Autor: Domingo, Xavier. 
   La disciplina     
 
 Diario 16.    28/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

XAVIER DOMINGO, LA NACIÓN

La disciplina

Sin disciplina^ no hay Ejército. Esto los militares lo tienen muy claro y los

que hemos hecho el servicio militar lo retuvimos como la lección más evidente,

simple y palpable de la buena relación entre las armas y la nación.

Hace unas semanas tomé unas copas con dos oficiales del Ejército de Tierra en

una ciudad riojana. Dos hombres de extrema simpatía e ideas claras. Lo que

retuve de la conversación con estos dos soldados fue la frase de uno de ellos:

«Generalmente el Ejército es mal conocido. Por supuesto, no comulga con la

izquierda. Pero sean cuales sean las ideas personales de sus componentes, lo

esencial es la noción profesional de disciplina.»

Estos dos oficiales, y otros muchos como ellos que como se ha demostrado estos

días configuran a nuestras Fuerzas Armadas, son de los que infunden respeto por

el Ejército que la nación necesita.

Casos de traición

De esta filosofía vertebral del Ejército, cabe deducir que, desde el punto de

vista estrictamente militar, una falta, en la disciplina, y sobre todo, una

falta grave, ataca consustancialmente a la institución militar y mina la

relación entre las Fuerzas Armadas y la nación, que ha de basarse en la más

libre de las confianzas.

En este sentido, las faltas graves de disciplina, como las que la nación

estremecida ha contemplado estos días, pueden llegar a ser más nefastas que los

casos de traición.

La nación pone en el Ejército la custodia de sus armas. La confianza en las

manos que empuñan las armas ha de ser, pues, absoluta.

Tal es el sentido de los reiterados mensajes de S. M. el Rey, Jefe de los

Ejércitos, a los soldados de la nación. Tal es la filosofía puesta en práctica

por el inmenso y disciplinado Ejército español que ha detenido la acción de

cuatro soldados sin noción exacta de la disciplina. Eso es lo que han dicho en

sus importantísimos discursos los capitanes generales que han asumido el mando

de las Regiones III y IV, después del golpe de mano de estos días.

Delante de toda la nación, un teniente coronel le puso las manos encima, tras

amenazarle a punta de pistola, a un teniente general. Fue la cúspide del montón

de escandalosas indisciplinas que el Ejército y la nación soportaron el 23 y el

24 de febrero. Esas imágenes han quedado grabadas en la conciencia de todos,

civiles y militares, como una humillación insoportable, como un escupitajo en la

cara.

Resistir y vencer Fue, a mi humilde entender, lo que nos precipitó a todos en la

mayor tristeza, en la desesperación y en la voluntad de resistir y vencer. Pero

aún es más importante el sentido de disciplina, profundo y fuerte, puesto en

práctica, puesto en acción, por dignísimos hombres de armas que tuvieron a su

cargo, a las órdenes del Rey, la reducción del puñado de indisciplinados.

Esta voluntad de disciplina, de obediencia al Rey y de fidelidad a la

Constitución puestas en práctica por la inmensa mayoría de los hombres del

Ejército, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional deben cerrar la puerta a

todo catastrofismo.

La victoria de la disciplina al servicio de la Corona y de la Constitución ha

sido también, pero éste es otro tema, una firme esperanza de victoria contra el

proceso desencadenado por ilusos revolucionarios leninistas contra el sistema de

libertades que hoy más que nunca garantizan las armas de la nación.

 

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