Cuatro horas después del asalto. 
 Tejero afirmó: Cuatro Regiones Militares aceptaban a Milans como presidente     
 
 ABC.    16/08/1981.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 47. 

8/ABC

NACIONAL

DOMINGO 16-8-81

Informe de la Mesa del Congreso sobre el 23-F

Cuatro horas después del asalto

Tejero afirmó: «Cuatro Regiones Militares aceptaban a Miláns como presidente»

Cuando el Gobierno y los diputados llevaban cuatro horas secuestrados en el

Congreso, el teniente coronel Tejero entró en el hemiciclo y, dirigiéndose a sus

guardias, anuncia que cuatro Regiones Militares —Sevilla, Valencia, Barcelona y

Zaragoza— habían aceptado al teniente general Miláns del Bosch como presidente

del Gobierno. El dato figura en el relato realizado por los cuatro secretarios

del Congreso sobre los hechos que se produjeron en la Cámara desde su ocupación

el día 23 hasta que fue liberada al mediodía del 24. El informe, que forma parte

del sumario por el intento de golpe de Estado, fue dado ayer a conocer por la

agencia Europa Press.

MADRID* Los cuatro secretarios del Congreso de los Diputados realizaron un

informe, de carácter reservado y que no ha sido hecho público, sobre lo ocurrido

en la Cámara Baja durante los días 23 y 24 de febrero.

En dicho informe, que forma parte del sumario del 23-F se hace un relato de lo

ocurrido en el Congreso, desde la entrada de la Guardia Civil hasta que los

diputados pudieron abandonar el Palacio de las Cortes, en la mañana del día 24

de febrero.

En el informe, al que ha tenido acceso Europa Press, se dice, entre otras cosas,

lo siguiente:

— Cuando el teniente coronel Tejero, tras el asalto, subió al estrado de

oradores, fue preguntado por el presidente del Congreso: «¿Qué ocurre?» Y Tejero

le contestó/ «Quítate de ahí», acompañando estas palabras de un expresivo gesto

de la mano con que empuñaba la pistola.

— Al abandonar el teniente general Gutiérrez Mellado su escaño, Tejero le dijo:

«Siéntese diputado.» El informe señala que el te´niente coronel Tejero se dirige

a Gutiérrez Mellado, y con ayuda de otros guardias, le zarandea y golpea

violentamente. Incluso, le agrede por la espalda.

— Uno de los,ocupantes habló con el presidente de la Cámara para que se

dirigiera a los diputados y les tranquilizara, a lo que el señor Lavilla

responde que en las circunstancias en que se encuentran considera que no puede

ejercer la presidencia.

HABLA EL CAPITÁN MUÑECAS

— Posteriormente, una persona que vestía uniforme de capitán de la Guardia

Civil, y que resultó ser el capitán Muñecas, se dirige a la tribuna de oradores

diciendo: «Buenas tardes. No va a ocurrir nada, pero vamos a esperar un momento

a que venga la autoridad militar competente para disponer lo que tenga que ser y

lo que él mismo diga a todos nosotros. Estense tranquilos. No sé si esto será

cuestión de un cuarto de hora, de veinte minutos o media´ hora: me imagino que

no más tiempo, y la autoridad que hay competente, militar por supuesto, será la

que determine qué es lo que va a ocurrir. Por supuesto, no pasará nada. O sea,

que estén ustedes todos tranquilos.»

— Landelino Lavilla le pregunta qué ocurre, y el capitán Muñecas le contesta

que obedece órdenes y que hay que esperar.a la autoridad militar que va a venir.

Adolfo, Suárez hizo un gesto a Landelino Lavilla y le pregunta si le han dicho

algo, a lo que éste le contesta que «se ha remitido a la autoridad militar que

tiene que venir».

— Ante las insistencias del presidente del Congreso de hablar con el jefe de la

fuerza ocupante, el guardia civil que le vigilaba le anuncia que es el jefe el

que decide cuando quiere hablar, y añade que ya tendrá tiempo de hablar con él

«largo y tendido».

INTERVENCIÓN DE SUAREZ

Hacia las 19,35, el presidente del Gobierno en funciones abandona el banco azul

y se dirige a uno de los asaltantes, diciciendo: «¡Quiero hablar con el que

manda la fuerza!» Se oyen gritos y voces que dicen:

«¡Retírese! ¡Silencio!»

— Un guardia, situado en la parte superior derecha del hemiciclo, dice:

«Tranquilos, señores; al próxímo movimiento de manos se mueve ésto, ¿eh?

