Autor: Urbano, Pilar. 
   La noche, 23-F, de Armada     
 
 ABC.    15/08/1981.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

NACIONAL

SÁBADO 15-8-81

Hilo directo

La noche, 23-f, de Armada

Por Pilar URBANO

Hay dos fases de capital importancia en la acusación contra Armada: la que le

sitúa en el corazón del «complot» anterior al golpe y como líder de la

operación. Y la que le pone en pie, sobre el tablado de los hechos, en la noche

del 23-F, dispuesto a proponerse como jefe de un Gobierno de emergencia o de

«unión nacional». Sin duda, todos los esfuerzos de su defensa habrán de

concentrarse en el intento de destrozar ambas imputaciones:

¿Qué coartadas y qué recursos tiene Armada para proclamar su ajenidad y

desconocimiento del «plan de Miláns» o del «asalto.de Tejero»?

Cuarenta y dos testigos cualificados solicita el defensor del general Armada,

abogado Ramón Hermosilla.

Doce son tenientes generales (entre ellos todos los capitanes generales, en sus

mandos en aquellas fechas, excepto Miláns), quince generales (entre los cuales

Sabino Fernández Campos, jefe de la Secretaría de Su Majestad el Rey), nueve

tenientes coroneles y comandantes (los ayudantes de Gabeiras y los del ministro

de la Defensa, entre ellos) y seis personas civiles, familiares, un sacerdote y

servidumbre del general Armada, que podrían testificar cuáles fueron los

movimientos exactos del procesado general durante los días en que, según informe

del fiscal, se anuda y consolida el «complot» para el golpe de Estado.

El Informe del fiscal habla de una reunión almuerzo en la Capitanía General de

Valencia, el 10 de enero, donde Miláns y Armada hablan «en conversación privada»

sobre «la necesidad de que se produzca una acción violenta». Armada —sigo,

estimado lector, con «el documento» que vengo manejando ,63103 días— afirma

haber estado ese día en Valencia «para arreglar un asunto de un piso de mi

mujer...»; gestión de la que da pelos, señales y testigos, pero que no impidió

que, efectivamente, se viera a solas con Miláns. Armada no lo niega, aunque sí

que hablasen «de ningún tipo de acción política o militar, ni menos aún

violenta», ni que «se me. comunicase ni invitase a una nueva reunión», ocho días

después; ni que «yo fuera a ser propuesto como jefe de Gobierno...».

De la reunión siguiente, el día 18 de enero, en el número 15 de la calle General

Cabrera, de Madrid, a la que asistieron Miláns, Torres Rojas, Más-Oliver, Tejero

y García-Carrés, Armada opone sus dudas sobre ¿cómo podían saber ese día que él

sería nombrado «segundo JEME»?; «había más probabilidades de que yo fuese

nombrado jefe de Artillería, puesto que estaba vacante». Armada supo

ese.nombramiento el día 3 de febrero. Y, siempre según «el documento» inédito de

su versión, «no tuvieron entidad ni contenido importante ninguna de las tres

"visitas" que me hizo el coronel Ibáñez Inglés (presunto portavoz de la

«inteligencia» del golpe que proponía Miláns): pues la primera se celebró «en mi

despacho de Lérida, el día 19 de enero, en presencia del jefe de Estado Mayor,

Ruiz Mostany, y de mi ayudante, el comandante Bonel, y de pie los cuatro», sin

entrar en ningún tema trascendente, «y no le comuniqué mi nuevo destino de

segundo JEME porque en esa fecha yo lo ignoraba y no estaba hecho».

La segunda, el mismo día 3 de fe, brero, «cuando yo preparaba mi equipaje...

para salir hacía Madrid, requerido por el ministro Rodríguez Sahagún... No

recuerdo siquiera esa visita de Ibáñez, pero sí se acuerda mi mujer».

Y la tercera fue ya en el palacio de Buenavlsta, en Madrid, casi como un

encuentro casual de pasillos.

