Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Francisco Laína, el hombre que fue jefe del Gobierno en aquellas horas dramáticas. 
 Así viví el golpe de Estado     
 
 Diario 16.    07/03/1981.  Página: 1,8,9. Páginas: 3. Párrafos: 25. 

Francisco Laina, el hombre que fue jefe del Gobierno en aquellas horas

dramáticas

«Así viví el golpe de Estado»

En el juicio

Mato al asesino de su hija

Bonn:

José COMAS, corresponsal

En la misma sala del tribunal, poco antes del comienzo del proceso, una madre

alemana de treinta años mató a tiros en la ciudad de Lubeck al acusado del

asesinato de su hija, un carnicero de treinta y cinco años, que ya había sido

castrado por anteriores delitos sexuales.

El proceso comenzó el pasado martes y la cantinera Marianne Bachmeier (Sigue en

pag. 24)

Durante el asalto al Congreso de los Diputados por el teniente coronel Antonio

Tejero y un grupo de guardias civiles, los días 23 y 24 de febrero pasado, un

hombre tuvo una actuación clave para desarticular el golpe: Francisco Laina,

director de la Seguridad del Estado, que fue presidente durante quince horas,

como jefe de la Junta de Subsecretarios y Secretarios de Estado que se formó en

sustitución del Gobierno, que se encontraba secuestrado. Por primera vez, Laina

cuenta su experiencia y aporta datos hasta el momento desconocidos. Sus

interlocutores fueron cinco mujeres periodistas que convocan los conocidos

«Desayunos del Ritz». Ante un café y unas tostadas Laina hizo el siguiente

relato:

José Luis GUTIÉRREZ

«La iniciativa de convocar a la Comisión de * Secretarios de Estado y

Subsecretarios fue del subsecretario del Interior, Luis Sánchez Harguindey, que

consideró que el Gobierno estaba secuestrado y había que suplir de alguna forma

el vacío de poder que se había producido. Me hizo la propuesta y hablé

inmediatamente con el palacio de La . Zarzuela, con el general

Sabino Fernández Campo y después con el Rey, que consideró que era una fórmula

adecuada. El propio Rey me indicó que era necesaria una acción muy coordinada

con la Junta de Jefes del Estado Mayor, con la que hubo un intercambio

permanente de información. Hablé constantemente con el teniente general Ignacio

Alfaro Arregui y con el propio Rey, por supuesto.»

Es secráfono

«Pero vayamos con la cronología de los hechos. Lo que no sé muy bien son las

horas; no me siento capaz de decir qué cosas pasaron a las doce de la noche o a

las tres de la madrugada. De lo único que soy consciente es de lo que pasó antes

y de lo que pasó después, pero no puedo decir a qué hora o a qué minuto sucedió

cada hecho. Yo estaba oyendo la radio, la SER, a las 6,22, con la sesión de

investidura. Escuché de repente algo que interpreté como disparos de pistola y

luego una ráfaga de metralleta. Al momento se presentaron en mi despacho mis

colaboradores y (Sigue en pág. 8.)

"Oigo que el Rey

está hablando por

otro teléfono con

Milans. Oigo que

pega un puñetazo

en la mesa y que

con voz enérgica le

ordena que

deponga su

actitud"

ASI VIVÍ EL

(Viene de la. pág. primera )

les conté que íbamos a tener trabajo Me imaginé que el problema podía ser grave,

pero en aquellos momentos no pensé en ninguna paternidad concreta para el

atentado, para los autores del asalto. Por la "malla cero", que es una línea de

circuito que enlaza directamente a los miembros del Gobierno y al palacio de La

Zarzuela en casos de emergencia en que fallan las otras comunicaciones. Llamé

inmediatamente al Rey. Y utilizamos el "secráfono" que es un aparato que

distorsiona la voz, por lo que no se pueden interpretar las conversaciones. Las

convierte en un sonido parecido al que hacen las "cassettes" en un magnetófono

cuando das a la tecla de retroceso, sonidos ininteligibles.

