Autor: Cebolla, Fermín. 
 Con el general jurídico del Ejército, José María García Escudero. 
 La instrucción del sumario a los golpistas está en buenas manos     
 
 Diario 16.    09/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Diario 16/9-marzo-81

Con el general jurídico del Ejército, José María García Escudero

La instrucción del sumario a los golpistas está en buenas manos

El general del Cuerpo Jurídico del Ejército, José María García Escudero, está

actuando en jurisdicción en todo el territorio nacional como juez instructor en

relación con los sucesos del 23 y 24 de febrero pasados, a raíz del asalto al

Congreso de los Diputados por Fuerzas de la Guardia Civil.

Fermín CEBOLLA

Madrid — Tras un fugaz paso por el Ministerio de Información y Turismo, cuando

lo dirigía Manuel Fraga Iríbame, promotor de la «primera apertura» que el

régimen de Franco permitió —muy pronto clausurada—, García Escudero se recluyó

en sus estudios y en sus escritos, intentando pulir y superar lo

que había dicho en su obra «De Cánovas a la República».

Fruto de muchos años de investigación paciente, de minuciosa recogida de datos

fue en 1975 «La historia política de las dos Españas», formidable equipaje en

cuatro tomos, con más de dos mil páginas y otras tantas notas. Un trabajo

superador de tensiones, sin más finalidad que propiciar la convivencia.

De ahí, que la encomienda recibida por García Escudero haya de resultarle

especialmente penosa, a él que ha dedicado media vida a otear las quiebras del

comportamiento español durante dos siglos y que, cuando desde sus cuatro

volúmenes predica los caminos por los que ha de resultar imposible la andadura,

unos disparos en el Congreso han estado a punto de iniciar una nueva cuenta

atrás en la intolerancia.

Conservadora

Hay el agravante, en los recientes sucesos, de que los Tejero y Milans del Bosch

no se sublevaban contra la España de la izquierda, como en otras ocasiones, sino

contra una España regida por —si vale la palabra— «conservadores». Es la

incongruencia del puscht de febrero. Pudo ser, también, su horror.

García Escudero, que vivió en los frentes con el Ejército de Franco la guerra

civil, llevaba en su macuto dos textos: uno, de Antonio Machado. Tres versos que

dicen: «Busca tu complementario/ que marcha siempre contigo/ y suele ser tu

contrario».

Y otro, más largo, de José Antonio Primo de Rivera: «En la derecha y en la

izquierda tuvieron que alistarse los mejores de quienes componen nuestra

juventud, unos por reacción contra la insolencia, y otros por asco contra la

mediocridad, pero al revolverse contra lo uno y contra lo otro, tuvieron que

someter el alma a una mutilación, resignarse a ver España sesgada, de costado,

con un ojo como si fueran tuertos de espíritu.» Uno y otros, recogía García

Escudero, buscaban la «España entera» que no se ve del todo si se mira de un

lado.

Liberalismo

En esos dos textos late el estímulo para escribir la historia política de las

dos Españas, de dos opuestas apreciaciones de la reciente historia nacional.

Católico de ondas convicciones recorre todas las páginas de la obra de García

Escudero un remansado aprecio por lo liberal, que no le impide duras posiciones

contra un catolicismo amparador de las guerras de religión, o contra un

liberalismo que no excluye como solución española sucesivas guerras civiles.

«Los liberales españoles —escribe— en vez de contentarse con los objetivos

limitados y los modos comedidos que acabarían caracterizando la fórmula fuera,

se opusieron al radicalismo de la derecha con otro radicalismo que no cedía nada

en ímpetu ni en ceguera.»

La consecuencia fue, según García Escudero, que los españoles se fueron

extenuando en luchas fratricidas mientras se dificultaba y retrasaba la

asimilación de las dos grandes revoluciones de una modernidad insoslayable: «La

revolución política de la libertad, primero; y la revolución social de la

igualdad, después.»

Estima también que las dos Españas han alumbrado valores concretos: en la

derecha el sentido religioso, el nacional _y. el de autoridad; en la izquierda

la apertura intelectual, la libertad política, la justicia social, y sobre todo,

la intuición de la marcha de la historia.

Discípulo de Ángel Herrera Oria, García Escudero, se pregunta, sin embargo, si

las fórmulas católicas de los años treinta, conservaban alguna vigencia con el

replanteamiento del Vaticano II sobre la presencia de la Iglesia en el mundo y

la acción temporal de los cristianos. Y su análisis, quizá también su

contestación, le hace volver hacia el liberalismo «como fórmula de convivencia,

que es a mi juicio —dice— lo esencial de él»; para definir después la democracia

como «dimensión vertical del liberalismo», mientras sitúa en la línea horizontal

todo el abanico de ideologías políticas. El pluralismo.

Cánovas

De su apretado repaso histórico, extrae García Escudero que incluso en la

formula* política de Cánovas están presentes las dos Españas, «pero no el

régimen liberal» propiamente dicho, hasta que instaura el turno pacífico de

partidos, en sustitución de lo que «hasta entonces había sido turno armado, la

clandestinidad o la emigración».

La fórmula fracasó también. Y eso que —dice Garcia Escudero- Cánovas tuvo la

gran oportunidad que sólo se ha dado otras dos veces en la reciente historia

española. «La de Fernando VIII al acabar la guerra de la Independencia y la de

Francisco Franco al acabar la guerra civil».

¿Por qué fracasa Cánovas?, para García Escudero, porque su régimen «no supo

asimilar a las fuerzas que alumbró el siglo XIX, al principio minoritarias, pero

rápidamente engrosadas». Fracasa también la dictadura de Primo de Ribera, que

quita a la Monarquía su calificativo de «liberal».

Primo de Rivera, desacredita, además, a la Monarquía, El nuevo intento de

convivencia que supone la República, con ampliación de bases (socialismo más

clases burguesas), fracasa igualmente, porque «el socialismo no comprendió que

su propio interés le aconsejaba apoyar la experiencia de la República burguesa,

en vez de dejarse arrastrar por el mimetismo ruso».

Franco arrumba todo intento liberal, mientras «bueno o malo, mejor o peor»,

el espíritu del liberalismo seguía funcionando en otros países. Y la sociedad

española ha de dar un largo rodeo de cuarenta años, desarrollando mejores

condiciones materiales, ensanchando su clase media, su voluntad colectiva de

europeización. Ensanchando, en definitiva, su «plataforma de convivencia».

Conclusión

La conclusión de García Escudero, el hombre que ahora se enfrenta mes

directamente a los hechos —y las causas— que llevan a un golpe de Estado es

ésta: «No somos un pueblo aparte, dejado de la mano de Dios. Sino,

sencillamente, una nación cuyo tránsito al pluralismo ideológico, que es la

carecterística universal de la época moderna, se ha verificado con retraso y, en

que las guerras dé religión, que caracterizaron ese tránsito en la Europa de los

siglos XVI y XVII, se han convertido en nuestras guerras civiles de los siglos

XIX y XX.»

Católico de hondas convicciones, recorre todas las páginas de la obra de García

Escudero un remansado aprecio por lo liberal.

No somos un pueblo aparte dejado de la mano de Dios —dice—, sino sencillamente

una nación cuyo tránsito al pluralismo ideológico se ha verificado con retraso.

 

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