Niega también Armada haber estado en el hotel Cuzco y en el piso que el fiscal

men-ciona —por versión de Tejero— en ,la calle Juan Gris, el 21 de febrero,

después de las veintiuna cuarenta y cinco horas. Y recurriendo a la «memoria» de

su agenda de trabajo aporta una relación detallada de lo que hizo aquel día: «A

las nueve de la mañana sale de su domicilio, en Santa Cruz de Marcenado, hacia

el despacho, en la calle Prim. A las nueve treinta despacha con el general

Ventosa. A las doce, con el general Martínez Jiménez. Permanece en su despacho

hasta las dos y media de la tarde.» La coartada de Armada cuenta con testigos

domésticos y familiares dispuestos a declarar que «el señor estuvo en casa toda

la tarde y en casa cenó». Con el relato del genera! vigón, que fue su comensal

en esa cena, y con el testimonio del sacerdote oficiante de la misa a la que

asistió Armada la tarde-noche de ese sábado. E! «puzz1 horario es perfecto.

Nuevas revelaciones del sumario del 23-F

Pero acaso más importante sea as! la puesta en pie de lo que sucedió en despacho

del JEME Gabeiras, que es donde Armada pasó la tarde, noche y madrugada del día

23 al 24 de febrero, excepto cuando se ausentó para ir al Congreso de los

Diputados y de allí al despacho de Laína, en Amador de los Ríos, 5.

Pero antes es preciso dar un salto atrás en unas horas.- La nuez del «pastel» de

los conciliábulos que colocan a Armada en el epígono del ya inminente «golpe» es

el dato puesto en circulación por Tejero, por Pardo Zancada y, quizá, por

Miláns, de que «Armada estara en la Zarzuela a las seis de la tarde del 23-F».

Incluso Tejero para «dorar más la credibilidad de la pildora» diría a algunos

oficiales de la Guardia Civil que «Armada está comiendo con el Rey» extremo que

el propio Armada en el «papel» que tengo delante niega, con doble subrayado. Aún

más: asegura «no haber solicitado audiencia alguna con el Rey».´Y cuando ya se

ha producido el asalto al Congreso, mediada la tarde, Armada entra en contacto

telefónico con Zarzuela, «pregunta si s\ Rey desea que vaya a la Zarzuela, si le

necesita allí o si manda que vaya a algún sitio». La respuesta es «que continúe

donde está y trate de ayudar al teniente general Gabeiras».

Según declaran algunos generales que estaban allí (palacio de Buenavista} en

aquellas horas la actuación de Armada fue «clara, a la vista de todos,

compartiendo con su jefe, Gabeiras, el criterio de que ante tal situación era

preciso trabajar en equipo... En ningún momento el general Armada se encerró a

solas en su despacho... Quienes estaban a su alrededor escucharon todas sus

conversaciones...». Y agrega Armada: «Uno de los presentes, el genera!

Esquivias, tomó muchas notas de esos diálogos, notas que podrían servir de

testimonio para la reconstrucción de los hechos.» Cuando, a las siete y media de

la tarde, el general Juste, desde El Pardo, telefonea a Buenavista (antes le han

desmentido en Zarzuela que esté allí Armada: «Ni está, ni se le espera.» «¡Ah!

[Eso cambia totalmente las cosas!»} y habla con Armada; éste le impelirá

decisivamente a que «ninguna tropa dé un paso» y a que «se replieguen todos en

sus cuarteles». Es el freno a la «salida» de la División Acorazada. Si mis

informadores no me engañan, esta crucial conversación JusteArmada tuvo un

cualificado testigo: el general Justi (con «i»). Sería.muy valioso oírle.

EN EL DESPACHO DE GABEIRAS

El 23-F hay en el despacho de Gabeiras, y en distintos momentos, una auténtica

concentración de generales y jefes militares. Es un frenético sonar de

telefonos, upa vorágine de emisión y recepción de noticias y órdenes, análisis

de las distintas situaciones, estudio de estrategias y operaciones posibles...

Allí, con Gabeiras, esta Armada. Están también los jefes de las Divisiones del

Estado Mayor: generales Pérez Iñigo, Arrazola, Ventosa, Bonai. Los tenientes

generales Mendívil y Lluch. Los generales de división Castro San Martín,

Esquivias, Sáenz Larrumbe..., entre otros. Los tenientes coroneles Monzón y

Aguilar y los cuatro ayudantes de Gabeiras. En el desconcierto de las primeras

horas, «algunos generales telefonean preguntando ¡rectamente por Armada...

Quieren saber por él mismo lo que está sucediendo...

Son momentos en que nadie sabe quién está con el Rey o contra el Rey, a favor.o

en contra de la Constitución».