(señalando la metralleta). Así que los de las manilas esas, tranquilos. Eso

cuando estén solos. Aquí se ha acabado.»

— Inmediatamente, el presidente Suárez se pone en pie, momento en que se oyó la

voz: «Señor Suárez, permanezca en su escaño.» Suárez contesta: «Yo tengo la

facultad, como presidente del Gobierno...», pero es interrumpido con los gritos

de «¡Se siente, coño! ¡Se siente!»

— Poco después entra en el hemiciclo el teniente coronel Tejero, que grita: «El

general Miláns nos manda un abrazo. Ha decretado la movilización general.»

— Asimismo, se da cuenta de la lectura del bando de Miláns del Bosch y de

varias noticias de Europa Press (el teletipo de Europa Press se recibe en el

Palacio del Congreso). La lectura fue efectuada por guardias civiles desde la

tribuna de oradores.

APAGÓN DE LUZ

— El vicepresidente primero, Modesto Fraile, y el secretario cuarto, José

Bono, se dirigieron a miembros de las fuerzas ocupantes para manifestarles su

preocupación ante un posible corte en el suministro de fluido eléctrico. Ante la

sorpresa y estupor de todos los presentes, el teniente coronel grita,

dirigiéndose a la fuerza ocupante: «Si hubiera apagón de luz en la puerta donde

estén ustedes, al recibir un roce el cuerpo hagan fuego.» Acto seguido ordena

a los ujieres que traigan sillas del exterior y las colocan cerca de la mesa

pequeña (la de taquígrafos).

— Tejero ordena que, en el supuesto de que se corte el suministro de fluido

eléctrico, se prenda fuego al material acumulado. En ese momento varios

diputados gritaron que todo era de madera. Un oficial vuelve algunas de estas

sillas y otro, con un cuchillo, rompe el tapizado de dos de ellas, extrae la

estopa y la coloca encima de la mesa de taquígrafos. Un oficial, a requerimiento

del presidente de la Cámara, que le advierte de los riesgos, detiene la

operación. Media hora después, aproximadamente, un ujier situaba encima de la

mesa de los taquígrafos unos cuantos velones.

COMIDA

— A las 22,30 Tejero entra en el hemiciclo y dice: «Guardias, la II, III, IV y

V Regiones Militares han dicho que sí al teniente general Miláns del Bosch como

presidente del Gobierno.»

— Hacia las ocho de la mañana del día 24 algunos ujieres colocan en el

hemiciclo paquetes que contienen leche, jamón de York, queso y otros productos

alimenticios. Un oficial anuncia que los presentes en la sala podrán desayunar

en breves minutos. Desde los escaños se oyen voces de: «No queremos comer, no „

queremos comer. Queremos desayunar en casa.» El oficial ordena a los ujieres que

retiren los paquetes.

INTERVENCIÓN DE FRAGA

A las 8,50 de la mañana el señor Fraga se levanta de su escaño, desciende al

centro de hemiciclo y, dirigiéndose al teniente corone Tejero y a otros

oficiales que le acompañan dice: «¿Puede la Guardia Civil tenernos come a una

pandilla de forajidos a tantos hombres indefensos?» Se escuchan gritos de muy

bien,´ muy bien, «¡Viva la democracia!» y «¡Viva España!»

— Se ordena callar al señor Fraga, y en ese momento se unen a las´fuerzas

ocupantes que estaban en el hemiciclo alrededor de cuarenta guardias, que

portaban sus armas en posición de hacer uso de ellas. Se escucha, incluso, el

chasquido característico de montar las armas.

— Fraga dice: «Yo ya no aguanto más. Disparen contra mí» (abriéndose la

chaqueta). Iñigo Cavero y Fernando Alvarez de Miranda también gritan:

«Dispárenme a mí.»

— Fraga continúa diciendo: «No paso por esto, es una traición a España en estos

momentos. No están haciendo un favor a España. No paso por esto.» Se escucha una

voz: «¡Quietos, por favor!» Y Fraga replica: «No hago ningún favor. Lo siento,

pero quiero salir de aquí. Salimos todos.» Otra voz dice:

«¡Esténse tranquilos!» Y Fraga afirma: «¡Yo estoy tranquilo, pero quiero salir

de aquí. Este asunto debe terminar cuanto antes. Nos vamos!»

— Fraga diría más adelante: «Estáis arruinando, la carrera de estos hombres», y

cuando salía del hemiciclo se dirige al teniente coronel Tejero diciéndole: «Le

hago notar que me ha puesto la mano encima.» A lo que Tejero responde: «Las

dos.»

