Autor: Urbano, Pilar. 
 1981. Resumen fin de año. 
 23-F, un día que duró un año     
 
 ABC.    31/12/1981.  Página: 36-37. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

RESUMEN FIN DE ANO

JUEVES 31-12-81

23-F, un día que duró un año

Nos equivocaríamos al decir que el 23-F ha ¡Ido «la fecha de un año: 1981». Más

bien 1981 ha sido «el año de una fecha: 23-F». Un año doninado, recorrido,

amedrentado por los hechos le un día, de un solo día. Porque el 23-F se acabó,

para los españoles demócratas, la ilusa tranquilldad de que.el pronunciamiento

militar era Imposible. Ese día se inauguró el temor, el recelo se puso a flor de

piel.

Las rebeliones militares, para que triunfen, necesitan «una cabeza» y «una

demanda popuar». Porque no hubo «jefe» y porque el pueblo 10 la cantó, la

sublevación del 23-F se quedó en insolvente y esperpéntica «intentona». Pero a

partir de entonces la España oculta de las «tramas negras» empezó a buscar su

abande-ado y a recaudar descontentos en el pueblo. 1981 ha sido el año español

de las conspiraciones soterradas, de las tramas urdidas, de las intoxicaciones

generosamente financiadas y astutamente inoculadas; 1981 ha sido no sólo el año

«del golpe fracasado», sino también y sobre todo el año «del golpe alimentado».

El grave pecado que cometieron los conjurados del 23-F ¿quién podrá un día saber

cuántos y quiénes? fue precisamente trazar la raya, abrir la vieja brecha,

levantar otra vez las hostilidades entre «demócratas» e «Involucionistas», entre

«constitucionalistas» y «golpistas». Junto a ese delito, el agraviante asalto al

Parlamento y el golpe de fuerza militar de unos tanques en la calle, y la

vulneración de unos derechos ciudadanos por la vía del «bando» de excepción...

es casi, casi, pecado venial. Aunque, para vergüenza de España hacia fuera y

para sobresalto de España hacia dentro, todavía no haya sonado la deseada hora

de la Justicia.

«ALMENDROS» CARGA LAS ARMAS. En la recepción jel 6 de enero, con motivo de la

Pascua Militar, Don Juan Carlos, desde el salón del Trono del Palacio de

Oriente, hacía una seria llamada al estamento castrense: «Felicidad es

entregarse al cumplimiento del deber con entusiasmo y dedicación, sin afán de

mezclarse ni consentir que os mezclen en actividades políticas distintas de esa

política elevada que a todos interesa: la gran política de la grandeza de España

y de la vigilancia permanente de su seguridad.» La víspera, el teniente general

Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército, había afirmado: «El Ejército no

sueña con imposiciones ni dictaduras, pero está irrevocablemente dispuesto a

cumplir con su misión, perfectamente definida en la Constitución (...) A nadie

daremos opción a que nos identifique con sus propios intereses o nos excite a

protagonismos inoportunos...» La actitud netamente constitucional de las Fuerzas

Armadas aparecía, pues, perfilada sin difuminos confusos al iniciarse el año 81.

Sin embargo, pocos días después, el 22 de enero, el anónimo colectivo

«Almendros», desde «El Alcázar», en un artículo titulado «La hora de las otras

instituciones», tras descalificar duramente a toda la clase política; pontificar

que «la Constitución, tal como está, no funciona y hace ingobernable la

nación...»; «quizá sea la hora concluía «Almendros» , no de apelar a Congresos,

partidos, Gobierno, de los que nada decisivo puede ya salir, sino a fas

restantes instituciones del Estado». Diez días después remachaba y concretaba su

propuesta: «Estarnos en el punto crítico, se inicia la cuenta atrás.» El

colectivo involucionista cuya identificación es todavía letra impagada del

Gobierno emplazaba a la Corona para «la formación de un Gobierno de regeneración

nacional». El 8 de febrero, mientras se celebraba en Palma de Mallorca el

Congreso de UCD, el teniente

general De Santiago anunciaba, en portada de «El Alcázar», que se había llegado

a la «situación límite».

