El golpismo reincidente     
 
 Diario 16.    25/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El golpismo reincidente

El descubrimiento de la nueva trama golpista podría hacer pensar a cualquier

observador poco ducho que en España los conspiradores crecen como setas y

nuestras Fuerzas Armadas están preñadas de aventurerismo.

Tal sensación se desvanece si se tiene en cuenta, sin embargo, que de los tres

militares detenidos, dos de ellos —Ynestrillas y Garchitorena— ya habían

protagonizado peripecias similares.

Lo inexplicable no es, pues, esta acumulación de intentonas contra la democracia

en un periodo pequeño de tiempo, sino el imprudente margen de reincidencia que

el sistema está concediendo a un puñado reducido de golpistas.

Por si no hubiera bastado el comportamiento de Tejero hace cuatro meses, quienes

asumieron frivolamente la tesis de que la «Operación Galaxia» había sido una

simple charla de café, ahora

tienen en la actuación de Ynestrillas un nuevo motivo de encerrarse a solas con

su conciencia.

Las piruetas del destino han querido que el mismo capitán general de Madrid, que

tuvo la entereza suficiente para disentir de aquella sentencia exculpatoria,

haya recolectado apenas unos meses después la evidencia de que su posición era

certera.

Menos evanescente aun es el caso del coronelliarchitorena, cuyo iníento de

asaltar el Gobierno Militar de Madrid fue denunciado por DIARIO 16 pocas fechas

después de producirse. Sólo la desidia o la falta de compromiso con la defensa

del sistema explican que este personaje haya continuado en libertad y haya

gozado de la oportunidad de lanzar de nuevo los dados sobre la mesa.

De hecho resulta muy signiticativo que estas detenciones, especialmente eficaces

en la medida en que han abortado un complot en vísperas de su puesta en marcha,

se deban al esfuerzo de la brigada especial constituida dentro de la Comisaría

de Información.

En apenas cuatro semanas, este grupo de inspectores ha iniciado una seria labor

de acoso al golpismo, estructurado en torno a personalidades y órganos de

opinión concretos, que subraya a

ún más la inoperancia de otros servicios a la hora de seguir las innumerables

pistas dejadas por el 23-F.

En la profunda irracionalidad de todos estos intentos está la explicación de la

reincidencia de sus promotores. Un señor que pretende dar un golpe de Estado en

la España de 1981 tiene que poseer necesariamente una inteligencia ofuscada y

bloqueada a cualquier autocrítica. De la misma manera que el perro de Pavlov

segrega saliva cada vez que suena la campana, el golpista cede a su paranoia tan

pronto se le quita la camisa de fuerza.

Ojalá que ninguno de los responsables de la puesta en libertad de los guardias

civiles que acompañaron a Tejero -incluidos aquellos que hicieron uso de sus

armas— tengan, por ejemplo, la oportunidad de comprobar la validez de esta

teoría.

Nosotros nos opondremos, desde luego, con todo el coraje que seamos capaces de

exhibir, a que iniciativas tan temerarias e irresponsables corno la esbozada

hace unas semanas por Pérez Escolar aumenten la nómina de reincidentes

potenciales.

El castigo de los golpistas, además de un imperativo moral, es también —como

acaba de quedar tristemente demostrado— un elemental principio de autodefensa.

 

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