Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Lo evitable y lo inevitable     
 
 Diario 16.    25/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA

Catedrático de Derecho Político

Lo evitable y lo inevitable

Jiménez de Parga considera que «después del 23-F se ha procedido a la

interpretación menos severa, entre las posibles, de las normas jurídico-penales»

y que esta debilidad ha engendrado el asalto al Banco Central. En su opinión, lo

grave no es que se produzcan sucesos dramáticos que de hecho surgen también en

otros países, sino que no se pongan los medios para evitar aquello que resulta

evitable.

En todo suceso de la especie repugnante del asalto a un banco y ocupación del

mismo con docenas de rehenes, hay que distinguir los factores que lo convierten

en suceso inevitable, humanamente hablando, de aquellos otros factores que los

configuran como consecuencia de errores que debieron evitarse y no se evitaron.

En cualquier país del mundo se registran acontecimientos graves, incluso tan

inciviles y crimínales como el de este fin de semana en Barcelona. Los locos no

son producto exclusivo de una civilización determinada ni de una raza. Sin

embargo, las naciones qué funcionan bien se destacan sobre las que marchan mal

porque en las primeras no se cometen las equivocaciones que favorecen las

manifestaciones de barbarie.

Rigor legal

Este 23 de mayo ha venido después de un 23 de febrero. Insistir en esta sucesión

de jornadas negras, en las que un puñado de fanáticos hielan el alma democrática

de España, no es accidental para la valoración de lo que nos ocurre,

Aceptemos que el 23-F fallaron estrepitosamente los servicios de información de

un Estado-europeo-198J Aceptemos que se maniobró tan . hábilmente que nadie

sospechó, en los despachos oficiales, que nos encontrábamos al borde del abismo.

Aceptemos que los hábitos triunfalistas del pasado reciente son difíciles de

desarraigar: «Yo controlo esto..., yo cuento con la adhesión de aquéllos.»

Serías dudas

Con criterio político generoso puede exculparse la cadena interminable de

fallos. Pero una vez superado el trance y conocida la amplitud de la

conspiración, sólo una rigurosa aplicación de la ley debía colócarnos al nivel

de las naciones en las que, cuando algo trágico sucede, hay que calificarlo de

inevitable.

Después del 23-F se ha procedido a la interpretación menos severa, entre las

posibles, de las normas jurídíco-penales. El profesional del Derecho sabe que un

sumario puede instruirse de varias maneras, todas ellas acordes con la ley. Una

serie de facultades discrecionales permiten tramitar el proceso con dureza o

agotar la benevolencia con los encausados. Para quienes desconocen estos matices

del derecho procesal, la apariencia cuenta mucho. Por ello, la opinión pública

abriga hoy serias dudas de que el comando que tomó el Congreso de los Diputados

y los que les apoyaron desde fuera hayan sido objeto, precisamente, de unas

actuaciones judiciales rápidas y cargadas de severidad.

Después del 23-F se han flexibilizado los mandatos terminantes de las Reales

Ordenanzas para las Fuerzas Armadas (aprobadas por ley de 28 de diciembre de

1978), ya que, como se sabe, el artículo 34 de las mismas señala el límite al

cumplimiento de las órdenes superiores: «Cuando las órdenes entrañen la

ejecución de actos que manifiestamente sean contrarios a las leyes y usos de la

guerra, o constituyan delito, en particular contra la Constitución.»

Eco favorable

Después del 23-F el golpismo encontró eco favorable en círculos de la «clase

dirigente», tanto en la fracción de la misma, integrada por políticos, como en

la de los poderosos que se revisten con otros ropajes, incluidos el confortable

del apoliticismo. Los que mandan en España, salvo honrosas excepciones, no han

dado la réplica democrática adecuada el bochornoso espectáculo de la Carrera de

San Jerónimo, que tan tristemente ha desdibujado nuestra imagen en las

televisiones de todos los continentes.

Frente a algunos poderes fuertes no se ha ofrecido fortaleza. Frente a los

enemigos de la democracia no se han abierto las puertas a les españoles que se

formaron en la lucha por la democracia. El golpismo continúa como clima

dominante. De vez en cuando, como este último sábado en Barcelona, se produce la

explosión de lo que se incuba día a día gracias al amparo de los errores, de las

visiones cortas, de la inconciencia, cuando no de la complicidad.

No son sucesos inevitables. En 1981, los Estados modernos cuentan con

instrumentos eficaces para que la democracia, que sale de las urnas electorales

con apoyos abrumadores, se consolide como modo de vida de los hombres y los

grupos de una comunidad histórica que mayoritariamente cree en ella y en ella

confía.

25-mayo-81/Diario

 

< Volver