Marque usted siete cifras     
 
 Diario 16.    04/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Marque usted siete cifras...

Marque usted siete cifras, ponga voz de hablar en serio y en cuestión de

segundos la telefonista del hotel —es decir, el carcelero de guardia— le pondrá

en comunicación con el hombre que tan sólo hace una semana ha cometido el peor

crimen de lesa patria que imaginarse pueda.

La alucinante conversación que un redactor de este periódico —pudo ser

perfectamente un golpista, aún en la sombra— mantuvo ayer con el teniente

coronel Tejero es algo más que una simple anécdota. En el hecho de que este

contacto se haya podido producir cómodamente advertimos todo un síntoma de la

debilidad inicial con que el Gobierno está afrontando la resaca del traumático y

humillante «shock» sufrido por la nación.

Mientras los presuntos golpistas son tratados como duques y reciben elogios

procedentes incluso de algún alto funcionario público, no cesan de circular

recriminaciones a la agresividad de los periodistas, la intransigencia de las

centrales sindicales, la impericia de los responsables de la lucha

antiterrorista y la ineficacia de los economistas encargados de encauzar la

lucha contra la inflación.

A este paso va a resultar que el golpe lo perpetró la sociedad civil con la

única ayuda castrense de los miembros de la antigua UMD, cuya esperanza de

amnistía ha sido ayer contundentemente yugulada.

Muy difíciles equilibrios tendrá que hacer, por cierto, el poder ejecutivo para

convencernos de que esta medida, dictada en un momento en que los propios

interesados pedían silencio sobre el tema, no ha sido consecuencia de una

imposición externa.

El Gobierno puede seguir por este camino, consistente poco menos que en pedir

perdón a los golpistas por haber desbaratado su trama, pero desde ahora mismo

auguramos que ese camino sólo desemboca en el desastre. Nada puede estimular

tanto a aquéllos, instalados en la parte aún sumergida del «iceberg»

antidemocrático, como percibir una´ atmósfera de lenidad y disculpa hacia los

execrables actos protagonizados por su vanguardia.

No queremos decir con esto que el Estado deba quedar obsesionado por la idea de

la depuración y menos aún que deba sentarse en el banquillo a nadie ajeno al

complot. Tampoco emitimos aquí ningún tipo de veredicto con relación a un

Gobierno que apenas ha tenido tiempo de replegar el tren de aterrizaje.

Lo que sí tratamos de perfilar es la más seria de nuestras advertencias. La

democracia ha triunfado en España y el golpe ha fracasado: los culpables deben

ser, por tanto, tratados como tales y el ánimo ciudadano reconstruido a partir

de una política de hechos.

Los miembros más ilustres del Gobierno de Calvo-Sotelo andan muy azarados en los

últimos días tratando de parar la oleada de simpatía que se ha desatado en torno

a la idea del Gobierno de coalición.

Es urgente que se den cuenta de que el mejor antídoto contra esa posibilidad

consiste en comportarse colegiadamente de forma que nadie eche en falta las

dosis de determinación y energía que habitualmente se atribuye a ese Gabinete

pluripartidista.

 

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