La hora de la justicia     
 
 ABC.    12/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Editorial

La hora de la justicia

«La democracia tiene que contar con el hecho inevitable de la existencia de

enemigos de la misma. No sólo de descontentos, sino también de enemigos. Y, le

guste o no, tendrá que combatirlos democráticamente, sin permitirse el lujo de

amordazarles como ellos harían de estar en el Poder.

Claro que democracia no es debilidad. Y que sobre quienes delinquen contra la

democracia puede y debe hacer caer todo él peso de la Ley. En este sentido, es

imprescindible que se haga cuanto antes justicia en torno a los recientes

atentados contra la libertad. EL proceso del 23-F debe llegar cuanto antes a su

término. Y done darse en él una lección de lo que es justicia, sin venganzas,

pero sin debilidades, sin tierras encima, sin juegos que buscan unos culpables y

camuflan otros.»

Estas palabras que escribíamos en nuestro editorial del pasado 12 de julio —y

que habían sido ya preludiadas en el mismo tono y sentido en nuestros

editoriales del 24 de febrero y el 24 de mayo— las repetimos hoy, al hacerse

públicas las peticiones del Ministerio Fiscal. No es misión nuestra el

valorarlas y ni siquiera el comentarlas. Nuestra misión de informadores concluye

con informar, respetuosamente, de ellas y dejarlas en las manos definitarias del

Tribunal que dictará sentencia.

Nos alegramos, sí, de que la Justicia española esté siguiendo ejemplarmente su

camino, de que se haya investigado con minuciosidad, exhaustivamente, sin

detenerse ante nombres ni prestigios, valorando con toda la dramática seriedad

que el caso requería la importancia de un delito que puso en vilo toda la

convivencia de los españoles y pudo asomarnos a una nueva guerra civil,

saltándose en su médula la Constitución que los españoles con plena libertad nos

habíamos dado a nosotros mismos.

Tengan sí los acusados y sus defensores toda la amplia capacidad de maniobra que

la Ley les concede,

pero sean todos ellos sometidos al´imperio de la Ley que a todos nos obliga.

. Hacer justicia no es, evidentemente, un ejercicio de venganza. No es una

apuesta por una ideología contra otra. No son ideologías lo que aquí se está

juzgando. Nadie está, en rigor, obligado a ser demócrata, pero todos lo estamos

a cumplir las leyes que la Nación se ha dado a si misma a través de sus

legítimos representantes libremente elegidos por el pueblo español.

Mucho menos se trata de juzgar instituciones. Es, por el contrario, la limpieza

de todas las instituciones lo que se busca. Y es, en este caso, la propia

institución militar quien se encargará de hacer y hará, justicia.

Por ello no contemplamos con temores este proceso. Vemos, por el contrario, en

él un camino ideal para el fortalecimiento de la plena legalidad en nuestro

país. Una nación digna de sí misma nada tiene que ocultar, nada que camuflar;

gana con la luz y las clarificaciones. Y esa clarificación final de las

responsabilidades del asalto al Parlamento es fundamental para la prosecución de

la vida democrática.

Todo ello nos lleva a la conclusión de que es un signo de salud el que este

proceso siga su camino y lo siga sin traumas. Tras las peticiones del fiscal —

que sólo son un primer paso y no pueden medirse como una sentencia— llegará la

hora de la no menos honesta actuación de la defensa y, finalmente, la sentencia

final de los jueces.

Los culpables pagarán sus responsabilidades y el país habrá sabido alejarse sin

sangre ni venganzas, pero con justicia, de un fantasma doloroso que —decíamos el

mismo 24 de febrero, cuando aún duraba el secuestro del Parlamento— «ha puesto

en grave riesgo todo cuanto en cinco años ha logrado España bajo la sabia y

pacífica dirección del Rey».

Peticiones del fiscal en el sumario del 23-F

30 AÑOS PARA MILANS, ARMADA Y TEJERO

MADRID, MIERCOLES 12 DE AGOSTO DE 1981

 

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