La dignidad del Parlamento     
 
 ABC.    25/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La dignidad del Parlamento

Hay ocasiones en las que, realmente, una imagen vale más que mil palabras. Las

imágenes del hemiciclo del Congreso de los Diputados, sometido al imperio de la

dialéctica de las metralletas han llegado a toda España, dando cuenta cabal de

la dignidad del Parlamento.

Tanto de su serenidad, sin distinción de sexos ni de ideologías, como de sus

reacciones, que han servido para que el pueblo español valorase, con otro

rasero, que deseamos no haya de utilizarse nuevamente, a sus líderes políticos.

Las palabras, en este caso, han de servir tan sólo —ese es su propósito— de

subrayado de esas imágenes;

De coraje y de valor, amén de responsabilidad, ofrecieron sendas muestras tanto

el presidente dimisionario, Adolfo Suárez, como el asimismo dimisionario

vicepresidente para Asuntos de la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado.

Este último se enfrentó abiertamente a los invasores armados, que llegaron a

agredirle físicamente, en un loable intento porque la razón de la disciplina y

la autoridad castrense llegase hasta su premeditada locura. El señor Suárez,

mientras las ráfagas de metralleta agujereaban el techo de la Cámara, se mantuvo

impasible, tratando después, pasados los primeros momentos de estupor, de

parlamentar con el jefe de los insurrectos, en su calidad de máximo

representante del Poder ejecutivo.

Hubo —todos lo hemos visto— otros gestos y otras actitudes. Pero es el conjunto,

con las excepcionalidades antedichas, lo que debe valorarse. Sólo cuando la

tensión de las muchas horas hizo mella en los diputados hubo decaimiento. Y

éstos, de orden físico. Nadie perdió los nervios. La dignidad quedó a salvo en

unos momentos cruciales, por su singular dramatismo y por el peligro que

entrañaban

 

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