Arrestados Armada, Torres Rojas, León Pizarro y San Martín. 
 Cómo se desbarató el golpe     
 
 Diario 16.    27/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 31. 

Arrestados Armada, Torres Rojas, León Pizarro y San Martín

COMO SE DESBARATO EL GOLPE

Al menos uno de los integrantes de «Almendros» ésos que habrían de «florecer» en

primavera figura entre los arrestados.

Una de las primeras pesonas en darse cuenta, o al menos intuir el doble juego

que realizaba Armada como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, fue su

superior inmediato, el teniente general Gabeiras. Con el pretexto de que había

un gran atosigamiento de llamadas telefónicas, Armada propuso a Gabeiras

abandonar el despacho de éste en el que se centralizaban las comunicaciones con

las Capitanías Generales con objeto de establecer una doble vía de relación con

el exterior.

«Tú no te mueves»

Presintiendo ya algo anormal, Gabeiras le replica tajante: «Tú no te mueves de

aquí.»

Poco después. Armada comenzó a hacerle una serie de propuestas totalmente

inaceptables. Una de ellas consistía en que ambos se presentaran en el Congreso

para buscar conjuntamente con Tejero una salida a la situación.

En un momento dado Gabeiras propuso una variante de esta idea: la de fingir que

conectaban con los propósitos de Tejero, para seguidamente arrestarle.

Armada dudó algunos instantes y cuando ya ambos se disponían a desplazarse al

Parlamento, rehusó hacerlo: «Yo no voy. No le he mentido nunca a nadie y tampoco

voy a hacerlo con Tejero», explicó.

Armada fue arrestado ayer por la mañana, quedando así frustrada toda una

sofisticada operación

exculpatoria, organizada por él mismo y en la que se piensa que trató de

utilizar algunas de sus conexiones dentro del mundo de la información.

El teniente general Gabeiras fue uno de los grandes artífices del

desmantelamiento del golpe, al impedir que lo ocurrido en Valencia se extendiera

a otras Regiones Militares. Tan pronto como la Junta de Jefes de Estado Mayor

decretó poner en marcha la fase «Alerta 2», de la «Operación Diana», Gabeiras

inició el contacto con las diversas Capitanías, ayudándole en esta tarea el

teniente general Quintana (capitán general de Madrid) y el general Esquivias,

que habló con su hermano, gobernador militar de Sevilla.

¿Qué hacemos?

La reacción de todos los capitanes generales se resume en dos preguntas: ¿Qué

pasa? y ¿qué hacemos? Todos cumplieron sin vacilar las consignas de Gabeiras,

dándose la significativa reacción de un capitán general, que prefirió hacer una

llamada de cautela.

Este capitán general —presumiblemente Campano— había sido contactado antes por

Milans del Bosch, quien se le había dirigido a él «en nombre del Rey». Como

quiera que también Gabeiras le dijera que actuaba «en nombre del Rey», este

capitán general optó por deshacer el equívoco llamando personalmente a Don Juan

Carlos.

Este mismo dilema se le planteó también al general Caruana, gobernador militar

de Valencia, cuando recibió de Gabeiras la orden de arrestar a Milans del Bosch.

«Comprendo tus dudas —le explicó Gabeiras-. Para resolverlas, vete a ver al

teniente general Milans del Bosch, proponle que llaméis directamente al Rey y te

pones tú.»

Eso es lo que hizo Caruana, descubriendo la verdad al encontrarse con que Milans

le prohibía hablar con La Zarzuela. Entonces intentó arrestarle, impidiéndoselo

la coacción armada coordinada por el general León Pizarro, jefe de la División

Maestrazgo Número 3 y colaborador directo de Milans en la sublevación

valenciana.

Paralelamente al de Caruana, se produjo otro intento de arrestar a Milans,

protagonizado por el gobernador militar de Alicante, Leonardo López Fernández,

hombre de gran prestigio castrense y medalla militar.

«Leonardo, ¿qué haces?»

«Leonardo, ¿qué estás haciendo?», le dijo Gabeiras ante la aplicación en

Alicante de las medidas dictadas por Milans.

