Autor: ;O. H. B.. 
 Bandrés: A Sagaseta y a mí nos miraban fijamente. 
 Muchos diputados de izquierda escondieron sus agendas y credenciales     
 
 ABC.    25/02/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

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NACIONAL

MIÉRCOLES 25-2-81

Bandrés: «A Sagaseta y a mí nos miraban filamente»

Muchos diputados de izquierda escondieron sus agendas y credenciales

MADRID (P. M. y O. H. B.). «Ha sido una humillación general. No puede decirse

que nos hayan tratado violentamente. Ha Imperado la corrección, pero también

hemos de reconocer que nos hemos sentido muy humillados a lo largo de toda la

noche.» Juan María Bandrés, diputado por la coalición «abertzale» Esukadlko

Eskerra y hombre significado por sus posiciones radicales en el Congreso, se

mostraba tan indignado como emocionado, aunque dentro de una cierta serenidad.

«Creo que el .más humillado de todos nosotros ha sido el presidente del

Congreso, Landelino´ Lavilla, quien, sin embargo, ha mantenido una actitud muy

entera durante todo e\ tiempo. El es la máxima autoridad en la Cámara y, al

igual que el resto, tenía que levantar la mano y pedir permiso a un número de la

Guardia Civil cada vez que necesitaba ir a los lavabos.» Mientras nos relata las

incidencias de la noche aumenta el nerviosismo de Bandrés, que nos muestra unos

trozos de cristal recogidos tras los primeros momentos del asalto.

,

«Ha sido terrible y kafkiano.» Le preguntamos a Bandrés si fue interpelado

personal mente por las fuerzas ocupantes. «No, no. En ningún momento se

dirigieron a mí. Sin embargo, sí sentí cómo a Sagaseta y a mí nos miraban a

ratos fijamente e intercambiaban miradas de inteligencia algunos de tos guardias

civiles.»

Quizá.una de las anécdotas menos conocidas del secuestro y mas significativas

del momento de confusión fuera el comportamiento de algunos, al parecer

bastantes, diputados de izquierda, lodos ellos militantes clandestinos hace unos

años que, pasados los primeros momentos de estupor, se deshicieron de sus

agendas y de los documentos que consideraban comprometedores.

BARRANCO: EL FANTASMA DE CARABANCHEL

Juan Barranco, dirigente socialista de Madrid, nos narra su experiencia: «Yo no

tenía demasiado miedo, o no más que los demás, pero pensaba que de allí nos

llevaban a Carabanchel o a un campo de concentración, y no .quería comprometer a

mis amigos y familiares. Sus direcciones estaban en mi agenda personal. Por eso

la escondí lo mejor que pude. Para mí —dice Barranco, que se muesIra, a pesar de

la tensión que refleja aún su rostro, bastante tranquilo—, uno de los momentos

más tensos fue cuando un número de ia Guardia Civil, desde la tribuna de Prensa,

ya entrada la madrugada, gritó: "¡Que no se mueva nadie! Como se muevan lo más

mínimo, se va a mover también ésto." Mientras gritaba empuñaba ostentosamente su

arma.»

«Había ratos en que no nos dejaban mover en absoluto, mientras que en otros

había una cierta distensión y nos levantábamos y charlábamos, pero siempre bajo

la mirada y las amonestaciones de tos agentes que nos vigilaban. Incluso

llegaron a impedir pasarnos cualquier tipo de comunicación o papel. El

desconcierto y la confusión entre (os asaltaníes, pienso yo, ha sido la tónica

de este golpe de mano.

Mientras algunos guardias civiles saludaban militarmente al presidente de la

Sámara y a algunos diputados, otros es claro que se han quedado o, al menos su

cara lo demostraba, con ganas de accionar el gatilo.»

«Otro de los momentos más dramáticos —continúa el diputado socialista— se

produjo cuando los ocupantes comenzaron a apilar y destripar sillas alrededor de

la mesa de taquígrafos. Sacaron la estopa, la apilaron y anunciaron que si se

producía un apagón de luz encenderían una hoguera y dispararían coníra todo e!

que se moviera. Lógicamente pensé que de allí terminaríamos todos achicharrados.

O por el fuego o por las balas.»

CRUZ ROJA INVITA AL DESAYUNO

Juan Barranco ríos cuenta que toda la noche estuvieron sin tomar ningún

alimento, solo agua y -algunos azucariltos. Por la mañana, Tos sediciosos tes

ofrecieron algunos «sandwiches» y vasos de leche. La práctica totalidad rechazó

el ofrecimiento, comenzando así una especie de huelga de hambre. Sólo la

intervención del presidente de la Cruz Roja Española y diputado de UCD Enrique

de. la Mata (quien, por razón de su cargo, se responsabifizó de ia intendencia)

solventó la situación dicíéndofes que no eran los ocupantes, sino la Cruz floja

la que-les ofrecía e) desyuno. De esta forma fueron aceptados algunos vasos de

leche.

