Autor: Cabellos, Carmelo . 
 Gutiérrez Mellado recibió el homenaje de la prensa. 
 Homenaje a un español valiente     
 
 Diario 16.    07/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Gutierrez Mellado recibió el homenaje de la prensa

Homenaje a un español valiente

Carmelo CABELLOS

Madrid — E] teniente general Gutiérrez Mellado recibió ayer un homenaje de los

periodistas acreditados en el Congreso de los Diputados —más de un centenar— y

afirmó: «He luchado por la España de la boina, de las amas de casa, por ese

señor que no conocemos y que es la España buena.» Y añadió que toda su

dedicación en estos últimos años «ha sido evitar que los españoles volvieran a

enfrentarse en una guerra civil».

«Esta es una interminable carrera de obstáculos, en la que las vallas cada vez

las colocan más altas.» Así se expresaba el teniente general Gutiérrez Mellado a

un alto cargo del Gobierno en uno de los momentos más difíciles de la primera

transición.

Este hombre de contextura de apariencias frágiles recibió ayer un sincero

homenaje de los periodistas que pululamos por los recodos . y recintos del

Congreso de los Diputados. Y este hombre gigante retuvo ayer, con toda la

contención que le era posible, la emoción. Su fortaleza frente a Tejero —que ha

sido la admiración y el respeto del mundo— se hace corazón cuando se encuentra

con las manos amigas.

Fue la expresión insistente del general, de quien está habituado a ver que lo

que hace es, simplemente, sencillamente, lo que tiene que hacer. La lección

permanente del sentido del deber.

Supo decir su emoción, en apretadas palabras salidas de templada voz. Y los ojos

se fe iban hacia el suelo cuando decía aquello de «los periodistas y los

militares tenemos que ser amigos. Espero que logréis

esa unión». Y es que los homenajes tienen siempre el agridulce sabor de las

despedidas. El general deja su puesto en el Gobierno y no puede olvidar su

sacrificio, su inmolación, al pedir el. pase voluntario a la reserva, por hacer

incompatible su actividad política —él, que tantas veces ha dicho que no

entiende la política— con su tan querida vida de las armas.

Evitar la guerra

Sus palabras, su voz queda, su mirada baja sonó, en el silencio, a testimonio

político. «A lo largo de estos últimos cinco años mi programa ha sido evitar que

los españoles volvieran a enfrentarse en una guerra civil, que no volviera a

repetirse esa guerra civil.» Y seguía, con la voz pausada: «Creo que me moriré

muy tranquilo y creo que puedo mirar con la frente muy alta y con la conciencia

de haber luchada por España.»

Era inevitable el recuerdo de los sucesos ocurridos en aquel mismo escenario, el

Palacio del Congreso -en cuyo restaurante nos congregamos junto al general el

centenar largo de periodistas

Quiso quitar importancia a ese gesto suyo que la televisión, que las fabulosas

fotos de los «Manolos» de Efe ha dejado preso en nuestras retinas para siempre:

«Yo sólo hice lo que tenía que hacer. Lo hicieron todos: el presidente del

Congreso, el del Gobierno, el ministro de Defensa, los conserjes, los camareros

del bar. Lo ha hecho España, lo ha hecho el Rey, lo ha hecho el Gobierno

paralelo, la Junta de Jefes de Estado Mayor y toda esa España que quiere

resolver tranquila sus problemas y que no quiere perder todo lo conseguido por

la locura de unos determinados señores que, lo siento en el alma, han sido

compañeros míos, y que lo son. Que a cada uno le toque lo que sea».

Su amor al Ejército saltaba en estas doloridas palabras. Y decía que tanto esta

institución como la Guardia Civil «siguen siendo los de siempre» y que debe

perdurar la amistad entre las Fuerzas Armadas y los periodistas. «Yo os pido que

trabajéis en este sentido y por España.»

Reconoció que los momentos que vivimos son «difíciles, pero si todos ponemos

algo de nuestra parte España saldrá adelante, porque España es una cosa

estupenda». Sus palabras, emocionadas, contenidas, no eran, evidentemente, un

discurso y estaban lejos de la arenga que, como militar y soldado, tantas veces

le ha tocado pronunciar.

Dejó brotar su corazón; porque se sentía entre amigos: «Este acto perdurará en

mi memoria hasta que me muera. Esto es una reunión de amigos y presidida por la

amistad». Y su obsesión por este país, por la España que quedó herida el pasado

23-F. «He luchado por la España de la boina, de las amas de casa, por ese señor

que no conocemos y que es la España buena.»

El Rey, el Ejército, la Guardia Civil, y la España buena que nosotros coreamos

en los vivas entonados con la voz firme del general. Vivas fundidos con nuestros

aplausos. Era la primera vez que los periodistas homenajeamos a un hombre

público, la excepción para un hombre excepcional de quienes somos observadores

de la cosa pública.

Todos los periodistas estampamos nuestras firmas en las primeras páginas de un

volumen sobre «El buque en la Armada Española». El libro era lo de menos.

Nosotros quisimos dejar nuestro testimonio, como también lo hicieron muchos

periodistas ausentes.

Entre los últimos, la Agrupación de Informadores Económicos. Especial

significación tuvo la cariñosa adhesión de los gabinetes de prensa de los cuatro

primeros partidos, que unieron sus firmas a un documento que valoraba el

servicio prestado a España por este general curtido, por este soldado de bien.

Y, al final, la anécdota que pasó al principio´, a la llegada del teniente

general al Palacio de las Cortes.

Gutiérrez Mellado preguntó por un ujier que la noche aciaga del 23-24 de febrero

le prestó un encendedor con el que encender los largos pitillos consumidos.

Le dijo el general que quería quedarse como recuerdo aquel sencillo mechero de

plástico, color marrón claro. Gutiérrez Mellado le regale al ujier su mechero,

un encendedor valioso.

"Mi programa ha sido evitar que volviera a repetirse esa guerra civil "

" Yo hice lo que tenía que hacer. Lo hicieron todos "

 

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