«Cumpliendo órdenes en nombre de Su Majestad el Rey de sacar las tropas a la

calle, aunque no veo necesidad alguna de hacerlo», vino a contestar él.

«Leonardo, eso es falso», repuso Gabeiras. «¿A quién vas a obedecer ahora?»

«Te obedeceré a ti, que eres el jefe del Ejército», aclaró el prestigioso

soldado.

«Entonces, prepárate para una misión delicada y peligrosa. Marcha sobre Valencia

y destituye y arresta a Milans del Bosch», concluyó Gabeiras.

Esa misma consigna fue transmitida al gobernador militar de Castellón, general

Ibáñez, que igualmente trató de acatarla sin vacilación.

Estos generales no consiguieron arrestar a Milans, pero sí dejaron patente ante

él que ni siquiera contaba con el apoyo de las propias tropas de la Región

Militar. Todo indica que éste fue uno de los factores que le hizo desistir de su

aventura. Gabeiras puso en marcha toda esta operación encaminada a cercar a

Milans, al descubrir que el capitán general de Valencia, con quien también había

hablado por teléfono, le había, lisa y simplemente, engañado. Milans había

fingido acatar sus órdenes, enterándose Gabeiras por otros capitanes generales

de que no era cierto.

Madrid, controlado

Para entonces, Gabeiras, en estrecha colaboración con Quintana Lacaci, ya habla

controlado la situación en Madrid. Uno de sus primeros elementos de reafirmación

había sido el contacto con la Brigada Paracaidista. A pesar de que la Unidad se

hallaba celebrando los festejos conmemorativos del XXVII aniversario de su

fundación, su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel Alonso Manglano,

prometió a Gabeiras que en hora y media sus hombres estarían listos para

intervenir «a sus órdenes y las de Su Majestad el Rey». Esi misma era la

consigna aceptada por el GEO.

Otro elemento de tranquilidad para Gabeiras fue el saber que la inmensa mayoría

de los guardias civiles encerrados en el Parlamento con Tejero estaban allí bajo

coacción y engaño. Esto fue algo descubiero por el. director general de la

Benemérita, general Aramburu Topete, hombre clave también en el desbaratamiento

del golpe.

Sobre las 6,20 de la tarde, Aramburu tuvo conocimiento de que un contingente de

guardias había salido del Parque Móvil de la calle del General Mola con

dirección al Congreso. Inmediatamente telefoneó al coronel Manchado, responsable

de tal acuartelamiento, inquiriéndole por qué había dejado salir a los

vehículos.

Ordenes superiores

«He recibido órdenes superiores», contestó.

«¿Y de quién son esas órdenes?», preguntó Aramburu.

«Del director general de la Guardia Civil y del general Armada», repuso Manchado

ante el estupor de Aramburu.

Este le dijo entonces que el director general era él y unas órdenes así debía

haberlas contrastado, y que Armada no era quien para transmitirle órdenes.

Inmediatamente añadió que debía ir al Congreso a parar a los insurrectos. «Se

juega usted la carrera», apostilló Aramburu.

Como quiera que Manchado no compareció en el Parlamento, el director general

dictó su arresto.

Aramburu se dirigió personalmente al lugar de los hechos acompañado de dos

ayudantes. Llegó a tiempo de entrar en contacto con el contigente que Tejero

había dejado en el exterior del Congreso. Al hablar con algunos guardias,

Aramburu descubrió que les habían engañado diciéndoles que se trataba de evitar

una acción de ETA.

Aramburu les ordenó que volviera a los autobuses. Más de un centenar de guardias

le habían obedecido cuando salió Tejero junto con algunos de sus adláteres.

Aramburu le conminó a que se entregara.

Tejero, pistola en mano, repuso: «Mi general, antes le mato y me pego un tiro.»

Aramburu echó mano a su propia arma, pero uno de sus ayudantes le retuvo,

agarrándole del brazo. Ante la coacción de Tejero, Aramburu no tuvo más remedio

que retirarse. Lo hizo, sin embargo, con la convicción de que los hombres que

permanecían con Tejero le irían abandonando poco a poco, como así fue.

 

< Volver