También de inmediato me llamaron de la Dirección General de Policía para decirme

que al frente de la operación estaba el teniente coronel Tejero, con cien o

ciento cincuenta guardias civiles. Pensé en la "Operación Galaxia", como es

lógico, y volví a dar al Rey la información que tenía. Hablé esa noche en muchas

ocasiones con el Rey Juan Carlos y con Sabino Fernández Campo, que fue un hombre

clave. El Rey me dio Órdenes muy concretas de que era necesario resolver la

situación lo más rápidamente posible; le vi siempre con una gran serenidad,

incluso en los momentos más graves de la noche, que hubo muchos.

La preocupación más inmediata era la de tener noticias de las provincias; llamé

a los gobernadores civiles y les dije que se constituyesen las Juntas de

Seguridad. La primera novedad fue la de Valencia, donde Milans del Bosch había

decretado el estado de excepción. Llamé a Sáenz de Santa Muría y a Aramburu, y

le dije a Aramburu que saliese inmediatamente hacia el Congreso; él estaba ya en

contacto con los jefes de la Guardia Civil y me dijo: «Voy a ver qué unidades

puedo reclutar y me voy para allá». A Santa María le pedí que permaneciese de

momento en su despacho y que enviase a las Cortes las unidades de Policía

Nacional necesarias.»

«Llamé al Congreso y pregunté por Tejero. Dije que se pusiera Tejero, y se puso;

no le llamé teniente coronel en ningún momento, sino "señor Tejero" y le conminé

a que depusiese su actitud. Aramburu ya se habla entrevistado con él y Tejero le

había amenazado con una pistola en la ´ mano; le había dicho que si intentaba

entrar en el palacio le pegaba un tiro y luego se disparaba él. Aramburu estuvo

a punto de sacar también su arma en aquel mismo momento, pero se lo impidió su

ayudante, el comandante Orias, para evitar una catástrofe. De alguna forma

estaban rodeados.

Pues bien, hablé por teléfono con Tejero y le dije que depusiera su actitud,

pero me contestó que no obedecía más órdenes que las del teniente general Milans

del Bosch y del general Armada, A partir de ese momento, y con los antecedentes

que yo tenía de Valencia, me di cuenta de que había una clara conexión entre lo

que sucedía en Valencia y lo del Congreso, pero a lo de Armada no le di la menor

importancia. Traté de hacer con Tejero una operación de convencimiento, pero él

se dio cuenta de que intentaba un lavado de cerebro y me colgó el teléfono, sin

despedirse siquiera; simplemente cortó la comunicación. ¿Qué le decía? Pues que

estaba solo, aislado, que no tenía respaldo militar y que me iba a ver obligado

a dar órdenes para entrar en el Congreso por la fuerza y que podría producirse

una masacre. Pero me colgó.

Llamé entonces a Milans del Bosch. También le traté como "señor Milans", nada de

."mi general". Le digo que las medidas que ha tomado no se corresponden a las de

un estado de emergencia, que el gobernador civil está privado del ejercicio de

sus funciones, y me insiste en que lo único que ha hecho es asegurar la

tranquilidad y el orden ante lo que, había sucedido en el Congreso. Yo ya tenía

delante el texto literal del bando y le repito que no se corresponde a las

circunstancias; le digo, además, que los carros de combate están en las calles

de Valencia y me miente descaradamente. Me asegura que eso no es cierto y que él

hace todo en nombre del Rey. Yo sabía que no era cierto; yo estaba hablando toda

la noche con el Rey y con Sabino Fernández Campo, y sabía su preocupación por lo

que sucedía en Valencia.

