España sale a la calle     
 
 Diario 16.    27/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

España sale a la calle

«¡ A la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos,

anunciamos algo nuevo!»

Nunca los versos den un poeta vinieron tan a cuento como estos de Celaya ante la

manifestación convocada para hoy.

Se trata de la gran cita de la España ancha, pacífica, dialogante, convivencial,

serena —quizá demasiado bienintencionada e ingenua— con objeto de rendir

testimonio de su existencia, frente a las minorías violentas que nos quieren

robar la felicidad y las libertades.

La convocatoria la suscriben desde Manuel Fraga hasta Santiago Carrillo y va

dirigida a todos nosotros. Se trata de una vasta llamada a la voz, la razón y la

palabra, contra la sinrazón, la ira, el odio y la violencia ciega.

Un único lema —«por la libertad, la democracia y la constitución»— presidirá

este multitudinario alegato contra la humillación, que se nos ha inferido como

pueblo.

Españoles, madrileños, la Patria ha estado en peligro —tal vez continúe

estándolo— y nuestros representantes han tocado a rebato, al igual que sucediera

en otras ocasiones históricas. No es una llamada a las armas, sino una llamada a

la fraternidad y la paz.

Démonos, pues, todos las manos, cojámonos del brazo, salgamos a Ja calle y

reafirmemos nuestro deseo de que nunca exista otro poder sino el elegido por

todos los ciudadanos al servicio de la razón.

Los otros militares

¿Cuáles serán las penas que se les impondrán a Tejero y demás compañeros de

aventura? ¿Qué cargos se formularán contra Milans del Bosch? ¿Cuál será la

actitud del poder político para con Armada?

El hecho de que éstas sean las preguntas que lógicamente se agolpan en todas las

mentes y brotan en todas las conversaciones, no debe confundirnos en cuanto a la

actitud global de las Fuerzas Armadas en la dura encrucijada que acabamos de

superar.

El Ejército no estaba con los golpistas, porque si lo hubiera estado ni siquiera

el carisma del Rey habría podido evitar la catástrofe. El Ejército estaba con la

legalidad constítuciónal y con la democracia y por eso se aislaron tan

rápidamente los focos de la insurrección y se pusieron en. marcha los mecanismos

para reprimirla.

Nunca eos cansaremos de condenar los execrables comportamientos de los

golpistas, pero a su lado estos días nos proporcionan también actitudes

militares y de las Fuerzas de Orden Público que refuerzan los lazos de la

institución castrense con el pueblo.

No olvidemos, por ejemplo, que la primera imagen de reacción al golpe es la de

la Policía Nacional cercando a los hombres de Tejero. No olvidemos, por

supuesto, la gallardía del teniente general Gutiérrez Mellado encarando a

quienes mancillaban el honor de España. Y no olvidemos, tampoco, en otro orden

de cosas, los estupendos discursos —modelo de racionalidad y precisión—

pronunciados ayer y anteayer por los tenientes generales Arozarena y Pascual

Calmes al tomar posesión de sus nuevas Capitanías. He ahí, pues, unos cuantos

símbolos de esos otros militares, de esa inmensa mayoría de hombres de armas que

cumplen con su deber al servicio de la Patria.

 

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