Pocos minutos después se producía la airada reacción de Manuel Fraga, que se

enfrentó a los asaltantes a grandes gritos demostrando un rotundo propósito de

salir. Fue un lance especialmente emocionante, a pesar de la tensión y el

peligra. «Una gran parte de los. diputados nos levantamos y apoyamos

clamorosamente las palabras de Fraga. Pero él fue reducido y nos vimos obligados

a volver a la impotente pasividad en que habíamos pasado la noche.»

Otro momento de gran tensión lo protagonizó el ex comandante Julio Busquets. El

hoy diputado socialista hizo frente a varios guardias negándose a obedecer sus

órdenes. «Si´ quieren llevarme a .mi sitio —les dijo—, háganlo por la tuerza.»

Tras un confuso forcejeo, el diputado fue devuelto a su escaño.

Juan Barranco —más distendido a cada minuto que pasa— nos mira sonriente y nos

muestra varias revistas de carácter militar. Una de ellas, >• Ejército». «Ya

veis —dice— qué clase de literatura tenía para entretener este forzoso ocio.

Como podéis comprender —se ríe—, no tenía mucho que temer. El motivo de que el

parlamentario del PSOE llevara los boletines militares se debe a que forma parte

de,ia.Comisión de Defensa del Congreso.»

CASTELLANO, UN «VIEJO JUDIO EXTREMEÑO»

Otro diputado socialista, el «critico» Pablo Castellano, parece haber sublimado

la emoción con la ayuda´ de su exhuberante ´sentido del humor. «Yo —nos comenta

irónico—, realmente sólo empecé a preocuparme cuando vi que se me había roto la

chaqueta, al pensar en las cuatro mil pesetas que tendré que detraer de mi

exiguo puesto. Y es que no olvidéis —dice entre bromas— que yo soy un viejo

judío extremeño.» Pablo Casteflano abraza a unos y otros, sin acepción de

posturas partidistas. «Chicos, ya me veía en un campo de concentración.»

También otro gran optimista es el diputado centrista por Valencia Joaquín Muñoz

Peirats. "Chimo» Muñoz ha sufrido en los últimos tiempos tres infartos.

«Simplemente ha sido —dice— una interrupción parlamentaria, un receso que se ha

prolongado algo más de lo habitual», dice. El diputado ha sufrido en los últimos

tiempos tres infartos, lo que no te impide tomarse un tanto a chacota la

preocupación por su salud. «Yo ya sabía que mi mujer me la iba a "armar". Y,

(justo!, a eso de las tres vi cómo un guardia avanzaba con una bolsa gritando mi

nombre en tono grave. La bolsa contenía mis medicamentos. Mis compañeros me

rodearon y a poco me echan para el hospital. Pero yo me negué en rotundo.» Un

hijo del diputado protesta, entre comprensivo y sonriente: «¡Con lo que a mí me

costó llegar hasta la verja!»

En contraste con los anteriores, el comunista catalán Jordi Solé Tura se

muestra, como siempre, seno, sereno, un tanto Facónico. Es su carácter. Le

preguntamos qué medidas cree que es necesario tomar.

«Aplicar estrictamente la justicia.» Alguien comenta que va a ser preciso

realizar una depuración en profundidad. «Más que depuraciones en el Ejército —

dice Solé Tura— lo que hay que impulsar a fondo, y de una vez por todas, las

tendencias democráticas dentro de la estructura militar.»

OSORIO, IMPASIBLE

En la confusión, en el remolino de parlamentarios, familiares y periodistas, se

destaca la jovial humanidad de Alfonso Osorio. «Yo, la verdad, es que no he

pasado miedo. Lo digo sinceramente.»

En un salón del Palace oímos que nos llaman desde una mesa: «Periodistas,

periodistas.» Es el diputado socialista por Madrid José Acosta. Antes de darnos

tiempo a llegar ya nos había formulado una pregunta:

«¿Cómo están las calles de Madrid?» También se interesó por el desarrollo de los

hechos fuera del Palacio del Congreso, los momentos de mayor tensión, el efecto

en el pueblo del mensaje del Rey y los comunicados de partidos y sindicatos...

Está ávido de noticias. Y nos explica:-«´Dentro, únicamente sabíamos lo que nos

transmitíamos unos a otros y lo que nos decían los ocupantes que llegaron a

comunicarnos que la Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta Regiones Militares se

sumaban a la sublevación y reconocían como presidente al teniente general Jaime

Miláns del Bosch.»

 

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