— Cuando está a punto de abandonar el hemiciclo, Fraga grita: «¡Prefiero morir

con honra que vivir con vilipendio!»

LAVILLA Y SATRUSTEGUI

— Landelino Lavilla advierte entonces a Tejero que la situación no se puede

prolongar más, pues la acumulación de tensión puede dar lugar a incidentes

graves que produzcan una tragedia.

— Poco después el señor Satrústegui, de pie, desde su escaño, dice: «Señor

teniente coronel Tejero. Yo soy íntimo amigo del teniente general Miláns del

Bosch. Yo digo que quiero hablar con él, porque aquí se nos está mintiendo. El

teniente general Miláns del Bosch es incapaz de sublevarse contra el Rey.» Un

teniente dice: «Por favor, siéntese.» Satrústegui continúa: «Bien, pero ¿qué me

dicen ustedes?» Tejero le replica: «Yo no dialogo.» Satrústegui antes de

sentarse en su escaño añadió: «Están engañando a la gente.»

LA SALIDA DEL CONGRESO

A continuación el informe relata cómo se produjo la salida de los diputados del

Congreso. El informe dice lo siguiente:

Hacia las once, aproximadamente, el teniente Alvarez se dirige a los presentes

diciendo:

«Silencio, por favor, siéntense. Vamos a ver. Disculpen que el desayuno esté

tardando tanta en venir; es que me parece que no va a ser necesario. Da la

sensación de que se está llegando a una solución del problema en los términos

que ya les indicaré. Entonces les puedo adelantar que el tiempo que van a

permanecer aquí va a ser muy breve. Tranquilos, todo ha pasado, ya lo verán.»

«Por favor, está ya correcto todo el mundo. Yo esto es cuanto les puedo decir.

Les agradeceré que sigan manteniendo aquella calma que mantuvieron en los

primeros momentos. Ya, para lo poco que les queda no vamos a salir mal. Por

favor, repito, que si son tan amables de sentarse nos facilitarán mucho la

labor.

Por favor, vayan sentándose.»

«Repito, que ocupe cada uno su asiento. Como ustedes comprenderán parece ser que

estamos llegando a los momentos finales, que, como finales que son, son los

delicados, y, por su delicadeza, requieren de todos nosotros una

gran´tranquilidad. Espero que ustedes la tengan. Ruego que colaboren con

nosotros.»

Poco antes del mediodía el teniente coronel Tejero penetra en el salón y dice:

«Por favor, se va a desalojar el salón. Lo -único que les pido es que colaboren

y salgan poco a poco. Pueden salir empezando por tas filas.»

Varios diputados, entre exclamaciones, dicen: «íFelipe!»

El teniente coronel Tejero continúa diciendo: «Entre las condiciones que doy es´

que tienen que salir ustedes. Ellos han aceptado y yo acepto. Se han aceptado

todas las condiciones. Acepten ustedes.

También me han aceptado los otros.»

El presidente del Congreso indica: «Salen primero los diputados, después el

Gobierno y después la Mesa, que es el orden por el que se procede en la Cámara.

Silencio. La Mesa ordena la salida, señor teniente coronel.»

El teniente coronel Tejero, saludando militarmente, se dirige al presidente de

la Cámara diciendo:

«Gracias.»

Varios diputados, entre ellos el señor Peces-Barba y el señor Solé Tura,

preguntan por la situación en que se encuentran los diputados que habían sido

obligados a abandonar el hemiciclo, a lo que responde el presidente del Congreso

que iban a venir rápidamente al salón de sesiones.

Se incorporan al hemiciclo los señores Gutiérrez Mellado, Suárez, González

Márquez, Guerra, Rodríguez Sahagún, Carrillo y Fraga.

CUESTIÓN DE ORDEN DE FRAGA

El presidente del Congreso comienza a ordenar la salida de los diputados. En el

momento en que llama a la fila en la que está el señor Fraga, éste dice: «Señor

presidente, nuestro grupo; antes de abandonar el salón, plantea una cuestión de

orden y pide, respetuosamente a la presidencia: 1 )Que se digne levantar

formalmente la sesión, y 2) Que convoque, cuanto antes, la Junta de

Portavo•ces.» El presidente manifiesta: «Mañana habrá Mesa a las nueve y media;

portavoces, a las doce, y Pleno, a las cuatro y media de la tarde.»

