Respeto a la Constitución y calma nacional     
 
 ABC.    24/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Respeto a la Constitución y calma nacional

A la hora en que se escribe este editorial España entera lleva seis horas

viviendo en la angustia. Los viejos fantasmas, que parecían alejados

definitivamente de nuestro horizonte nacional, han vuelto a visitarnos. Y, aun

cuando en estos momentos el gravísimo suceso parece localizado y reducido aun

grupo de desequilibrados, sigue el país entero colgado de sus radios y

televisores para conocer el desenlace de algo que aún podría concluir en un

drama espantoso.

A estas horas nuestra palabra primera tiene que ser la de la más rotunda condena

de lo ocurrido. Nadie ignora que la gobernación del Estado pasa horas

incuestionablemente difíciles y que el país necesita un golpe de timón serio en

su modo de ser gobernado para que España pueda recuperar el orden y la paz que

necesita. Pero es evidente que la locura protagonizada ayer por un grupo de

oficiales de la Guardia Civil —y, según parece, respaldada por algún alto mando

del Ejército— no sólo no vendría a resolver nada, sino que ha puesto en el más

grave riesgo todo cuanto en cinco años de esfuerzo, y sacrificio de todos y muy

en especial de las Fuerzas de Seguridad del Estado, ha logrado España bajo la

sabia y pacífica dirección del Rey.

El grupo de personas que ayer asaltaron el Parlamento ha empezado por manchar

gravisimamente su uniforme; ha violado la más elemental función de la milicia,

que tiene como tarea primera defender y tutelar la Constitución; ha faltado a lo

más elemental de su disciplina militar; ha atentado contra la más alta

representación del pueblo español. Tal número de dislates, que sólo puede

calificarse como abierta locura.

Repitámoslo: por el camino de la Constitución todo es posible. Nada se logrará

por el de la violencia. No se sirve a España violando la voluntad libremente

expresada por los españoles. No se ayuda al país sumiéndolo en la angustia y

sacudiéndolo con la más grave, la más triste de las convulsiones.

Afortunadamente, no le ha faltado a España —una vez más— ni la serenidad del

Rey, ni el respeto a la Constitución de la práctica totalidad del Ejército, ni

la misma tranquilidad y confiada expectación de la comunidad nacional.

Esta es la hora de que todos los españoles reafirmen su fe en los caminos

legales para salir de los problemas que el país vive. Es hora de seguir creyendo

en la libertad que la Constitución garantiza. Es hora de que todos —militares,

parlamentarios, ciudadanos— revisen su personal responsabilidad en el servicio

al país por encima de las ideas personales y los propios intereses. Hora de que

los grupos políticos acerquen sus posturas y aunan sus esfuerzos en salvar una

serie de valores sin los cuales siempre estaremos expuestos a la invasión de los

violentos de uno u otro género. Hora de que la comunidad se mantenga en calma.

Calma. Queremos repetir esta palabra porque es la que más necesita España hoy

Nada podría ser hoy más dañino que el que grupos de cualquier ideología

intentasen tomar la calle por la fuerza, con lo que terminarían haciendo el

juego a los revoltosos. Cualquier paso que no pase hoy por el orden y la

serenidad nos acerca a una guerra. Sólo la fe en la autoridad y en la

Constitución puede sacarnos sin demasiado dolor de este drama.

 

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