La ocupación vista desde dentro. 
 Guardias civiles irrumpieron por varias puertas del hemiciclo     
 
 ABC.    24/02/1981.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

NACIONAL

MARTES 24-2-81

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La ocupación vista desde dentro

Guardias civiles irrumpieron por varias puertas del hemiciclo

MADRID. El Pleno de la investidura se encontraba ayer en su fase final cuando,

inesperadamente, a las seis veinticinco minutos de la tarde, se vio bruscamente

interrumpido por la aparición simultánea, por distintas puertas, de varios

guardias civiles, la mayoría con metralletas, y un oficial con una pistola que,

en forma conminatoria, dieron órdenes enérgicas.

—¡Silencio! ¡Que no se mueva nadie y no pasará nada! ¡Todos al suelo

inmediatamente! ¡Vamos, todos al suelo!

La ocupación del hemiciclo se produjo en forma rápida y sorprendente. En ese

momento estaban cerradas todas las puertas de acceso, puesto que se desarrollaba

la votación última para conocer el resultado de la investidura del señor Calvo-

Sotelo. La votación se había iniciado hacia las seis y cuarto y el secretario

primero del Congreso, don Víctor Carrascal, que iba cantando los nombres de los

diputados uno a uno, llegaba en ese punto a don Manuel Núñez Encabo..

Se oyeron ruidos extraños en el exterior y una voz parecía exclamar: ¡Fuego!

¡Fuego!

El presidente ordenó el portero mayor y a un ujier que estaban detrás de él que

salieran a los pasillos,´,ló.que hicieron corriendo, y fue entonces .cuarido;

comenzaron a entrar-hombres armados,´ con unifórmes de la Guardia ´Civil, en el

hermiciclo, por todas las puertas. Incluso en las tribunas .reservadas a la

Prensa y a los invitados aparecieron algunos guardias. El que se quedó; en la

tribuna llevaba una metralleta, pero insistía continuamente:

—Tranquilos, que no la llevo montada. No pasa nada. No os mováis y no pasará

nada.

TIROS AL AIRE

Los hechos se produjeron con la rapidez del relámpago. Cuándo los guardias

penetraron en el salón de sesiones y dieron la orden de que todos los asistentes

al acto se arrojaran al suelo, uno de los jefes, que llevaba en la mano una

pistola, subió al estrado presidencial y apuntó al presidente del Congreso, don

Landelino Lavilla. Como se produjeron momentos de vacilación y algunas

resistencias y protestas por parte de algunos diputados, comenzaron a sonar

varias ráfagas de metralleta, disparadas al aire.

Muchos pensaron que se trataba de disparos de fogueo, pero, por si acaso, y

viendo que aquello iba completamente en serio, todos los diputados, periodistas,

invitados e incluso los miembros de la Mesa se arrojaron´ al suelo entre los

escaños, en posiciones incomodísimas. Sólo´a´los miembros del Gobierno, que

ocupaban el banco azul, que en ese momento se encontraba al completó del

teniente general Gutiérrez Mellado y el señor Rodríguez Sahagún, ministro en

funciones de Defensa, asistieron a toda la sesión, y el presidente Suárez llegó

un momento antes de comenzar la votación—, se le´s- permitió permanecer sentados

en sus escaños.

Al cabo de un cuarto de hora, durante el cual se cruzaban voces entre los

guardias que ocupaban el hemiciclo —el que se encontraba en la tribuna de Prensa

pedía que subiera alguien más allí, porque estaba solo—, se advirtió a todos los

asistentes que podían sentarse.

Al sentarnos en los escaños de la Prensa vimos que algunos estaban manchados de

polvo y al mirar hacia arriba apreciamos en el techo cuatro impactos de bala,

producidos sin duda por las ráfagas disparadas al aire.

En ese momento, uno de los oficiales que habían llegado al frente de los

guardias civiles ocupó el estrado de los oradores y pronunció una breve

.alocución:

—Permanezcan ustedes tranquilos. Que nadie se mueva y no pasará nada. Insisto,

en que no va a pasar nada. Dentro de unos minutos, un cuarto de hora o a lo sumo

media hora, comparecerá la autoridad militar competente, que dispondrá lo que se

ha de hacer.

TENSIÓN´ CON SUÁREZ.—AI cabo de un cuarto de hora, en que todos los asistentes

permanecían inmóviles en sus escaños, el diputado canario señor Sagaseta se

sintió indispuesto. Sus compañeros de escaño se lo indicaron a los guardias que

se encontraban más próximos y lo ayudaron a salir hacia los salones de la parte

alta del hemiciclo. El señor Sagaseta subió por su pie y tranquilo. Se pidió

entonces, por uno de los guardias, que se presentara el doctor Pérez de Petinto,

que es el médico titular de las Cortes y que se encontraba precisamente en la

tribuna de Prensa. Intentó salir para acudir a atender al señor Sagaseta, pero

la puerta de la tribuna de medios informativos estaba cerrada por fuera y no le

fue posible.

En ese momento uno de los diputados, don Donato Fuejo, se ofreció como médico

para atender al diputado indispuesto. Muy pocos momentos después el señor

Sagaseta regresó, por su pie y tranquilo, a su escaño, junto al señor Bandrés.

Mientras grifaban «¡Todo el mundo al suelo y no pasará nada!» dispararon ráfagas

de metralleta al aire.

Pocos minutos después se registró un momento de fuerte tensión al intentar

levantarse el presidente del Gobierno en funciones, don Adolfo, Suárez. Varios

guardias trataron de impedírselo y algunos diputados de UCD protestaron:

—¡Tienen que dejarlo salir. Es el presidente del Gobierno!

Sonaron voces de «¡Que lo dejen, que lo dejen!», pronunciadas con indignación.

Entonces uno de los suboficiales, que se encontraban con los guardias civiles,

se dirigió al presidente Suárez y le cogió del brazo. Otro guardia le escoltó

por el otro lado y entre ambos salió, por una de las puertas laterales, que dan

al pasillo curvo que recorre la parte posterior del hemiciclo.

La espera continuaba tranquila, cuando de pronto se dio orden a todos los´

invitados que ocupaban las tribunas para que abandonaran el salón de sesiones.

Poco después.hicieron lo mismo con los representantes de los medios

informativos. Pero no:se nos dio ninguna orden. Se nos dijo, sencillamente, que

el que quisiera salir podía hacerlo y el que quisiera quedarse podía permanecer

allí o en los salones.

A la salida del palacio de la Carrera de San Jerónimo se solicitaba la

identificación y la credencial a. los periodistas. A todos nos fueron retenidas

las carteras y los blocs dé notas, pero no tuvimos dificultad alguna para salir,

aunque en las verjas del exterior se nos pidió de nuevo la acreditación.

Un compañero de la SER, con quien comentábamos los hechos a la salida, decía que

había visto junto al montón de carpetas y carteras y cámaras fotográficas,

retenidas a los periodistas, algunas pistolas, seguramente recogidas al personal

de Seguridad de las Cortes o a las escoltas de ministros y personalidades que se

encontraban en el hemiciclo.

EL PARLAMENTO FUE TOTALMENTE TOMADO.— Aunque resulta imposible hacer cálculos

sobre el número de fuerzas que tomaron parte en la operación, sí puede afirmarse

que el Parlamento fue totalmente ocupado, tanto por lo que se refiere al antiguo

palacio de las Cortes como al nuevo edificio anexó. El funcionariado recibió en

ambas edificaciones aviso de que podían salir, acreditándose en la puerta antes

de abandonar el palacio.

 

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