extraño que, ai tiempo, sepamos que, de forma definitiva, don Manuel Fraga viajará el

próximo día 28 a Londres, para recoger sus papeles y que el 4 de octubre abrirá en Madrid su despacho

político.

r] REZO.—Fedisa celebrará otro Consejo en septiembre, y en los días que quedan de agosto ordenará

toda su documentación, especialmente en cuanto a ratificaciones de titularidad de las acciones se refiere.

Pero todo esto es anécdota; lo fundamental reside en la aclaración que de su postura ha realizado el señor

Fraga. Si él era, hasta ayer, la «medida asociativa», habrá que ir pensando en buscar otra más asequible a

los condicionantes impuestos por el reglamento.

La sorpresa del país ha venido dada por el continuado silencio de Fraga, por su voz comunal, quizá mejor

coral, en una tierra —que es la suya— tan dada a los misterios y a los coros, y por su salutación —y

despedida— a los infor madores que le abordaron, a la salida de la reunión: «Voy a la catedral a rezar,

que buena falta nos hace.» Algún día el señor Fraga podrá contarnos —sí para entonces sigue interesando

al país— cuántas horas durmió en la noche del domingo 24 al lunes 25.—Pedro CRESPO

 

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