El Rey había enviado un telex a todos los capitanes generales dándoles

instrucciones muy concretas, así que le dije a Milans que yo conocía este telex

con las órdenes del Rey y que él estaba complicando las cosas. El Rey a su vez

estaba en contacto directo con Milans del Bosch. Milans me dice que él no puede

dar ningún tipo de órdenes a Tejero porque está fuera de su región militar, pero

que Armada podría hacerlo. Entonces el tema ya me dejó un poco mosca. Era la

segunda vez que me hablaban de Armada, pero tenia tantas noticias, tantas

llamadas al mismo tiempo, que no pude ni preocuparme demasiado del tema.»

´ ¿Dónde está Armada?

«Pregunté a la JUJEM que dónde estaba Armada y me dijeron que no lo sabían, pero

a las cinco y media. Armada estaba despachando con Gabei-ras. En una de mis

conversaciones con La Zarzuela comento lo de Armada y me dice el Rey que no me

fíe de Armada, que está desautorizado por él mismo y por La Zarzuela y que

cualquier postura o gestión las está haciendo a título personal y sólo bajo su

propia responsabilidad. Sabino Fernández Campo a su vez me reitera esta

desconfianza. El Rey ya se había puesto en contacto telefónico con los once

capitanes generales; a unos les llamó él y otros le llamaron cuando conocieron

la noticia.

Se produce la ocupación de Prado del Rey. Me llama Fernando Castedo para decirme

que se ha presentado un sargento en su despacho y que le anuncia que llegaba un

capitán Hablo con La Zarzuela, con Fernández Campo, y oigo cómo el Rey está

hablando por otro teléfono con Milans. Oigo también que pega un puñetazo en la

mesa y que con voz enérgica le ordena que deponga su actitud y le resume el

telex que le ha enviado. Le llama "Jaime" y habla con mucha energía. Ese telex,

el segundo que le envía —el primero es el mismo para todos los capitanes

generales- es todo un documento histórico.

El telex era una afirmación de su defensa de la Constitución Insistía en que el

Rey encarna la Corona y que es jefe de las Fuerzas Armadas. No hubo ni un

momento de duda por parte del Rey en toda la noche, aunque le preocupaba que

hubiera una masacre en el Congreso. Pero al cuarto de hora de conocer la noticia

del asalto me ordenó que, dentro del respeto absoluto a la Constitución,

buscásemos una salida lo más breve posible al gravísimo conflicto.

Teníamos un grupo de psiquiatras y psicólogos trabajando para nosotros, para la

Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios. Luís Sánchez Harguindey es

médico y conocía a algún psiquiatra y es quién pensó en la utilidad que nos

podría ofre- (continua pag siguiente)

«Llamé al Congreso y

___ ___ pregunté por

Tejero. Y se puso. No le llamé teniente

coronel en ningún momento, sino

"señor Tejero". Me dijo que no

obedecía más órdenes que las de Milans

del Bosch y Armada»

GOLPE DE ESTADO

cer un equipo de expertos. Este equipo nos dijo que a las ocho o nueve de la

mañana se iban a producir tensiones y las primeras desintegraciones entre los

asaltantes.

Aramburu había tenido un altercado con el coronel Manchado, al que había pedido

que recluía-

se a guardias civiles y se dirigiese al Congreso, pero no se presentó allí y

Aramburu ordenó entonces el arresto de Manchado.

Nos habíamos quedado en la toma de Radiotelevisión. Castedo me había dicho que

estaban entrando soldados. Me pongo en contacto inmediato con la JUJEM y con la

Guardia Civil para saber si se trataba de tropas de protección y me indican que

se trata de una unidad del destacamento de Villaviciosa y que tomaban RTVE en

nombre del Rey. Hay una gran confusión; Castedo puede hablar por teléfono sin

problema siempre con el capitán y varios soldados delante. Llega entonces a mi

despacho alguien de la Cadena SER que me dice que, puesto que no podemos contar

con TVE ni con Radio Nacional, me ofrece en nombre de sus superiores un circuito

a través de la SER para lo que pueda necesitar, por sí nos quedábamos

incomunicados. Fue realmente admirable el sentido de responsabilidad de los

medios informativos aquella noche, su ayuda fue inestimable.