El presidente sigue ordenando la salida de diputados y Gobierno, que finaliza

con la salida de los miembros de la Mesa del Congreso, que lo hacen en último

lugar. Serían, aproximadamente, las doce horas quince minutos de la´ mañana del

martes 24 de febrero de 1981.

Seguidamente las fuerzas ocupantes abandonan el Palacio del Congreso de los

Diputados. Tan pronto como se produce esta salida, ,el presidente del Congreso y

los miembros de la Mesa entran en el Palacio dirigiéndose al despacho del señor

presidente.

DIPUTADOS ASISTIDOS MÉDICAMENTE

Los diputados asistidos durante la ocupación fueron los siguientes: Fernando

Sagaseta, Asunción Oruanes Molina, Gabriel Cisneros, José Antonio Trillo,

Faustino Muñoz, José Rodríguez Alcaide, Francisco Javier Sanz y José Vázquez

Vázquez.

El diputado y doctor Donato Fuejo asistió a los invitados doctor Várela, señor

Fernández y señor Erice Lepine, que sufrieron contusiones o heridas al

producirse el tiroteo inicial, como consecuencia del rebote de casquillos,

desprendimiento de cristales o escayola.

Fueron hospitalizados en distintos centros la señora Coruanes y los señores

Muñoz García, Rodríguez Alcaide, Vázquez Vázquez y Cisneros Laborda, éste,

después de ser asistido por primera vez, se incorporó a su escaño, pero fue

desalojado al sentirse nuevamente indispuesto. También fue desalojado el senador

Pérez Puga.

NOTAS ADICIONALES

En las notas adicionales del informe se destaca, entre otras cosas, que el

presidente del Congreso, Landelino Lavilla, se ofreció a las fuerzas asaltantes

para permanecer dentro del Congreso y que las demás personas retenidas fueran

puestas en libertad. Los demás miembros de la Mesa se ofrecieron al presidente

para permanecer con él.

Asimismo, se relata que algunos miembros de la Guardia Civil, pasadas las

primeras horas, facilitaron vasos de agua y cigarrillos a los diputados, y que

durante la noche del 23 y la madrugada del 24 entró dos veces al hemiciclo el

capitán de navio Camilo Menéndez.

También se destaca que en varias ocasiones entró en el salón de Plenos un hombre

joven, de fuerte complexión, que vestía pantalón azul y «anorak» verde, armado

con un fusil ametrallador y llevando, casi siempre, un puro en su mano

izquierda.

INFORME DE LOS SERVICIOS DE SEGURIDAD

Por último, también se ha adjuntado al sumario del 23-F un informe de trece

folios de extensión de los servicios de seguridad del Palacio del Congreso, en

el que se relata la actuación de estos servicios durante el asalto al Palació"de

las Cortes.

El servicio de seguridad del Congreso estaba compuesto por ocho miembros del

Cuerpo Superior de Policía, además de un miembro de la Policía Nacional en cada

uno de los accesos a Palacio y en el control de invitados, para la revisión de

carteras y paquetes.

La declaración del inspector que prestaba sus servicios en la puerta de

Zorrilla, lugar de entrada del público invitado a los Plenos, es, en síntesis,

la siguiente: ´

— Estando en la puerta de Zorrilla escuchó ráfagas de metralleta.procedentes

del interior del Palacio, por lo que se dirigió, por la biblioteca, hacia el

centro del Palacio para ver lo que pasaba, pensando que pudiera tratarse de un

comando.

— Vio a tres compañeros tendidos en el suelo, con las manos extendidas. Volvió

a la puerta de Zorrilla y ordeñó cerrarla, como medida de segundad, momento en

que irrumpieron varios números de la Guardia Civil con metralletas y armas

largas.

—. Creyendo que se trataba de fuerzas que venían persiguiendo al comando

asaltante, Tes dijo:

«Colocaros aquí, a la salida del pasillo, pues así vemos venir al comando.»

Ellos le preguntaron:

«¿Cuántos son?» Al momento se presentó otro guardia civil con la metralleta en

la mano y, dirigiéndose al funcionario, le dijo que se trataba de un «golpe de

Estado» y que subiera por las escaleras.

— Al llegar a la tribuna diplomática, un oficial y varios números de la Guardia

Civil, con metralletas en mano y tirando del cerrojo, ordenaron a todos tirarse

al suelo y no moverse.

— Tres guardias obligaron a los policías a entregar sus armas. Ante la

resistencia de estos funcionarios, otro de los asaltantes, que pasaba por allí,

y que era concretamente el que llevaba pantalones vaqueros, les con" minó a que

entregasen las armas «para evitar tonterías y nervios».

 

< Volver