Si el Consejo Supremo de Justicia Militar acepta las pruebas solicitadas. 
 El consejo de guerra se podría demorar durante varios meses     
 
 Diario 16.    29/09/1981.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

NACIONAL

29-septiembre-81/DÍar¡o16

LOS DEFENSORES DE LOS REBELDES DEL 23-F.

Si el Consejo Supremo de Justicia Militar acepta las pruebas solicitadas

El consejo de guerra se podría demorar durante varios meses

En las conclusiones provisionales presentadas por varios de los defensores de

los golpistas del 23-F, existe la intención de demorar la celebración del

consejo de guerra durante varios meses. Para ello, han solicitado multitud de

pruebas y careos entre Milans del Bosch y Armada, así como entre el general

Juste y San Martín. La defensa pide el testimonio del Rey, y pide la libre

absolución en todos los casos, basándose en que los implicados_obraron a

consecuencia de un «estado de necesidad».

Madrid — Los relatos de la actuación de los golpistas implicados en los sucesos

del 23-F no difieren, en general, de las declaraciones efectuadas ante el juez

por los propios implicados. Son narraciones repetitivas con un elemento común:

la consideración de la inocencia de sus defendidos en función de que obedecían a

sus superiores y actuaban «en nombre del Rey».

Otra de las características de las conclusiones provisionales de estos

defensores es que entran en tácticas dilatorias con la petición de múltiples

pruebas, así como el entronque de éstas con el intento de politizar al máximo el

proceso. Entre las pruebas solicitadas hay algunas conducentes a demostrar la

«justificación» de las causas por las que sus patrocinados llegaron a realizar

el intento de golpe de Estado.

El abogado defensor de Antonio Tejero, Ángel López-Montero Juárez, insiste en

que su patrocinado no cometió delito alguno y que, ante la figura delictiva

calificada por el ministerio fiscal concurrirán las eximentes de «obediencia

debida, real o .putativa, a través del error de hecho».

El grito de Tejero

En su relato, las únicas curiosas novedades es la afirmación fe que

Tejero asaltó el Congreso «al grito de ¡Viva el Rey! y [Viva España!» —cuando lo

que los presentes y televidentes del mundo vieron y oyeron gritar fue «¡Todos al

suelo!»—, que en el Congreso no se cerró el contacto con el exterior, que de

allí pudo entrar y salir quien quiso ,,!(sic}.

La filosofía de la defensa es que Tejero obedeció en todo momento a Milans del

Bosch y Armada, si bien no justifica la obediencia rota al segundo cuando le

propuso pasar al hemiciclo del Congreso y proponer a los diputados la formación

de un Gobierno presidido por el propio Armada.

El defensor de Tejero, dice que su patrocinado no cometió delito alguno

También afirma que del Congreso pudo salir y entrar quien quiso

Preguntado el abogado López-Montero sobre esta «reacción de su patrocinado, dijo

ayer que «cuando Armada se presentó en el hemiciclo hubo una serie de

conversaciones entre éste y mi patrocinado, cuyo contenido no coincidía con lo

expresado días antes por Armada a Tejero. Tejero estimó que él no había entrado

en el hemiciclo para que se constituyera un Gobierno de coalición, sino militar,

según las órdenes que se le transmitieron en principio».

Otro de los abogados, Adolfo de Miguel —defensor de Camilo Menéndez, Pardo

Zancada y García Carres, dijo que «Tejero podría haber salido de España cuando

se le ofreció hacerlo y, sin embargo, ha querido quedarse para que, en lo que a

él dependa, pueda esclarecerse la verdad. Así que es un acusado voluntario».

Abnegada compañía

Es precisamente Adolfo de Miguel Garcilópez el que presenta los más politizados

y curiosos argumentos en sus conclusiones. En el caso de Camilo Menéndez Vives,

dice el abogado que «al enterarse de la comprometida situación de las fuerzas

ocupantes del Congreso y, en particular, de su entrañable amigo Tejero, llevado

QUIEREN RETRASAR EL PROCESO CON PETICIONES DE PRUEBAS

El capitán de navio Camilo Menéndez Vives entró en el Congreso por «entrañable

amistad» con Tejero, según su defensor Quintana Aparicio, considera que su

defendido, el general Torres Rojas, fue un «mero observador» de su culto a la

amistad, resolvió acudir al Palacio del Congreso».

