Autor: Múgica Herzog, Enrique . 
   Una semana con dos golpes     
 
 Diario 16.    03/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ENRIQUE MUGICA HERZOG

Secretario de relaciones políticas del PSOE

Una semana con. dos golpes

«Hay semanas de liquidaciones, de rebajas, de milagrosos viajes a Lourdes, de

subastas. La última de febrero ha sido la de la calamidad.» Con esté preludio

Múgica analiza algunos aspectos del golpe de Estado y lo que él califica de

«golpe de Gobierno».

No comenzó a consecuencia de un vacío de poder, como suponía el general Milans

del Bosch para justificar la sedición, sino porque la arrogancia nostálgica de

unos armados, con premeditación, y la incapacidad y/o carencia de decisión para

resolver problemas, con inconsciencia, lo permitieron.

Con un Gobierno en funciones que estaba dejando de ser lo primero para

instalarse en lo segundo, cuyos componentes primaban las imágenes sobre

expectativas para ocupar parcelas de influencia, antes que las exigidas por la

resolución para afrontar situaciones tensas, cuyas preocupaciones, expuestas por

el entonces candidato Calvo-Sotelo, no trascendían los límites de un elegante

patio de vecindad en lo internacional, y de un moroso y conservador corral en lo

interno, pocas esperanzas había para que las dificultades se superaran y

prácticamente todas para que se malograsen aún más.

Si el lunes 23 de febrero en lugar de unos diputados votando con inconsciente

complacencia, fatalismo u oposición, según los casos, hubiera existido un

Gobierno con amplios respaldos populares y parlamentarios, no hubiera irrumpido

en el hemiciclo un teniente coronel iluminado, sujetando a su voluntad mediante

la fascinación o el engaño a un tropel de metralletas despiadadas, de gritos

obscenos, de talantes achulapados o domesticados.

Estado de sitio

Algunos han dicho que más que un golpe se trataba de un ensayo general. Nada más

erróneo. Cuando un capitán general declara el estado de sitio en su región,

mientras comprometidos importantes se aprestan a ocupar los centros neurálgicos

del Estado, llegándose hasta el secuestro del Gobierno y del Parlamento de la

nación, es que ha estallado el golpe. Lo que sucede es que luego fracasa.

Aquí ya no se puede pretender, como se hizo ante la «Operación Galaxia», que nos

encontramos ante una intoxicación; que las cosas no son tan graves, como se dijo

entonces; que cuando hablábamos de la punta de iceberg exagerábamos con mala

intención, tal como se escribió y se reiteró en un diario madrileño

especializado en la incitación al golpismo, la exaltación de la, violencia, el

cuitó a la irracionalidad, la justificación de la guerra civil, la exculpación

de la delincuencia ultra... y hasta quién sabe si en la publicación de claves

vinculando complicidades.

Hemos de interrogarnos por la portada del número del domingo 22 —un día anterior

al golpe— en la que, sobre una flecha señalando el hemiciclo vacío se leía:

«Todo dispuesto para la sesión del lunes». Que no se vea en estas palabras un

talante inquisitorial —que sí lo tienen, por el contrario, colaboradores de ese

panfleto, tan integristas que convierten en progre al Concilio de Trento.

Lo que sí nos anima en todo momento, bien en la libertad reconquistada, bien

bajo las pistolas amartilladas por quienes convierten a ese diario en su Summa

Theologica, es la indeclinable defensa de la democracia y, por tanto, de la

dignidad humana.

Lealtad de las FAS

El golpe fracasó. El comportamiento del pueblo, asombrado espectador de unas

imágenes entreveradas de bufonesca aunque amenazadora violencia, y que el pasado

viernes afirmó su protagonismo en las calles de España, y la actitud del Rey,

que puso su prudencia y decisión a la altura de la historia; la lealtad de las

Fuerzas Armadas y las de Seguridad, en su conjunto, salvo excepciones aparentes

o simuladas, han contribuido, resueltamente, al mantenimiento de la libertad.

Mas ésta, ¿es firme o precaria?, ¿se consolida o puede vacilar? Tendríamos la

seguridad de lo primero si en la composición del nuevo Gobierno el sentido del

Estado hubiese prevalecido sobre las ´componendas para el usufructo de parcelas

de mando.´Lo acontecido, sin embargo, nos hace ´ ´temer lo segundo. El señor

Calvo-Sotelo y sus adláteres terminan la semana con la placidez de un «weekend»

sin volver la cabeza atrás para ver lo que pasó en su inicio, y extraer

consecuencias.

Nos recuerda, lamentablemente, aquella canción de la posguerra civil en que se

buscaba cubrir el agobio y el drama bajo las notas del «todo va bien, señora

baronesa». Aquí parece no haber pasado nada. ¿Dónde nos conduce tanta

inconsciencia, tan tremenda frivolidad? ¿Es serio que ahora, prácticamente, el

Gobierno en funciones mude simplemente la piel, con imperturbable fidelidad a sí

mismo, para recuperar las funciones de Gobierno? ¿Se llama Babia o España el

país que el «nuevo» presidente quiere gobernar?

Para Larra escribir en España era llorar. El quehacer político en la machadiana

España de la rabia y de la idea, ¿no produce, a veces, el mismo efecto? Mas a

pesar del Gobierno nos salvaremos del castizo ¡Dios nos coja confesados!

 

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