Autor: Andrés-Gallego, José. 
   Como hace ciento siete años     
 
 Ya.    24/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Como hace ciento siete años...

NO serán pocos los que en estos momentos (escribo a las ocho de la tarde del 23

de febrero) hayan recordado que en otro invierno, hace ahora ciento siete años,

otros miembros de las Fuerzas Armadas ocuparon las Cortes cuando Eduardo Palanca

iba a.ser elegido presidente de la República.

La efeméride no es honrosa. El militar que inspiraba el golpe de Estado —Pavía,

capitán general de Madrid en aquellos días— procedió a reunir a destacados

militares y políticos (Sagasta, Cánovas, entre otros), y entre la.mayoría

(Cánovas se retiró) dieron en constituir un sistema político distinto, que no

era dictadura, pero que había dejado de ser democracia. Se impuso el criterio de

confiar el poder ejecutivo al general Serrano, y éste designó nuevo presidente

del Consejo de Ministros en la persona del general Zabala.

En estos momentos de preocupación no pretendo recontar aquella historia. Pero me

llaman la atención dos detalles: uno, que el Estado llevaba más de cinco años

empeñado en afirmar la democracia en el clima que contribuían a crear tres

guerras (la carlista, la cubana y desde 1873 la cantonal); otro, que, como se

acaba de ver, los políticos dieron su aquiescencia a lo sucedido sin dudarlo

excesivamente." De forma implícita confesaron su incapacidad.

Hace hora y media, según me dicen, fuerzas de orden publico y del Ejército han

tenido el honor lamentable de repetir la historia. Y ahora se añade que el

general Miláns del Bosch —apellido de guerrillero heroico en la guerra de la

Independencia, además conspirador liberal—, se ha hecho con el poder en

Valencia.

Por si mañana no lo puedo decir, quiero dejar escrito ahora que, por mi oficio,

llevo algunos años intentando entender la historia de los hombres; que —hasta

ahora desde una perspectiva un poco demasiado intelectual, afortunadamente— me

molestaba hallar el sinfín de semejanzas que hay entre la inestabilidad política

de la .democracia española anterior a 1939 y la «balcanización» permanente de la

Europa meridional durante todo el primer tercio de nuestro siglo; que hoy, y en

este momento, siento una enorme vergüenza de que las cosas continúen sucediendo

del mismo modo.

Hay tres cosas que intento inculcar a mis hijos (tengo diez) y que pretendo

vivir yo mismo: que sean intensa y profundamente conscientes de todo lo que hay

de trascendencia en el hombre, que aprendan a vivir con esa conciencia en un

mundo libre y que toda su vida sea un esfuerzo para hacerlo mejor.

Al margen de que lo que ocurre en estos momentos se convierta o no en una

situación permanente, siento vergüenza de tener que decir algún día que en 1981

sucedió en España lo que venía sucediendo desde 1833.

Y siento cierta rabia al ver que los que tienen la fuerza no siempre saben

mantenerla supeditada a quien sé la da (que son y no pueden ser más que los

representantes de los españoles); al ver que eso se explica, en parte, porque

los políticos españoles no son capaces de supeditar sus propios intereses a los

de sus subditos; que la sociedad española, en fin, no da (no damos), hoy por

hoy, más de sí. Hablando de Franco, Churchill nos recordó que los pueblos tienen

los gobernantes que se merecen.

Me rebelo contra la idea de que éstos sean nuestro únicos merecimientos; seguiré

rebelándome (a mi estilo y en mi oficio: trabajando, enseñando y aprendiendo).

Pero me da vergüenza que aún estemos aquí. El sábado, en un rincón de Roma, un

romano me formulaba la sempiterna pregunta de si los españoles nos acordábamos

de la dictadura; yo le había dicho que no.

José ANDRÉS-GALLEGO

Catedrático de Historia Contemporánea

 

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