Autor: Tusell, Javier. 
   El rubor nacional     
 
 Diario 16.    27/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

JAVIER TUSELL

El rubor nacional

Tusell analiza el golpe de Tejero desde una cierta visión histórica, a la vez

que ve en ello una afrenta a todos, de la que se debe sacar decisivas

conclusiones, especialmente la clase política, porque nos han agredido a todos.

Supongo que resultará poco complaciente para quienes lo han sufrido en sus

carnes y sus personas, pero creo que el sentimiento general en España como

consecuencia del intento frustrado de golpe de Estado, no es el de exaltación al

rango de héroes de quienes han padecido. Se trata más bien de una mezcla de

perplejidad ante el atavismo repetido, de vergüenza pura y simple por la

voluntad de corrupción de palabras y conceptos respetabilísimos y, como

consecuencia de todo ello, de una vergüenza radical de que estas cosas hayan

podido producirse en la tierra que pisamos.

Marx escribió en una ocasión que a veces la historia se repite en la forma de

caricatura. El único mérito que cabe atribuir a estos pronunciados, resucitados

de hace más de un siglo, es carecer de sentido del ridículo. Quien los dirigía

no estaba rodeado por ningún aura de conspirador romántico; era un tonto

entontecido por su propia tontería.

Pulso psicológico

Un pronunciamiento del siglo XIX era ante todo un pulso psicológico. Lo sucedido

en España en febrero de 1981 también lo ha sido. Un pronunciado que se alza en

realidad no pretende conquistar por la fuerza el poder, sino más bien que éste

se rinda con la conciencia de su propia debilidad. Lo que avergüenza

precisamente es que los pronunciados de opereta hayan podido pensar en que esa

debilidad existía y hasta tan sumo grado.

Pero se ha demostrado que no. Un pronunciamiento puede triunfar ante la

oposición de un segmento importante de la población; puede tener un apoyo muy

reducido en la sociedad en que se realiza; incluso es posible que pueda triunfar

por indiferencia social. Como desde luego los pronunciados no pueden llegar al

poder es con unos compatriotas que juzgan lo sucedido como obra de

extraterrestres, de marcianos recién aterrizados; no es sólo que haya habido

incredulidad, es que se ha visto tan imposible la intentona, que ni siquiera se

ha sentido la necesidad de movilización inmediata en defensa de las libertades.

Pero, de entrada, avergüenza pensar que alguien haya podido pensar que no iba a

ser así.

Un pronunciamiento puede tener incluso un carácter menos secreto del´que con

frecuencia se le atribuye: el de Primo de Rivera se llevó a cabo casi a la luz

del día; lo que no puede resistir un´ pronunciamiento es ser «retransmitido».

De ahí el papel verdaderamente trascendental que an tenido los medios

informativos en el final, resultado feliz de cuanto ha sucedido. Pero abochorna

que los conspiradores hayan podido pensar que sin controlar estos medios iba a

ser posible su triunfo. Eso es ya un insulto añadido a quien previamente nos ha

humillado. Y no lo es menos la realidad de que se ha debido pensar (insultando)

que en la cúspide del Estado no existía esa capacidad de forcejeo psicológico

que el Rey, con su decisión, ha demostrado.

Humillados, todos

Esto ha sido, por supuesto, lo verdaderamente definitivo y lo que evita la

prolongación de los acontecimientos. Quienes los han protagonizado, han agredido

y humillado no sólo a unos diputados, sino a todos nosotros, se han mofado de

nuestra capacidad de decidir y, además, de hecho han agredido moralmente a quien

por el peso de la Historia y por decisión de todos nosotros, los españoles,

tiene la máxima responsabilidad en los momentos dificiles.

Y finalmente no han atacado sólo a personas individuales, o a una colectividad.

Lo que más excita el rubor nacional es que han abominado públicamente de alguno

de los sentimientos más nobles que el pueblo español puede tener". Es difí,cil —

será difícil—borrar la imagen de un hombre armado acompañado por´ sus secuaces

golpeando por tres veces consecutivas a un anciano desarmado que es su superior

jerárquico.

Es abominable que quienes llevan uniforme hayan sido capaces de mostrar un

comportamiento semejante al de «etarras». Y resulta repugnante su monopolio de

España: eso no es España, ni siquiera una parte.

Dictadores ha tenido España en otros tiempos no exentos de cierta grandeza; aquí

y ahora sólo ha habido tontería y ruindad.

Pero habría que añadir algo más. Ahora tendremos durante unos días un empacho de

palabras campanudas sobre el «proceso democrático interrumpido» y la «madurez

del pueblo español capaz de concluir con una amenaza fascista»,, etcétera.

Tendremos que , soportar el previsible contragolpe: frente a la agresión, la

petición de depuración indiscriminada.

Es una pedantería hacerlo, pero el autor de estas líneas quisiera recordar que

su último artículo en estas mismas páginas concluía con una cita a Hobbes:

«Donde no hay otra cosa, pintan bastos.» Ahora es tiempo de volver a advertirlo:

un pueblo puede soportar la crisis económica, la sequía, o incluso el

terrorismo. Lo que no puede soportar la libertad es el comportamiento

irresponsable de la clase política.

Porque si avergüenza lo ocurrido, no menos excita el rubor nacional el ejemplo

de ambigüedad de un partido nacionalista; el intento de vender" los votos

propios con cargo al presupuesto; el anarquismo imprevisible de un partido

conservador; la concupiscencia de poder de quien no ha ganado las elecciones;

las amenazas de salir a la calle de quien´no tiene votos o el espectáculo de las

infinitas disputas personalistas.

Siempre habrá una pequeña minoría dispuesta a ruborizarnos con sus ataques a la

democracia; no le demos motivos que también ruboricen al país. Porque en el

calendario político el 10 de agosto precede y explica el 18 de julio.

 

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