Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   El suspense de Fraga     
 
 ABC.    24/01/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

EL «SUSPENSE» DE FRAGA

Fraga al centro de la atención pública y en el centro político. Pero no solo, sino con hombres y nombres

«primum inter pares». Es decir, con figuras bien respaldadas por capacidades y «curriculum vitae» de

primerísimo orden, como José María Areilza, Federico Silva, Pío Cabanillas y otros políticos maduros, y

con el refrendo y la posible colaboración directa de jóvenes, acreditados politicamente, aunque poco

«presentados ante la opinión pública, como Luis Jáudenes, Gabriel Cisneros, Andrés Reguera, Iñigo

Cavero, Oscar Alzaga, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, por citar unos cuantos, sin que quiera decir

que todos estén con el hipotético triunvirato centrista, pero que muy probablemente pudieran estarlo. Hoy

por hoy, la «vedette> política es Manuel Fraga Iribarne, que ha recibido ayer la expectación absoluta —

con un lleno completo en el almuerzo organizado por el Club Síglo XXI—, donde una masa de

auténticas personalidades le han estrujado, como si fuera un limón, pero sin haber conseguido de

nuestro actual embajador en Londres ni precisión ni transparencia en orden a la posible asociación

centrista. Es decir, se ha mostrado muy cauto en un discurso en que ha comenzado por hacer su

autobiografía, con sencillez y donaire, dando a entender, después, su disponibilidad para ser artífice de

un grupo, amplio y denso, con otras personalidades, De concreto, por el momento, nada. Quizá el mayor

interés del almuerzo ha sido la presencia de José María Areilza, que en unas palabras breves y ceñidas se

ha mostrado dispuesto y, propicio a ser otro de los artífices del «centro», juntamente con Fraga y con

quienes se decidan a cumplir con un deber que exige dinamicidad y urgencia. Por su parte, Federico Silva

no asistió, en razón a un ineludible compromiso en Barcelona y no como creyeron Inicialmente

algunos por táctica política. Hubo presencia de varios ministros, como León Herrera, Cruz Martínez

Esteruelas y Luis Rodríguez de Miguel, pero ninguno intervino usando de la palabra. Hablaron, en

cambio, Pepe Solís, Tomás Garicano, Alfonso Osorio, José María Velo Antelo y algunos asistentes

más, exponiendo variados puntos de vista en torno a las intenciones y propósitos de ese «centro» político

que, aun antes de nacer, tiene como progenitores —por lo que parece— o Fraga, Areilza y Silva. Que los

tres cuentan con el Impulso y las esperanzas del presidente del Gobierno, no hay duda. Y quizá —ya se

verá en su día— con la asistencia de una gran parte de la opinión pública. Pero insisto en lo que he

escrito alguna vez.

El éxito del «centro» será efectivo sí tiene un balón para jugar y un equipo enfrente al suyo. Sin el uno y

el otro, todo lo más que podrá hacer es entrenarse sin ilusión de futuro alguno.— ARGOS.

 

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