EL «COMPLOT», EN MARCHA. Desde el 23-N de 1980, rememoración de la muerte de

Franco, los servicios de información del, Ministerio del Interior han empezado a

detectar «anomalías» en ciertas comunicaciones y reuniones entre militares y

civiles. Un detallado informe es cursado por Rosón al ministro de la Defensa

Rodríguez Sahagún. El «complot» se ha puesto en marcha.- Los periódicos se hacen

eco de lo que es tema preferente de algunos políticos en esos días: la

«operación De Gaulle», con un Gobierno de mayor o .menor espectro presidido por

un independiente... o un militar. Los «retratos robot» coinciden con «cierto

tipo de general»: Armada, Soleras, Lacalle Leloup, Sáenz de Santamaría, González

del Yerro... En Lérida, el general Armada ha celebrado un almuerzo, que tendrá

consecuencias entonces incalculadas, con el alcalde socialista llergeta, y los

diputados Raventós y Múgica.

El 10 de enero, los generales Miláns del Bosch y Armada sostienen dos

conversaciones en Capitanía General de Valencia. Estamos en el escenario próximo

del «golpe». Entretanto,. el teniente coronel Tejero gestiona la adquisición de

unos autocares privados y... empieza a mantener contactos con oficiales y

suboficiales de la Guardia Civil, que ven en él al «héroe de Galaxia». UN CLAMOR

ANTIETARRA. En lo político, Suárez ha dimitido forzado por un clamor unísono de

circunstancias presionantes. Armada Comyn es destinado a Madrid como segundo

JEME, a las órdenes inmediatas de Gabeiras. El Rey viaja al País Vasco. El

ingrato episodio de la Casa de Juntas de Guernica se resuelve con éxito.

Pero la mayoría de los militares ven en los «abertzales» que cantan el «Eusko

Gudariak» puño en alto, interrumpiendo al Rey, un intolerable insulto a su jefe

supremo. Esto es el 4 de febrero. Apenas una semana después, la muerte del

etarra Arregui en la cárcel de Carabanchel. El «pleno Arregui» desborda el vaso

de las irritaciones militares. Ese día estaba previsto el comienzo de la

investidura parlamentaria de Calvo-Sotelo, sucesor de Suárez en el Gobierno. Al

día siguiente comienza la sesión de investidura, en cuya segunda vuelta de

votación se producirá el asalto al Parlamento, a mano armada, con la irrupción

violenta de Tejero y sus guardias civiles.

JUEVES 31-12-81

RESUMEN FIN DE AÑO

El Rey acusó preocupación y disgusto por el «manifiesto de los cien»

TRES OPERACIONES HACEN «UN GOLPE». El asalto del Congreso de los Diputados a

punta de metralleta e invocando el nombre del Rey («Operación Duque de

Ahumada»), el bando de Miláns del Bosch declarando medidas de excepción y el

factor disuasorio de los tanques por las calles de Valencia («Operación

Miguelete») en combinación más o menos improvisada con el acuartelamiento,

municionamiento y «salida» de algunas unidades de la División Acorazada Brúñete,

en la I Región Militar (alerta 2 de la «Operación Diana») serán los tres

factores activos que mantendrán colapsada y en vito la vida política nacional

durante dieciocho horas del 23 y 24 de febrero.

Mientras, desde Zarzuela (el Rey al teléfono); Vitrubio, 1 (la Junta de Jefes de

Estado Mayor, constituida por orden de Su Majestad); calle Prim (Cuartel General

del Ejército-Capitanía General); Amador de los Ríos, 5 (Ministerio del

Interior, que fue la sede, en esas largas horas, de la Junta de secretarios de

Estado, especie de «gobiernillo» civil extraordinario), y un despacho de la

planta baja del hotel Palace, frente al Congreso (improvisado cuartel general de

los jefes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, generales Aramburu y

Sáenz de Santamaría), a través del hilo telefónico y de un incesante trasiego de

enlaces motorizados llevando y trayendo noticias urgentes, consignas de

actuación, informes puntuales de la situación... órdenes y contraórdenes, se

desarrollará en paralelo el «contragolpe».

El Rey, personalmente al habla con los capitanes generales de las distintas

Regiones Militares, yugula cualquier posible ánimo de «solidaridad con los

sublevados», impone la disciplina en todas y cada una de las unidades militares

y da el «golpe de muerte» al «golpe de Estado». Don Juan Carlos, al filo de la

medianoche, se dirige al pueblo español desde todas las pantallas de los

televisores, transmitiendo serenidad, afirmando la vigencia sin menoscabos de la

Constitución y... «dando órdenes» al estamento mílitar, en su calidad de Jefe

Supremo de las FAS.

El mensaje del Rey coincide en el tiempo con el fracaso de Armada, personado en

el Congreso para tratar de disuadir de su acción rebelde a Tejero ofreciéndole

una salida.