Mientras, nosotros redactamos varios comunicados y la JUJEM también hizo otro.

Carlos Robles Piquer fue quien elaboró nuestros comunicados, prestó aquella

noche una gran ayuda en todo momento, como todos, asi como Luis Sánchez

Harquindey. Coincidimos todos en que era mejor hacer público pri-

mero el comunicado de la Comisión y luego el de la JUJEM para no dar la

sensación de predominio de la autoridad militar, y Alfaro Arregui estuvo

totalmente de acuerdo.

Y se pensó en la conveniencia de un mensaje del Rey, pero no teníamos

Televisión; también el Rey pensaba en esa posibilidad pero era necesario

solucionar antes lo de la ocupación de Televisión. Aramburu desbloqueó el tema y

Castedo me llamó para comunicarme que la situación era ya de normalidad, así que

inmediatamente envió un equipo a La Zarzuela y otro al Ministerio del Interior,

para grabar nuestros comunicados.

Palabras con Milans

Después del mensaje volví a hablar con Milans del Bosch y me dice lo de siempre,

que no me preocupe, que cumple las órdenes del Rey. Tenemos unas palabras

fuertes y le digo que si me veo obligado a asaltar el Congreso, él seria el

responsable en gran medida de una posible masacre. Me da la impresión de que

intentaba ganar tiempo. AÚn no me había entrevistado con Armada; me dicen que

estaba localizado, que había entrado en el Congreso para hablar con Tejero.

Pido.

a Mariano Nicolás, e1 gobernador civil, que le acompañe a mi despacho en cuanto

finalice su entrevista con Tejero. Armada le cuenta a Mariano que había

encontrado muy excitado a Tejero y que la conversación no había sido positiva.

Vienen a mi despacho y le digo a todos que se vayan, excepto Sánchez Harguindey

y Mariano Nicolás. La primera parte de la conversación transcurre de pie, y

luego ya nos sentamos. Armada me dice esas cinco frases que ya se han publicado

en la prensa. Sube la tensión, le digo que hable con Milans y lo hace desde mi

despacho, mientras, yo aprovecho para avisar a La Zarzuela que Armada estaba

allí, por si el Rey quiere hablar con él. También me llamó Gabeiras por otro

teléfono para preguntarme por él. Sabino Fernández Campo me dice que se ponga

Armada y hablan treinta segundos, pero Armada apenas pronunció una palabra. Sabe

ya que no cuenta con nuestra colaboración. Se derrumba cuando ve que no prospera

su postura. Le recriminé de forma especial que habiendo sido profesor del Rey no

le respete en ese momento.

Por otra parte, en el Congreso habíamos ido cortando teléfonos, porque los

psicólogos nos dijeron que no era conveniente el corte total; así que de los

ochenta que había, dejamos cuatro o cinco funcionando y controlados, grabando

todas las conversaciones. Cuando Milans me dice que ha hablado con Tejero, no me

constaba esa conversación en ninguna de las cintas grabadas, así que

investigamos y descubrimos que había tres cabinas, las que habitualmente

utilizan los periodistas.

Doy orden de que las corten también. Luego, quedan sólo tres teléfonos y,

finalmente, una sola línea, controlada de tal forma que había que solicitar

permiso para llamar hacia fuera, o para llamar allí, y nosotros concedíamos

permiso o no, según nos conviniera. Tejero se queda así aislado.

García Garres

«Otra cuestión que se plantea es la de García Garres. Me dicen que hay una

conversación grabada suya con Tejero, en la que García Garres le alienta, le

cuenta que lo que dice la radio es mentira, y que van para allá unidades de

Villaviciosa y Pavía. Es una conversación en tono frivolo; Tejero le dice

incluso "eso de Pavía me suena", y finalmente le comenta que quiere publicar un

manifiesto en "El Alcázar". García Carrésle asegura que él se va a ocupar de que

salga. Ordenó la detención suya y la retención de la edicion de "El Alcázar".