Dice también el defensor que Camilo Menéndez entró en el Congreso porque «era

relativamente fácil y expedito el acceso» y que le ofreció a Tejero «el lenitivo

de su abnegada compañía y de su afecto» y que fue «a prestar su humanitaria

colaboración y asistencia». Conclusiones similares son las que presenta en los

casos de Pardo Zancada y Garcia Carres.

Sin embargo, en las conclusiones de defensa de Pardo Zancada, el abogado De

Miguel y Garcilópez, además de repetir la argumentación genérica de los

defensores en el sentido que «estaba preparada una operación militar, impulsada

y respaldada por el Rey que comenzaría por la ocupación del Palacio del Congreso

de los Diputados», acusa la complicidad y participación de otros militares.

Alcance platónico

Esta participación, en el alegato de De Miguel, afecta a los también procesados

Más Oliver, San Martín, Torres Rojas, Milans del Bosch y Armada, así como al

general jefe de la DAC, del que dice que «prestó su conformidad a la cooperación

de esta División Acorazada a lo planeado», si bien se refiere también al

«ulterior desistimiento del general Juste, quien tras consultar con La Zarzuela

y con la Capitanía General de la región, dio contraorden, que vino a bloquear la

operación en marcha.

Según De Miguel, «la paralizante determinación del general Juste causó

perceptible decepción y desconcierto en parte del personal de la División

Acorazada», por lo que Pardo Zancada resuelve irse al Congreso con 113 hombres

«en gesto testimonial de compañerismo para compensar dé su abandono al teniente

coronel Tejero y los suyos, mediante este simple refuerzo, de utilidad y alcance

exclusivamente moral y platónico».

Insiste De Miguel en esta argumentación arcangélica al afirmar que en la

intención de Pardo Zancada estaba también «no abandonar en la adversidad a sus

compañeros ocupantes del Congreso, exuestos a ser agredidos o envueltos por

turbas incontroladas al salir del edificio».

Sobre Juan García Carres, el único civil procesado, el abogado De Miguel basa su

argumentación exculpatoria en que no podía participar en la operación por ser

ésta «de carácter exclusivamente militar y llevada a cabo por militares». Alude

también a que las conversaciones telefónicas —de las que existen cintas

grabadas, que el defensor considera «prueba no fiable ni válida en derecho»— en

las que suministró información a Tejero.

Insiste en que la actuación de García Corres fue en función de su amitad con

Tejero y para conocer éste el estado de su familia, y que las noticias

suministradas por Carres no fueron de «utilidad o apoyo ninguno a su amigo, ni

le suministra, por desconocerlas en absoluto, noticias de provecho en cuanto a

la situación del exterior que no fueran rumores o creencias, carentes de toda

realidad y seria consistencia».

Observador

Gerardo Quintana Aparicio, defensor de Torres Rojas, afirma que éste fue

informado de que se .iba a producir un «acto de apoyo a España, el Rey y la

Constitución» y que el general Armada les daría órdenes desde La Zarzuela» por

el jefe de la DAC, general Juste, quien «cree y acepta, al igual que todos, que

las ordenes provienen de S. M. el Rey». Califica Quintana Aparicio, a su

defendido como «mero observador».

Quintana Aparicio que es también defensor del teniente José Núñez Ruano, quien,

según la acusación del fiscal, contravino la orden del general Aramburu e hizo

bajar de los autobuses a los guardias civiles que habían subido dispuestos a

abandonar el Congreso. El abogado pide un careo con el general para aclarar el

incidente, en el que niega su participación.

Patriotismo

Pese a que en las argumentaciones de los golpistas aparecen siempre las razones

de «honor y patriotismo» de las conclusiones provisionales hechas públicas ayer

sólo aparecen estas palabras en las argumentaciones del abogado Antonio Muñoz

Perea, al hablar de su defendido, José Pacual Gálvez, quien se dirigió al

Congreso en el contingente mandado por Pardo Zancada.

Para argumentar el patriotismo del encausado, Muñoz Perea recuerda las palabras

pronunciadas por San Martín al concluir el asalto: «Ojalá este sacrificio sirva

para el bien de España.»

 

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