Otra llamada importante es la del general Aramburu, desde el hotel Palace,

sugiriendo al general Armada que «emplee toda su autoridad moral para evitar una

acción de fuerza, ya que esto podría dar lugar al "cisco padre"... Sáenz de

Santa María opina lo mismo que él». Aramburu ya había telefoneado antes con la

misma demanda, pero Gabeiras estimó más eficaz, «y así se lo ordenó a Alcalá-

Galiano, entrar por la fuerza en el Congreso y liquidar la resistencia que

pudiera oponer el teniente coronel Tejero». Pero no se resuelve esa acción ni

ninguna otra.

A las diez menos veinte de la noche, cuando Gabeiras se ha ausentado del palacio

de Buenavista para asistir a una reunión de la Junta de Jefes de Estado Mayor

(JUJEM), en Vitrubio, 1, se producirá una conversación telefónica entre Miláns y

Armada, en-presencia de los generales y jefes que-están en el despacho. Miláns

propone entonces a Armada «que se constituya presidente de un Gobierno...».

Armada repite en voz alta lo que Miláns va diciéndole. En algún momento responde

que él no quiere «meterse en ese fregado» y que «¡eso no puede ser!» Cuando

llegue Gabeiras, Armada le comunicará todo lo ocurrido en su ausencia y ia

especialísima propuesta de Miláns, así como la «novedad» dada también por Miláns

de que «cuenta con el apoyo de las Regiones II, IV, V y Vil..., y que la

situación del país es grave».

Gabeiras, según un general testigo presencial, «se dejó caer en su sillón, tras

la mesa... Estaba profundamente contrariado, crispado y pálido como el azufre.

Nos miró uno por uno a los allí presentes mientras decía: "¿Qué opináis

vosotros? ¡Decidme! ¡A ver tu, Castro, ¿qué opinas tú?!" Castro San Martín

balbució algo así como que "le parecía una solución anticonstitucional...".

Algún otro general, Esquivias entre ellos, se manifestó en el mismo sentido

negativo. Pero Gabeiras acalló nuestras voces

y comentarios, porque, entretanto, había descolgado el teléfono y tenía ya al

habla la Zarzuela». En esa conversación se le desmintió que tales y cuales

Regiones Militares estuviesen en el «golpe», como Miláns había dicho a Armada.

Al parecer, también Don Juan Carlos desestimo rotundamente la propuesta de

«Armada jefe de Gobierno». Según Armada «esa conversación telefónica se mantuvo

estando soto Gabeiras en su despacho, después de habernos hecho salir a todos».

Luego diría con voz firme a Armada: «Esa proposición tuya no está autorizada.» Y

a continuación le encomendaría la misión de jr al Congreso «para rendir a

Tejero», autorizándole a «ofrecerle una salida digna, sin violencia..., incluso

un avión, para que se vaya a otro país... ¡Lo que sea!» Otra versión de testigos

presenciales plantea la escena de modo diferente: «Llegó a producirse una "quasi

votación" sobre la propuesta de formar un Gobierno de emergencia, de días, quizá

de horas..., para re-conducir la anormalidad constitucional ocasionada por

Tejero a una nueva normalidad... Ni Gabeiras ni Armada se pronunciaron y, en

disparidad de opiniones del generalato, triunfó la negativa: se vio que esa

salida era inviable, por inconstitucional, autorizándose a Armada a ir al

Congreso para rendir a Tejero, pero con expresa prohibición de proponerse como

jefe de Gobierno.»

Gabeiras (JEME), Alfaro Arregui (PREJU-JEM) y el Rey, a través de Fernández

Campos, autorizan a Armada —de acuerdo con su «documento», que voy siguiendo— a

hacer esta gestión «a título personal, sin implicar a ninguna autoridad del

Estado». La misión excede obviamente sus competencias como segundo JEME, «y no

ha de realizar gestión alguna como tal jefe, ni como enviado de nadie, sino a

título personal y según su conciencia». Para Armada se tratara «no sólo de

negociar una solución con los rebeldes, sino de buscar una salida constitucional

normal para reconducir la situación anómala creada».

En mi opinión, aquí está el quid del enredo, de la misión confusa, de la

tergiversación de mandatos o de la «impostura de conciencia».

 

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