Una «fórmula hábil» de retirar fuerzas y armas, liberar a los diputados y a

continuación proponerse él mismo, Armada, como «jefe de un Gobierno de Unión

Nacional».

ARRESTOS, PROCESAMIENTOS Y... ENIGMAS. Liberados tos diputados y el Gobierno,

tras

la rendición de Tejero y del comandante Pardo Zancada, con sus fuerzas

respectivas, al mediodía del 24-F, comienzan, desde esa fecha los arrestos de

militares implicados en el complot y en el «golpe» de mano.

Después, los procedimiemtos, a medida que avanzan las investigaciones

judiciales. Los primeros arrestos, aparte los de Tejero, Pardo Zancada y los

oficiales, suboficiales y tropa que tomaron parte directa en el «asaltó al

Congreso», son ¡os de los generales Miláns del Bosch, Torres Rojas, León Pizarro

y Armada Comyn; los coroneles San Martín, Ibáñez Inglés y Mas Oliver... Más

tardíos, los del comandante Cortina y el capitán Batista. Extrañamente, sólo un

civil queda procesado, el sindicalista del antiguo régimen Juan García Carrés.

Al terminar este año, cuando el proceso, tras la fase sumarial, entró en un

período plenario de publicidad la incógnita sobre estas importantes

investigaciones permanece sin desvelar. A lo largo del año que termina, el «tema

23-F» ha acaparado la atención de los medios de opinión pública.

LA INTOXICACIÓN POSGOLPISTA. Será ya en agosto cuando la publicación de abulta

dos extractos elaborados á partir de los trece mil folios del sumario inunde el

«papel prensa» con nuevas revelaciones. En el paralelo, campañas bien

construidas y aún mejor «subvencionadas» desde sectores civiles y militares

«simpatizantes» con los encausados intentan, de una parte, la «manifestación

tejérista», y, de otra, la «justificación golpista» que pertinazmente incide y

se ceba en la descalificación de las instituciones, de los líderes democráticos

y de la acción del Gobierno.

Es lo que, en la opinión pública más sensibilizada, viene a llamarse

«intoxicación desestabilízante». Así se sucederán tres importantes intentos de

obstaculizar el proceso. Uno, «la mancha de aceite que crece»: tratar de hacer

viable la vista de la causa por «demasiados implicados». Dos: retrasarlo «ad

calendas graecas», por acumulación de demanda de

pruebas, careos, testimonios excepcionales... Tres: en el paroxismo de la

osadía, forzar la declaración de Sus Majestades.

Y mientras, sottovoce, la «trama civil» va elaborando nuevos intentos. El más

llamativo, que incluso aflora a la superficie de la noticia con detenciones de

civiles y militares (el comandante Ynestrillas, entre ellos), pretendía asaltar

el Palacio de Oriente durante la celebración del Día de San Juan.

UNOS CAREOS CONTRADICTORIOS Y UN «MANIFIESTO». En otoño, los

«careos» entre los implicados arrojan un grave saldo de contradicciones, medias

verdades y medias mentiras. Todos sacuden sus culpas. Nadie afronta su

responsabilidad. El honor de los militares se conduele, lacerado, por el

comportamiento recusable de sus compañeros de Armas. Un malestar sin palabras

sacude al Ejército. Al Ejército serio, callado, laborioso, leal a su Rey y a la

Constitución, que tampoco ve con agrado los «contactos políticos» del teniente

general González del Yerro.

Los episodios van encadenándose. Una manifestación de periodistas, en Madrid y

Barcelona, «por la libertad de expresión», al socaire de la sentencia del

periodista" Vinader, carga las plumas de un centenar de oficiales y suboficiales

de Madrid que, en .vísperas de la celebración del aniversario de la

Constitución, redactan y firman un «manifiesto». El «manifiesto de los cien»

empaña la fiesta popular nacional de la Constitución el 6-D. El Rey, en viaje

oficial por los Emiratos Árabes, acusará hondamente su preocupación y su

disgusto. La JUJEM actúa con rapidez, autoridad y eficacia e impone sanciones

disciplinarias a los firmantes. La clase periodística no pretende protagonismos,

pero es consciente de que le incumbe una importantísima tarea estabilízadora y

cautelar de la buena marcha democrática que pasa, inevitablemente, por la

demanda de unos juicios militares que han de celebrarse con prontitud, con

transparencia y con justicia, para que las aguas procelosas vuelvan a su cauce

apacible. Pilar URBANO.

 

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