La CEE y el golpe     
 
 Diario 16.    07/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

La CEE y el golpe

La actitud de la CEE en las negociaciones pesqueras con España ha demostrado que

el camino de Europa será muy duro y que nuestros interlocutores serán

implacables. Desaparecida la emoción del intento de golpe de Estado, la

burocracia de Bruselas volverá a cerrarse en su caparazón de egoísmos.

El pesquero es uno de los pocos sectores en el que la capacidad de captura y

nivel técnico de nuestras embarcaciones es superior a la media europea. El

mensaje enviado a través de la reducción del número de licencias es clarísimo:

reestructuren su flota disminuyendo el número de barcos y si esto significa más-

trabajadores en paro busquen ustedes la solución a sus propios problemas.

Estas intenciones eran conocidas por nuestros negociadores, pero la

Subsecretaría de Pesca y el Ministerio de Asuntos Exteriores han preferido

guardarse esta amarga verdad con no se sabe qué esperanza. La decisión final,

con más licencias que las inicialmente ofrecidas pero menos que las existentes y

solicitadas, viene, sin embargo, a demostrar la incomprensión comunitaria ante

nuestras dificultades.

El egoísmo de Inglaterra con una visión a corto plazo, la amable indiferencia

alemana y el desdén de una Francia a la que no sabemos cortejar, nos deja ante

la • frialdad de los burócratas de Bruselas.

Por nuestra parte, la negociación sigue estando rotundamente mal planteada. Se

ha pretendido olvidar las dificultades de la crisis económica, y la mira ha sido

exclusivamente la entrada en la CEE para rescatar la dignidad perdida por la

falta de «credibilidad política» del régimen franquista.

Un acuerdo a cuatro o cinco años en el caso de la pesca habría tranquilizado a

los comunitarios y proporcionado un marco de referencia en un sector tan

anárquico como el pesquero. Mientras tanto, habría continuado la renegociación

del acuerdo preferencial, procurando hacer valer nuestras buenas razones

agrícolas.

Un problema de Estado —desde Vascongadas hasta Almería—, como el de nuestro

ingreso en la CEE, con todas sus repercusiones económicas y sociales, no ha sido

objeto de un tratamiento serio por los varios Gobiernos españoles. Se ha pensado

que la creación de un Ministerio específico, o su conversión, ahora, en una

Secretaría de Estado para tranquilidad de Asuntos Exteriores, solucionaba la

falta de una política acerca de las ventajas e inconvenientes del ingreso y

sobre todo de la estrategia ante el Mercado Común.

El resultado de esta ausencia de objetivos y falta de posiciones es,

precisamente, el envalentonamiento de la Comunidad ante un interlocutor cuya

personalidad está completamente desdibujada.

Decía el «Financial Times», a través de un corresponsal en Madrid, que el

intento golpista ha demostrado que ser miembro real o potencial de la Comunidad

no es ninguna garantía contra estas intervenciones. En estas circunstancias, la

huida hacia adelante mediante el ingreso en la CEE es, por lo menos, una

responsabilidad que debe ser muy bien meditada y que no debe contribuir a

reducir todavía más la confianza de los empresarios en nuestro futuro.

En definitiva, de lo que se trata es de contar con un Gobierno adulto capaz de

encontrar la calma y la energía que requiere la deteriorada situación de la

economía de un país con el mayor «récord» de parados de Europa occidental. Esta

debe ser nuestra principal arma negociadora.

 

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