Autor: Dávila, Carlos. 
 Tejero, al entrar. 
 En nombre del capitán general Milans del Bosch..     
 
 ABC.    24/02/1981.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

Tejero, al entrar

«En nombre del capitán general Miláns del Bosch...»

MADRID (Carlos Dávila). A las nueve de ta noche los pocos periodistas que

todavía se encontraban en la tribuna de Prensa fueron invitados a abandonar el

edificio del Congreso por un número de la Guardia Civil que dijo cumplir órdenes

superiores. En la puerta del palacio fuerzas de este Cuerpo controlaban la

credencial parlamentaria y el carné de Identidad ti e cada uno de los

Informadores que salían a la Carrera de San Jerónimo. El secretario de Estado

para la Sanidad, doctor Várela Uña, que acompañaba a la esposa del ministro de

Sanidad, no pudo abandonar el Congreso. A los periodistas se les informaba que

podían recoger sus coches particulares y dirigirse a sus casas, ´pero «de dos en

dos». La Carrera de San Jerónimo estaba tomada por fuerzas de la Policía

Nacional y de la Guardia Civil. En la plaza Neptuno, con menor Iluminación de la

habitual, algunas personas trataban de conocer los hechos, al tiempo que con

pequeños transistores escuchaban los noticiarios de diferentes emisoras.

Los periodistas desalojados eran los últimos que habían permanecido en el

Parlamento, Casi todos ellos ocupaban sus lugares de costumbre en la tribuna

situada en el lado izquierdo del hemiciclo, cuando aproximadamente a las sais

veinte de la tarde, y en el momento en que el secretario centrista Manuel Núñez

a que emitiera su voto, irrumpieron en el Palacio fuerzas de la Guardia Civil,

aparentemente al mando del teniente coronel Tejero, que encabezaba la tropa. Al

traspasar la puerta giratoria que conduce al pasillo principal del hemiciclo, el

militar lanzó un grito que no se pudo entender perfectamente, pero cuyas

primeras palabras fueron: «En. nombre del capitán general Miláns del Bosch...»

Rápidamente las fuerzas de la Guardia Civil ordenaron a todos los presentes,

pocos en aquel momento, que se tumbaran en el suelo. Sonó entonces un disparo,

que, al parecer, rebotó en e! techo de la pequeña saleta contigua al pasillo

central en la que en esos instantes veían la televisión los escoltas de los

ministros que habían entrado en la sala.

Todos ellos, empezando por e! jefe de Seguridad del Congreso de los Diputadas,

fueron desarmados. Algunos se presentaron a los oficiales que acompañaban al

teniente coronel Tejero,

y, según parece, se incorporaron a las tuerzas que habían tomado e) Congreso da

los

Diputados.

Más de media hora permanecieron tumbados en el suelo todas las personas que

habían sido sorprendidas por la irrupción de la Guardia Civil. En un cierto

momento, un número de este Cuerpo se acercó al lugar en e! que se encontraba un

redactor de ABC, y le dijo: «Ya puede sentarse. Aquí no pasa nada.» El

periodista le preguntó de qué se trataba y el guardia civil respondió

textualmente: «Se lo pueda imaginar, ¿no?» A continuación, un policía de

paisano, pero con el arma reglamentaria, ordenó a lodos los presentes que se

identificaron, y dijo: «Los periodistas que se quieran marchar, que se vayan.

Los demás, arriba.»

Arriba, era la Sala de Prensa, lugar desde el que, media hora después, se pudo

observar cómo un capitán se dirigió al teniente general Gutiérrez Mellado y al

líder de la oposición, Felipe González, y les pidió que le acompañaran. Un

minuto más tarde hizo lo propio con Alfonso Guerra y el secretario general del

Partido Comunista, Santiago Carrillo. Guerra caminaba despacio detrás del

capitan y con las manos en los bolsillos. Finalmente era Rodríguez Sahagún el

que salía Iras los pasos del oficial de la Guardia Civil.

Carrillo, Felipe González, Alfonso Guerra y Rodríguez Sahagún fueron trasladados

a otras dependencias

En el hemiciclo reinaba la confusión. Algunos diputados, tímidamente, comenzaban

a hablar. En un cierto momento entró —ya lo había hecho antes en diversas

ocasiones— el teniente coronel Tejero y ordenó silencio. El diputado socialista

Vida Soria pidió permiso para Incorporarse a su escaño. Minutos después de la

irrupción de las fuerzas de la Guardia Civil, había entrado en el Palacio del

Congreso el presidente del Consejo de Estado, Antonio Jiménez Blanco, que

escuchó desde su coche por la Cadena SER la narración que el periodista hacía en

directo de la toma del hemiciclo. Jiménez Blanco, que se situó en las escaleras

al lado del lugar que solía ocupar cuando era portavoz del Grupo Parlamentario

Centrista, dio la mano a Felipe González, Rodríguez Sahagún, Gutiérrez Mellado y

Alfonso Guerra cuando éstos abandonaban la sala central del Palacio.

Algunos minutos después de que los números de la Guardia Civil que había ocupado

el Congreso hiciesen abandonar el hemiciclo a estas personalidades los diputados

pudieron oír claramente algunos gritos de distinto carácter político. Se oyó

«Arriba España»" y también una tímida voz que daba vivas a la democracia. En

este preciso instante el guardia civil que vigilaba la tribuna de Prensa dijo:

«Democracia, ¿para qué?, ¿para que sigan matando guardias?» Era el mismo número

que antes había estado comentando con diversos periodistas los sucesos y que

había reconocido no saber el motivo concreto por el cual estaba allí. Sí aseguró

que había llegado hasta el Palacio de las Cortes en un autobús particular en el

cual había una placa que decía: «Transporte escolar».

A las ocho cuarenta y siete minutos, instantes después de que llegara a la

tribuna de Prensa la secretaria de Estado para la Información, Rosa Posada, que

había estado paseando por una sala don su ex marido, el diputado socialista,

secretario del Congreso, Leopoldo Torres, un número ocupó el atril de oradores y

comenzó a leer un despacho de la agencia Europa Press, en el que se informaba de

la situación del Cuartel General del Ejército. Cuando estaba leyando otra

información de la misma agencia, sobre el estado en el Ministerio del interior,

un teniente del Cuerpo ocupó el mismo atril y leyó el comunicado del teniente

general Miláns del Bosch, hecho público por Radio Castellón y la Voz de la misma

capital.

A las nueve, cuando los periodistas tuvieron que abandonar el hemiciclo, todos

los diputados se encontraban en sus escaños. La calma era tensa. El presidente

lavilla fumaba nerviosamente. Cuatro números entraron sillas con las que

rodearon la mesa central en la que normalmente trabajan los taquígrafos. Uno de

ellos volcó una de ellas, de tapicería roja, y comenzó a desguazarla. De pronto

apareció de nuevo el teniente coronel Tejero y con voz firme dijo: «Si se apaga

la luz todos al suelo. Que nadie se acerque a las puertas. Hay orden de

disparar.» Un guardia civil que presenciaba la salida de los periodistas,

aseguró que se prendería fuego a las sillas si la luz era cortada. Nadie, sin

embargo, quiso confirmar esta impresión.

 

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