Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   La caridad y los pobres     
 
 Informaciones.    25/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LA CARIDAD Y LOS POBRES

Por Manuel FRAGA IRIBARNE

"Los pobres los tendréis siempre con vosotros."

(Juan, XII, 8.)

"Dalo o los pobres y tendrás un tesoro en los cielos."

(Mateo, XIX. 21.)

"Porque tuve hambre y me disteis de comer..."

(Sentencia del Juicio Final.)

QUIERO subrayar solamente dos cosas, que me parecen importantes y a menudo olvidadas.

La primera es que, a. pesar de ciertas apariencias y optimismos ideológicos, parece (a las alturas de la

Historia actual) más probable que la pobreza, dentro de una escala mas o menos soportable y aun después

de conquistarse niveles exigentes de justicia social, continuará .afligiendo a individuos, a familias y a

grupos sociales o países.

Me explico. Es indudable que el desarrollo económico de los dos últimos siglos ha producido en

determinados países un considerable aumento de riqueza y consiguientemente un mínimo de bienes de

consumo para casi todos. Y no es menos cierto que determinados países han tomado acciones aún más

enérgicas para lograr un máximo de igualdad en la distribución.

Pero, al lado de esto, es indudable también que en estos mismos países ha sido imposible suprimir

totalmente la pobreza. En el país más rico, Estados Unidos, por razones de raza en unos casos, de fracaso

social en otros (la familia de padres alcohólicos o de hijos drogados, etc), subsisten zonas irreductibles de

pobreza. Por supuesto que cabe redoblar los servicios públicos de varios niveles al respecto, pero al final

siempre aparecen nuevos agujeros en el sistema mejor.

En los casos de países que aún no han completado su desarrollo, el problema es más grave. El sistema, en

conjunto, mejora; las aspiraciones crecen también; entre tanto, en los suburbios industriales, aún a medio

equipar, la pobreza está ahí. a menudo dramática

El otro fenómeno gravísimo es el de los países en grave subdesarrollo. Son miserables; su población

aumenta más que sus recursos, y ahora lo saben, lo que crea frustración y resentimiento.

Sigue habiendo, pues, pobres, dentro y fuera. Y no a todos llegan los programas nacionales e

Internacionales de ayuda

Vengamos, pues, a la segunda cuestión. Si hay pobreza no resuelta, el cristiano de verdad tiene un primer

deber, el de luchar por la justicia. Con hambre y sed de ella, como dicen las bienaventuranzas del Sermón

de la Montaña. Luchar, por supuesto, no quiere decir en este caso romper o destruir o, por lo menos, no

siempre

Pero los que luchan por la justicia, por la reforma o, cuando sea Inevitable, por la revolución, no han, ter

minado. Empiezan soló. Deben saber que en este mundo no lograrán la solución perfecta. Y entonces

(mejor dicho, siempre) entra la caridad, que llega adonde no puede la justicia; que es virtud personal a

ejercer sobre todo en nuestras relaciones hombre a hombre, sin ausentarse tampoco de nuestras relaciones

comunitarias; que consuela al pobre de espíritu, al afligido; que todos podemos, de un modo u otro,

practicar

Repito: hay y habrá pobres, muchas veces ocultos; necesitan de la caridad de todos. Pero la caridad, en un

mundo de grandes, pocas veces puede fluir por cauces privados y directos. Hay que hacerla mística en el

espíritu, pero organizada, institucionalizada, eficaz, casi empresarial.

Esta finalidad intenta cumplir Caritas diocesana y nacional. Merece nuestro apoyo.

Hace años, siendo un joven profesor de Ciencias Sociales, hacia realizar a mis alumnos encuestas sobre

presupuestos familiares, tipo Le Play, y algunos sábados nos íbamos a los suburbios de Madrid, que en

los años 40 eran verdaderamente imponentes. La enseñanza fue eficaz. Pienso que hay que seguir

enseñando la pobreza para avergonzarse de ella, y decidirnos a luchar por la justicia social, completada

por la caridad.

 

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