Autor: Guerra González, Alfonso. 
   Los papeles de la División     
 
 Diario 16.    04/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

OPINIÓN

4-mayo-81 Díario16

ALFONSO GUERRA

Vicesecretario general del PSOE

Los papeles de la División

Con posterioridad a la conferencia que pronuncié el 23 de marzo en cuanto a los

criterios que sostengo respecto a la situación política creada por el golpe de

Estado fallido, se ha producido un hecho ante el que creo debo manifestar mi

opinión.

Como hombre público, como responsable del partido mayoritario de la oposición,

no creo que sea una actitud conveniente ni responsable hacer oídos sordos al

contenido de los llamados «Papeles secretos de la División Acorazada» aparecidos

en este diario hace ya unos dias. Meter la cabeza debajo del ala como acostumbra

hacer el partido del Gobierno en casi todos los temas, además de no ser una

actitud gallarda, es una práctica pésima, pues los problemas en lugar de

superarse se enquistan, se agigantan y se envenenan,

Sin prejuicios

Los llamados «Papeles secretos de la Acorazada» tienen interés porque a través

de ellos aflora un supuesto estado de ánimo de ciertos sectores de nuestras FAS

que conviene analizar sin prejuicios, con el deseo de entender, para así poder

enjuiciar esas posturas lo más objetivamente posible y afrontarlas con actitud

constructiva y decidida.

Lo primero que uno se plantea, ante la existencia de esos documentos, es su

validez. En todos los Ejércitos existen Secciones de Información, una de cuyas

misiones es descubrir posibles elementos perturbadores del buen funcionamiento y

exacto cumplimiento de las misiones que las FAS tienen encomendadas con el fin

de que dichos elementos puedan ser neutralizados.

Sin embargo, a la vista de los resultados, el actual sistema de transmisión de

dichos informes es inadecuado e ineficaz. Inadecuado porque lejos de cumplir una

función investigadora, por el actual procedimiento de comunicación escalonada a

través de la línea de mando en lugar de utilizar uno vertical directo , su rigor

y exactitud se va difuminando convirtiéndose en un mero cauce inapropiado

de opiniones anónimas, cuando no de meros estados de ánimo, y, consecuentemente,

ineficaz´ porque los eventuales elementos perturbadores no son susceptibles de

ser localizados y, por tanto, de ser adecuadamente neutralizados.

En resumen, aunque no hay objeción al hecho en sí de que existan informes cuando

éstos modifican inadecuadamente su sentido y su finalidad y además se convierten

en ineficaces para ser utilizados como instrumentos de corrección

ya que en ninguno de dichos informes se acompaña medida alguna para paliar la

situación , hay que concluir que tal como se realizan son claramente

inapropiados e inválidos.

Su invalidez viene reforzada por el hecho de que ni siquiera sirve como

procedimiento de conocimiento del sentir de los hombres de las FAS acerca de su

problemática profesional, sino que por el contrario se convierte en un conjunto

desordenado de juicios de valor sobre los temas ´más variopintos de difícil

cuantificación a través de apostillas como «es opinión mayoritaria».

Pero, es más, tampoco es válido el sistema como mero cauce de opinión. Y no lo

es porque en las organizaciones muy jerarquizadas y piramidales como son los

Ejércitos en cualquier parte del mundo, las consultas de arriba abajo no son

fiables por la influencia decisiva que ejerce la superioridad sobre los

escalones inferiores y por la alta influencia que ejerce el ambiente sobre aquel

a quien se consulta a través de un procedimiento como éste.

Encuestas

Sólo serían fiables, pon-derables y representativos del sentir general de Jos

hombres de las FAS los resultados que pudieran establecerse a través de una

encuesta realizada con todas las garantías metodológicas y de secreto que la

sociología contemporánea

ofrece y que desgraciadamente, que nosotros sepamos, no ha sido realizada hasta

la fecha por ningún

titular del Ministerio.

Por tanto generalizar

sobre la opinión de los hombres de las FAS sobre la base de dichos documentos

sería temerario e improcedente; no obstante, dichos documentos existen, han sido

redactados y, aunque difícilmente ´ ponderables, suponen el reflejo más o menos

sesgado de un sector de dicha División Acorazada, y sería una frivolidad

trivializar sobre ellos, quitarles toda importancia o actuar como si no hubieran

existido.

