Autor: C. E. R.. 
   Se pretendió presentar a la corona un hecho consumado     
 
 Pueblo.    26/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

SE PRETENDIÓ PRESENTAR A LA CORONA UN HECHO CONSUMADO

Tejero fue escogido para asaltar el Congreso y presentar la acción como algo

aislado y hasta grotesco si fracasaba la intentona

Los principales objetivos perseguidos eran suspender la Constitución y

neutralizar a Don Juan Carlos en la Zarzuela

Los sediciosos confiaban que, en la fase militar inicial, se les sumaran las

regiones importantes

MADRID. (C. E. R.)—En la mañana de ayer, Madrid era un hervidero de reuniones y

rumores, sin que estos últimos se vieran luego confirmados en el terreno de los

hechos. Reuniones, eso sí, a, todos los niveles y, en su mayor parte,

encaminadas al esclarecimiento del fallido golpe de Estado, prestándose gran

atención a las palabras de Pascual Calmes, al tomar posesión, ayer mismo, de la

Capitanía General de Valencia, tras el fulminante cese del general Miláns del

Bosch. No pudo ser más claro y terminante Pascual Galmes, militar cuya actuación

al frente de la Capitanía General de Cataluña durante el reciente golpe de

Estado ha merecido altísimos elogios, por la transparencia y rectitud de su

proceder.. En Valencia, Pascual Calmes expresó su fe en el futuro de la Patria,

recordó la fundamental virtud militar de la «obediencia, que hemos practicado y

practicaremos», reafirmó su apoyo a la Constitución vigente «libremente aceptada

en referéndum por el pueblo español», y, por si quedaba alguna duda,-sugirió la

conveniencia de irse adaptando a los tiempos actuales y a los futuros.

PUNTOS CRÍTICOS

Sobre los hechos del lunes y el martes, empieza a tenerse una perspectiva

válida, por supuesto que aún con notables lagunas. Al menos, se conoce la

dimensión del golpe de Estado, los objetivos del mismo y la estrategia de los

sediciosos. Se puede asegurar también que la Junta Civil de Subsecretarios y

Secretarios de Estado

que asumió el poder ejecutivo por instrucciones del Rey mientras duró el

secuestro del Gobierno fue de una extraordinaria eficacia, en buena parte debido

a la energía, serenidad y buenos reflejos de su presidente, Francisco Laína,

director de la Seguridad del Estado.

Según parece, los puntos más críticos de la actuación de la Junta fueron la

entrevista, a puerta cerrada, entre Laína y el general Armada, de cuya actitud

favorable a los ocupantes del Congreso habían llegado rumores, y las

conversaciones telefónicas para impedir que algunas vacilaciones de altos mandos

militares pudieran decantarse en sentido negativo.

A partir de la media tarde del martes, era tremenda la conmoción en los medios

políticos por los rumores sobre la destitución del segundo jefe de Estado Mayor,

general de división Alfonso Armada, a quien inicialmente se había tenido por

negociador entre el poder legal y los sediciosos. Hay que tener en cuenta que el

general Armada fue, en tiempos, secretario de confianza de Don Juan Carlos y

siempre se le tuvo por hombre extremadamente fiel a la persona del Rey, con

independencia de sus criterios políticos personales.

. Según determinados medios informativos, hubo, asimismo, vacilaciones en las

Capitanías Generales de Zaragoza, Valladolid y Sevilla. Y se comentan las

«desapariciones» de algunos militares de alta graduación de la Capitanía General

de Madrid, cuando eran convocados por la Junta Civil para alguna gestión

concreta. Esos medios consideran que el fallo de golpe de Estado se produjo en

la famosa división acorazada, por vacilaciones y diferencias de criterio de sus

jefes.

LA ESTRATEGIA

DE LA

«GALAXIA-DOS»!

En suma, existe la opinión general de que la «Galaxia-dos» ha sido realmente

grave, y ni mucho menos la simple actuación de un teniente coronel

desequilibrado o exaltado. Se cree, incluso, que la conocida personalidad del

teniente Coronel Tejero fue escogida con cierto maquiavelismo, con el fin de que

si fracasaba el golpe de Estado presentarlo todo como una acción aislada y casi

grotesca, al modo como se hizo con la primera «operación Galaxia».

Siguiendo la pauta argu-mental, el golpe de mano en el Congreso de los

Diputados, secuestrando los poderes legislativo y ejecutivo, se orientaba a

conseguir:

1. Dejar en el aire los supuestos constitucionales en que, por autoridades

competentes, pueden declararse los estados de excepción y sitio, facilitando así

actuaciones subsidiarias como la llevada a cabo en Valencia por Miláns del

Bosch.

2. Mantener al Rey neutralizado en la Zarzuela, al no poder recurrir a sus

cauces naturales de mando en los poderes Ejecutivo y Legislativo.

En la primera fase, puramente militar, de la operación, los sediciosos confiaban

en que se les unieran Valencia, Zaragoza, Valladolid y Sevilla, así como que la

División Acorazada, con sus mandos máximos u otros, respaldase la acción en

Madrid. Ante una situación de hechos de tales dimensiones confiaban en que los

restantes capitanes generales aceptaran, pasivamente la situación, a la espera

de instrucciones del Rey.

En la segunda fase, de carácter político-militar, se presentaría al Rey el

dilema de nombrar un jefe de Gobierno militar se dice que un general de división

o arriesgarse al definitivo enterramiento de la Constitución y la posibilidad

nada despreciable de represiones sangrientas. De esta forma, los sediciosos

confiaban en someter la Corona por razones humanitarias de «mal menor».

Un amplio aparato de propaganda se pondría seguidamente en acción, para

presentar a. la opinión pública el golpe de Estado como una «moratoria»

constitucional, para salir del «caos de los políticos» y luchar eficazmente

contra el terrorismo y el separatismo. Es obvio que el pronunciamiento público

del Rey, a través de TVE, fue tan breve, enérgico y diáfano que quedaba

destruida la menor posibilidad de presentar a la Corona implicada en el

movimiento sedicioso. La actitud de Don Juan Carlos, en cuanto comandante en

jefe de las tres Armas que es, representó asimismo una barrera infranqueable

para que los golpistas consiguieran nuevas adhesiones.

Cada uno de estos aspectos puntuales del golpe de

Estado habrán de ser, poco a poco, objeto de análisis, a medida que se vayan

enriqueciendo los datos concretos. De momento, queda la claridad de que hubo, en

efecto, un golpe de Estado mucho más grave que la decimonónica escenografía de

la ocupación del Congreso de los Diputados. También será muy interesante que se

pongan al descubierto determinadas implicaciones

civiles que parece indudable que hubo.

Para las fuerzas políticas, hay una consecuencia de sentido común: la fragilidad

de nuestra naciente democracia necesita un gran sentido de la responsabilidad

histórica y una disposición sincera a poner por delante los intereses generales

de la nación, subordinando a ellos las conveniencias de partido.

 

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