Preparan una segunda, muy suave, pero me llega la noticia de que están

dispuestos a insertar el manifiesto en esa edición en cuanto autoricen la

salida; así que puse todo en manos del fiscal general.

A las seis de la mañana, Milans deja sin vigor el bando y comienza la retirada

de los tanques. En cuanto a las demás Capitanías no tenemos ninguna información

anormal, excepto de Sevilla, donde se pone en marcha la operación "Alerta-2",

sin conocimiento del gobernador civil.

En la reunión con los representantes de partidos políticos les digo que estamos

pensando en" el asalto, pero que quiero oírles a ellos, aunque la última palabra

la tenemos nosotros. Voy al Palace y hay allí muchas tropas de la Guardia Civil

y pienso que es mejor que se vayan, pues si se da la orden de asalto a lo mejor

es difícil el enfrentamiento con sus compañeros del interior. En contacto con

los GEO vemos que la operación es difícil, por el blindaje y las medidas de

seguridad que hay instaladas. Sabíamos dónde estaban el presidente Suárez y los

líderes políticos, gracias a un ayudante de Suárez que salió a las cuatro y nos

lo contó todo. Pero sabíamos también que si entrábamos con explosivos los

primeros en caer serian Suárez y los líderes. Y además habría que hacerlo todo

con blindados. Me voy a la UJEM y les digo que el asalto es imposible sin

cincuenta o cien muertos y que, además, sería necesario contar con algunas

unidades blindadas.

«Y que se acerca el momento de la descomposición interna, que hay guardias

civiles que se quieren marchar. Me informan también de las negociaciones que va

a tener el teniente coronel Fuentes con Pardo Zancada, que eran amigos

personales, y Pardo cede

Dramatis personae

Estos son los personajes que Francisco Laina cita sin referir su actividad

profesional o su cargo público, datos que no han sido incluidos en el relato

para no restarle su vivacidad. En esta relación no se incluyen obviamente los

protagonistas, ya conocidos, como el teniente coronel Tejero y los generales

Milans del Bosch y Armada.

Alfaro Arregui, Ignacio: Teniente general Jefe del Alto Estado Mayor y jefe de

la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM).

Aramburu Topete, José Luís: General de división Director general de la Guardia

Civil.

Cattedo, Femando: Director general del ente público Radiotelevisión Espadóla.

Fernández Campos, Sabino: General interventor. Secretario general de la Casa del

Rey.

Gabeiras Montero, Jóse: Teniente generad. Jefe del Estado Mayor del Ejército

García Caires, Juan: Ex presidente del sindicato franquista de actividades

diversas y conocido ultra-derechista Juste Fernández, José: General de división.

Jefe da la División Acorazada Brúñete

Manchado García, Miguel: Coronel de la Guardia Civil

Nicolás García, Mariana: Gobernador civil de Madrid

Pardo Zancada: Comandante de Estado Mayor. Jefe del Servicio de Información de

la División Acorazada Brúñete.

Pía, Juan*Ex director y columnista del desaparecido diario «El Imparcial».

Quintana Lacaci, Guillermo: Teniente general. Capitán general de la I Región

Militar, Madrid.

Robles Piqíwr, Carlos: Secretario de Estado de Asuntos Exteriores.

Sicnz de Santa María, José: General de división. Inspector general de la Policía

Nacional.

Sánchez Harguindey, Luis: Subsecretario del Ministerio del Interior.

«Comenté lo de Armada al Rey y me dijo que no me fiara, que estaba

desautorizado. Sabino Fernández Campo me reiteró esa desconfianza»

«El asalto del Congreso era imposible sin cincuenta o cien muertos y además

habrían sido necesarias algunas unidades blindadas»

 

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