Lo primero que llama desoladoramente la atención es la vivencia negativa con que

afronta ese sector su posición en la sociedad.

Hay un sentimiento de frustración, de marginación e incluso un sentimiento de

persecución que, aunque sin ninguna justificación, resulta preocupante, porque

siempre ha de ser preocupante que cualquier sector de la sociedad, por

minoritario que sea, se pueda sentir aislado en un ghetto, aunque ése sea

imaginario. Objetivamente no hay nada que autorice ´a hablar con seriedad, en la

España actual, de que haya existido una actitud de hostilidad generalizada

contra las FAS y, sin embargo, en esos escritos se advierten obsesivamente

tremendas lamentaciones del estilo de: «se pretende destruir a las FAS»,

«depuración indiscriminada y absoluta», «vejación al Ejército», etcétera.

Por el contrario, cualquier observador imparcial de la realidad certificaría el

gran respeto e importancia que el sistema democrático español ha dado a las FAS

en su ordenamiento constitucional, superior a cualquier otra en el mundo

occidental; el gran interés que los te´mas militares suscitan y el respaldo

moral que las fuerzas políticas han dado de continuo a los Ejércitos, en

especial en las tristes horas en que han sufrido criminales atentados

terroristas.

Lo cierto es que, por paradójico que pueda parecer, ese sector de las FAS, ese

minoritario número de conciudadanos de los que nos venimos ocupando en el

presente artículo, se coloca inconscientemente quizá en un ghetto imaginario,

cree vivir la realidad actual psicológicamente con más dramatismo que los

cientos de miles de trabajadores en paro y tiende a creer más legítima su visión

que la de los millones de votos que sustentaron la Constitución, que la de los

millones de votos que apoyan a los partidos políticos y a las centrales

sindicales, que la de los millones de personas que en repetidas ocasiones y

recientemente han respaldado ordenadamente v en la calle a las instituciones

democráticas.

Desproporción

Frente a esta desproporción inmensa, el fenómeno de la abstención en algunas

confrontaciones electorales,, la influencia de la propaganda política, con los

que se quiere contraargumentar para invalidar la legitimidad de la voluntad

popular, desde posiciones ultraderechistas, no son de recibo para ninguna

persona razonable.

Frente a esa desproporción, tampoco se sostiene esa predisposición cou que estos

sectores minoritarios y no cuantificados de las FAS, que se expresan a través de

los documentos anteriormente citados, tienden a justificar por el amor a la

Patria acciones fuera de la legalidad contra el parecer mayoritario, ya que eso

supondría que unos pocos poseen el monopolio exclusivo del patriotismo; aspecto

éste que, con un sucinta repaso a nuestra historia, se desmorona por sí solo, ya

que miles y miles de antepasados nuestros de toda condición e ideología han dado

sus vidas por defender a España a lo largo de los siglos.

El que no les asista ninguna razón de peso a esas minorías que viven

dramáticamente separadas del resto de la sociedad no puede hacer disminuir

nuestra preocupación ante esta situación, y debe obligarnos a todos, en especial

al Gobierno y a los jefes de las Fuerzas Armadas, a encontrar los medios para

establecer la comunicación y la tolerancia en ambos sentidos, para evitar que se

nos cuelen de nuevo de rondón espontáneos salvadores «bienintencionados».

Mientras esa comunicación, que nunca se debió romper, se restablezca, que cada

cual asuma sus papeles con coraje y no se escude en mixtificaciones de ningún

tipo, ni en manipulados corporativismos. El Ejército, que en tan alto lugar

coloca el orden, la disciplina e incluso la eficacia, no puede aceptar que se

vulneren dichos valores en su propio ámbito, so pena de perder su propia

identidad y el amor de su pueblo.

Y el Gobierno de la nación no puede permanecer impasible ante prácticas como las

que hemos analizado, porque con ello estaría favoreciendo actitudes contrarias a

la convivencia y a la paz, con lo que podría convertirse en cómplice de una

acción contra los valores de la justicia y la libertad.

 

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