Cinco de la madrugada. 
 Milans del Bosch anula el estado de excepción en Valencia     
 
 ABC.    24/02/1981.  Página: 1,3. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

MARTES 24-2-81

Cinco de la madrugada

Miláns del Bosch anula el estado de excepción en Valencia

A la hora de cerrar esta edición, cinco de la mañana, el teniente general Miláns

del Bosch redactó la orden por la que anulaba su bando anterior, en que había

declarado el estado de excepción en la III Región Militar, restableciendo de

esta forma la normalidad absoluta. A esa misma hora el director general de la

Guardia Civil, Aramburu Topete; el genera! Sáenz de Santamaría y el gobernador

civil de Madrid, Mariano Nicolás, intensificaban sus negociaciones con el

teniente coronel Tejero, que, en ese momento, seguía al mando de las fuerzas de

la Guardia Civil que mantienen ocupado el Palacio del Congreso de los Diputados

con el Gobierno y los parlamentarios como rehenes.

A la una y media de la madrugada, el capitán general de Valencia, Miláns de

Bosch, ordenaba la retirada de las tropas a sus órdenes, que hasta entonces

ocupaban las calles de Valencia.

Era la primera reacción habida tras el mensaje que Su Majestad el Rey había

transmitido al pueblo español. Minutos antes, el general Alfonso Armada, segundo

jefe del Estado Mayor de! Ejército, abandonaba el hotel Palace, en el que se

había reunido con altos mandos militares, entre ellos el general Sáenz de

Santamaría y el director general de la Guardia Civil, general Aramburu Topete.

El general Armada había entrado en el Palacio del Congreso de los Diputados

aproximadamente a las doce y diez minutos, al paracer para encontrar una salida

a la delicada situación de los diputados que se hallaban en el Congreso,

retenidos por las fuerzas de la Guardia Civil mandadas por el teniente coronel

Tejero.

A la salida del hotel, el general Armada, fuertemente escoltado por miembros de

las Unidades de Acción Rural (fuerzas de la Guardia Civil) y acompañado por el

gobernador civil de Madrid, don Mariano Nicolás García, ningún periodista pudo

obtener declaración alguna del alto mando militar, que inmediatamente subió a un

automóvil, que partió con dirección desconocida. A la una y media habían, por

otra parte, comenzado a llegar a las proximidades del Congreso tropas militares

de la División Acorazada Brúñete en nueve «jeeps». También lo había hecho la

Policía Militar. Desde los balcones y ventanas de los edificios de la Carrera de

San Jerónimo algunas personas miraban con discreción la Sucesión de hechos que

acontecían delante del Palacio.

A esta misma hora, los rumores se habían disparado entre las personas situadas

en los aledaños de las Cortes. El más difundido apuntaba a una próxima rendición

de las fuerzas que desde las seis de la tarde ocupaban el Palacio, pero ese

rumor no pudo ser confirmado.

La situación en cualquier caso parecía más distendida. A ello había contribuido

esencialmente el mensaje de Su Majestad. También en buena medida, la lectura del

comunicado que hizo el director general de la Seguridad del Estado, don

Francisco Laina, quien manifestó que estaba en permanente contacto con-todos los

gobernadores civiles´y transmitió al país una medida sensación de tranquilidad;

sensación a la que, naturalmente, había contribuido con anterioridad el mensaje

leído en radio y televisión por el secretario general de la Junta de Jefes de

Estado Mayor, general Barrios Balan, quien se dirigió al país con un comunicado

que sólo pudo ser escuchado, ya que, al parecer, la cámara que había sido

desplazada para la grabación sufrió en el último momento una avería técnica.

Por otra parte, y mientras en el Palacio y en sus afueras se desarrollaban estos

acontecimientos, en el Ministerio del Interior se encontraba reunido, en sesión

permanente, el Gobierno de la nación, compuesto por la Junta de secretarios de

Estado y subsecretarios. Las treinta personas que forman el Gobierno en

funciones habían tenido puntual noticia de los sucesos en todas las provincias

españolas. Sólo en Valencia, al parecer, las unidades militares, luego retiradas

por orden del propio Miláns del Bosch, habían salido a las calles.

Un señalado integrante de la Guardia Civil, el general Prieto, pudo

entrevistarse con el militar golpista. Prieto, que aseguró que Tejero estaba

«muy tranquilo», afirmó asimismo que no conocía exactamente qué clase de órdenes

recibía, pero «que parecía responsable de la ocupación de las Cortes»»

Casi a las dos de la madrugada fuentes próximas a los secretarios de Estado y a

los subsecretarios reunidos en el Ministerio del Interior confirmaban el rumor

de que el capitán general Miláns del Bosch había ordenado retirar las tropas.

Por otro lado, la Junta de Orden Público de Valencia, reunida en la sede del

Gobierno Civil, reasumió a esa misma hora sus competencias pasadas a la

Capitanía General de la III Región tras el bando del capitán general Miláns del

Bosch. La situación parecía normalizarse así en la capital levantina.

Conocido finalmente el mensaje de Su Majestad, numerosos capitanes generales y

altos mandos de las Fuerzas Armadas mostraron su adhesión inquebrantable al Rey,

al mismo tiempo que significaban su escrupuloso acatamiento al orden

constitucional vigente.

 

< Volver