Autor: Vilar, Sergio. 
   Viva el Rey demócrata     
 
 Diario 16.    28/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

SERGIO VILAR

Viva el Rey demócrata

«Don Juan Garlos I no es sólo el motor, sino el eje de la democracia. Durante

las dramáticas horas que acabamos de dejar atrás, se ha vuelto a demostrar

plenamente que el Rey es la clave de la institucionalización democrática de

nuestra sociedad.»

Seamos plenamente conscientes de la situación que hemos atravesado: el día 23

por la tarde estuvimos al borde de una matanza en el Congreso de los Diputados y

todos los españoles corrimos el peligro de vernos envueltos en una catástrofe

colectiva. La firmeza, la decisión y la serenidad democráticas de Don Juan

Carlos nos han liberado de ese negro horizonte.

No son, sin embargo, esos extraordinarios esfuerzos los primeros que el Rey

realiza en favor de la democracia. Quienes siguen atentos las actividades, las

audiencias, las visitas, las declaraciones y los discursos del actual Jefe del

Estado español, saben perfectamente que sin Don Juan Carlos no habríamos llegado

a donde libremente estamos.

El primer luchador

Sabemos que el Rey ha sido durante el presente lustro, y sigue siendo hoy, el

primer luchador por la democracia en nuestro país. El primero, no sólo por su

condición de primer magistrado de nuestra nación de naciones, sino el primero

por muchas otras razones, entre ellas por haberse encontrado constantemente a la

vanguardia de las tareas en favor de la democratización en aquellos sectores,

como, por ejemplo, algunos núcleos de las Fuerzas Armadas más cerrados, más

reacios a la construcción de un sistema regido por las libertades públicas, así

como por las responsabilidades de todos.

Desde que el 22 de julio de 1977, ante las primeras Cortes democráticas, Don

Juan Carlos proclamó que «queremos una España armónica en lo político, justa en

lo social, dinámica en lo cultural y progresiva en todos los aspectos», el Rey

ha sido —es— un gran pedagogo de la democracia, en especial, decía, respecto a

determinados miembros del estamento militar.

Al celebrar la Pascua Militar de 1978, Don Juan Carlos apuntó con toda claridad

que «hay que demostrar que somos capaces de vivir en paz, en la democracia y en

la libertad», así como pidió a los representantes de las Fuerzas Armadas

«comprensión para que los cambios tengan lugar con orden y equilibrio, sin

quedarse aferrados al tiempo pretérito».

Con motivo de la misma festividad de 1979, el 6 de enero, el Rey advirtió

seriamente: «Los peligros de la indisciplina son mayores que los del error.»

Al presidir el acto de imposición de fajas a la 75.a

promoción de Estado Mayor, Don Juan Carlos pidió, el 25 de abril de 1979, como

en otras ocasiones: «Acatar la voluntad popular manifestada con arreglo a las

leyes.»

Alevosía y brutalidad

A pesar de todo ello, por desgracia sigue habiendo militares o, más

concretamente, oficiales de la Guardia Civil, que con alevosía y brutalidad,

absurdamente al parecer desean, o por lo menos han intentado con gravísima

deslealtad, retrotraernos al siglo XIX, centuria de golpes y de contragolpes

militares que tan negativamente se prolongaron hasta las sublevaciones

militaristas de los años 1920 y 1930, principalmente en 1923 y en 1936, como

todos recuerdan.

Nadie que sea sensato, nadie que tenga aunque sólo sea un mínimo respeto a la

dignidad humana, toleraría que se hiciera una especie de retorno simbólico a los

regímenes despóticos decimonónicos, así como ningún demócrata tolera que algunos

pretendan resituarnos en la órbita de los dictadores latinoamericanos —

Argentina, Chile, etcétera—, cuya imposición desde el poder tan desastrosa

resulta para sus respectivos países.

El Rey no está solo Contra esa noche tenebrosa, el Rey no está solo. También es

cierto que la inmensa mayoría del pueblo se muestra favorable al mantenimiento,

a la consolidación y al desarrollo de la

democracia. Verdad es que numerosos sectores populares pasan por una situación

de desencanto e incluso de estupor y de frustración.

Pero desencanto no quiere decir de ningún modo nostalgia del pasado Contra las

tinieblas golpistas que nos han rondado, el Rey no está solo. Que se sepa por

todos los medios, que se sepa masivamente, que todos y cada uno de los

demócratas expresemos públicamente a Don Juan Carlos nuestra solidaridad

inquebrantable en favor de la democracia.

Que se sepa a lo largo y a lo ancho de los pueblos que forman España, por si

algunos conspiradores golpistas todavía sueñan negramente con sembrar de

pesadillas las tierras ibéricas, y para que definitivamente se quiten de la

cabeza sus sangrientos designios.

La hipótesis de que otros intentos golpistas rebroten con virulencia me parece

verosímil. Es una impresión generalizada.

Por ello es necesario que se analice con toda claridad lo sucedido, es

imprescindible que se vaya al fondo del problema de la sedición. Mientras tanto

seguimos gritando: ¡Viva la democracia! ¡Viva el Rey demócrata!

 

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