Democracia, libertad, constitución     
 
 Diario 16.    04/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Democracia, libertad. Constitución

«No, nadie va a caer en la tentación, después de los cinco largos días de

historia de España, del decíamos ayer... En la más dura prueba de la democracia

española, desde que el lunes 23 de febrero un grupo de cerca de 200 guardias

civiles al mando del teniente coronel Tejero secuestran a los representantes del

pueblo español, a esa tarde del viernes en que millones de ciudadanos se echan a

la calle en defensa de la libertad, la democracia y la Constitución, han pasado

en este país muchas cosas.»

Efectivamente, la situación política, después de estos transcendentales

acontecimientos, es como una

superficie de cristal. El mensaje del Rey, leído a los líderes, no deja lugar a

dudas respecto a esa realidad.

Frente a la oferta de Felipe González para hacer un Gobierno de coalición UCD-

PSOE, aplaudida por un sector importante de diputados del partido gubernamental,

y que hubiera encontrado un respaldo parlamentario prácticamente unánime, Calvo-

Sotelo eligió continuar con la fórmula de Gobierno monocolor que irá buscando

los apoyos precisos en cada circunstancia concreta.

Un Gobierno que, en circunstancias normales, hubiese sido duramente criticado

por su incapacidad de ofrecer una imagen renovadora del Ejecutivo. Pero las

traumáticas horas vividas han atemperado una fría acogida y el posible

escepticismo ha sido envuelto en la voluntarista decisión de no enconar una

situación que, obvio resulta decirlo, no está para juegos malabares.

Sobrevivir

La oferta del PSOE, pues, queda ahí, sobre la mesa, para una segunda etapa que

nadie, en principio, puede subestimar. Mientras tanto, la pregunta de si es éste

el. Gobierno capaz de devolver al país la tranquilidad, la confianza y ánimo

suficientes para afrontar los tiempos que vivimos, queda colgada en el vacío.

En fin, este país tiene derecho a sobrevivir en democracia. Algunos datos

alentadores de estos días quedan como flotando sobre las aguas revueltas del

fracasado golpe de Estado. Algunos ya están dichos.

Otros, como esa estampa rigurosamente nueva, de la derecha, el centro y la

izquierda unidos en todas las plazas de España sosteniendo la bandera y el

slogan de democracia, libertad y Constitución, suponen una sólida barrera contra

el miedo y la desesperanza.

El pueblo español, sus representantes, el Rey, no tuvieron miedo, sino

serenidad, borrando diferencias ideológicas y relegando a muy segundo término

sus diferencias. Todo ciudadano que merezca el nombre de tal, ha aprendido en

estos días que la Constitución es el único marco posible para poder seguir

viviendo de pie. Las enseñanzas de lo que ha pasado están muy claras. Las

consecuencias, otro´"tanto.

Tiempo habrá de examinar unas y otras. Mientras tanto, conviene que el grito de

¡Viva la Constitución! no quede relegado por nadie en el baúl de los recuerdos.

Demasiadas y demasiado graves como para iniciar un borrón y cuenta nueva en una

política que, una vez más, se define por los traumas, sobresaltos y

corporización de los viejos fantasmas del pasado, y no por el respeto a la

convivencia y a las instituciones libremente constituidas por el pueblo español.

En medio de ese marasmo y del vendaval de emociones que han sacudido hasta sus

cimientos las estructuras políticas, dos actuaciones ejemplares: La serenidad y

madurez populares en defensa de lo que ,tanto costó arrancar y la ´decidida

voluntad del Rey de preservar la democracia. Y, en medio de todo ello, una serie

de incógnitas que no parece probable vayan a poderse despejar de inmediato, un

Gobierno apresurado y monocolor (aunque no uniforme), un mensaje del Rey a los

líderes de los partidos mayoritarios que se hace necesario leer muy

atentamente, y, la nota optimista, unos síntomas rigurosamente inéditos en la

moderna, y antigua historia de España. Y dos frases antológicas: la de Landelino

Lavilla cuando dijo que hoy la frase de ¡Viva Españal no encierra un significado

distinto al de ¡ Viva la Constitución!, y la de Manuel Fraga, en la

manifestación de un Madrid que esta vez se hizo digno de su capitalidad, que

afirmó que era ala primera vez en nuestra historia que una enfervorizada

multitud no pronunció nunca la palabra muera...»

Ejemplaridad

Este cronista fue uno de los muchos periodistas que la tarde del 23 deambulaba

por los pasillos de las Cortes, iniciada la votación de la segunda vuelta para

la investidura de Calvo-Sotelo, cuando a las seis y veinte de la tarde, un grupo

de guardias civiles asaltó el Parlamento.

La televisión y la radio, en una actuación que ya está por derecho propio en

cualquier manual de ejemplaridad profesional, además de unas fotografías que han

dado la vuelta al mundo, hicieron el milagro de que aquello no quedase encerrado

dentro de las venerables paredes del palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Las horas que .duró la ocupación fueron las más duras, tensas y difíciles, y en

las que toda España se jugó su libertad, que puede recordar cualquier español de

menos de cuarenta y cinco años. Los hechos (desde la declaración del estado de

excepción por Milans del Bosch, la intervención televisiva del Rey, sus

contactos con los altos jefes militares de todo el país, la constitución de la

Junta de Subsecretarios y secretarios de Estado, las febriles negociaciones para

la libertad de los rehenes, la investidura de Calvo-Sotelo después de que el Rey

insólitamente recibiese conjuntamente a los líderes de los cuatro principales

partidos políticos nacionales y el inicio de las investigaciones judiciales

pertinentes para desentrañar una madeja de posibles e incalculables

derivaciones) son ya historia.

Una historia, sin embargo, que no se limita a la cronología de los hechos y que

va a proyectar su sombra no ya sobre los próximos meses, sino incluso sobre los

próximos años. Nada, evidentemente, volverá a ser como antes.

 

< Volver