Tejero, en ABC     
 
 Diario 16.    13/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Tejero, en «ABC»

Sin que, por supuesto, mediara intención de causar ese destrozo, el diario «ABO

ha propinado un rudo golpe al planteamiento que inspiró la llamada ley de

Defensa de la Democracia. Al publicar el lamentable artículo del señor Tejero,

el colega de la calle de Serrano ha colocado al poder político en el poco

confortable brete de proceder, a través del ministerio fiscal, contra un

rotativo que, evidentemente, apoya la legalidad constitucional desde una valiosa

posición conservadora o sentar un peligroso precedente de impunidad.

La publicación del largo manifiesto exculpatorio del señor Tejero constituye una

clara apología del golpismo, prácticamente equiparable a la inserción en el

diario «Egin» de un hipotético texto de Iturbe Abasólo titulado «Por qué mato

guardias civiles».

Todos sabemos, de hecho, que en el ánimo del legislador que elaboró las medidas

aprobadas hace dos semanas pesaba la idea de evitar que el diario «El Alcázar»

pudiera publicar artículos de idéntica significación y exacto calibre al

difundido por «ABC».

La justificación aducida en el editorial que acompañaba el sábado a la rúbrica

de Tejero es, probablemente, tan sincera como errónea. Alega «ABC» que se trata

de «no amordazar a nadie». La aplicación del principio sería ya discutible si

Tejero fuera simplemente un «golpista potencial» más, agazapado en espera de su

oportunidad; pero resulta suicida cuando todos hemos sido testigos de sus actos.

El liberalismo debe ser, ante todo, una actitud pragmática ante la vida y no

puede reivindicarse cuando la explicitación de una infinitesimal parcela de la

libertad puede hacer saltar por los aires todas las libertades en su conjunto.

Es Tejero quien se ha «amordazado» a sí mismo al cometer un crimen de lesa

patria y situarse al margen de las reglas de juego fijadas por todos en la

Constitución.

La publicación del artículo de Tejero es, cuando menos, un gesto temerario, pues

bien conoce la dirección de «ABC» las proclividades de algunos de sus lectores,

como consecuencia de ciertas reacciones suscitadas por su propia trayectoria

ecuánime y democrática de los últimos años. Avalando con su bien acumulado

prestigio la firma de Tejero, «ABC» ha sentado, además, un peligroso precedente,

al amparo del cual puede florecer todo un aparato propagandístico —con

derivaciones de negocio— dedicado a la exaltación de la figura del estrafalario

teniente coronel.

No es nuestra intención zaherir al «ABC» con el análisis de su error. Todos nos

equivocamos, y otras veces nos ha tocado y nos volverá a tocar a nosotros

entonar el «mea culpa».

De lo que se trata es de ver .si es posible proteger a nuestra democracia de

este tipo de riesgos, sin que ello implique merma alguna de la libertad de

expresión. Para ello sólo existe una respuesta: autocontrol.

Estamos seguros de que «ABC» no habría publicado el artículo de Tejero si los

editores y directores de los principales periódicos hubieran discutido

previamente en torno a una mesa los márgenes de contribución de la prensa a la

estabilidad del sistema en un momento que, como bien subrayó el rotativo

monárquico, es de la suficiente gravedad como para que se publique un escrito

con la inusual rúbrica genérica de «el director de "ABC"».

Se constituya o no el tan traído y llevado Consejo de Prensa, pensamos que la

sociedad española se merece ese inmediato esfuerzo de reflexión colectiva por

parte de los medios de comunicación.

 

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