Autor: Dávila, Carlos. 
 1981. Resumen fin de año.. 
 UCD ya no es la misma     
 
 ABC.    31/12/1981.  Página: 32-33. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

RESUMEN FIN DE AÑO

JUEVES 31-12-81

La incógnita de Suárez

1981 significó para Adolfo Suárez el fin de su mandato presidencial. Por razones

que nunca explicó dimitió de la titularidad del Gobierno. A partir de aquel

momento, Suárez el hombre que tan hábilmente condujo la difícil transición

ha intentado dominar una UCD resquebrajada, algo que consiguió en primera

instancia en el congreso de Palma. Después llegó el 23F P Tras aquella jornada

la trayectoria del duque de Suárez ha reflejado su duda sobre si permanecer en

UCD o no. Su voluntaría renuncia a permanecer en su Comité Ejecutivo puede, en

este punto, ser significativa cara a 1982.

UCD ya no es la misma

UCD cambió radicalmente en un año. Estuvo a punto de la extinción, del

rompimiento por lísis política, del desmoronamiento colectivo. Al final, y de la

mano en principio vacilante y luego decisoria del presidente del Gobierno, logró

superávit. Nadie sabe por cuánto tiempo. Quizá eso sea lo de menos; lo

importante es que aquella UCD que nació por expresa y tozuda voluntad de Adolfo

Suárez, tras las elecciones.

del 77, ya no la posible, ya es ha terminado. Sus líderes de entonces han

prácticamente desaparecido de la escena centrista. Joaquín Garrigues luchó

desesperadamente contra su implacable enfermedad, pero al final tuvo que ceder y

aquella muerte fue una desgracia para la democracia española. Adolfo Suárez,

triunfador en Palma, se apartó a medias de la vanguardia y estuvo a punto de

entonar su adiós definitivo.

Fernández Ordóñez, por fin, y después de innumerables amenazas, se marchó entre

desplantes y a la francesa; es decir, sin explicaciones a los que le habían

votado. Alvarez de Miranda se ha difuminado en la más triste de las oscuridades

políticas. De los demás, tampoco se sabe demasiado.

UCD ya no es la misma y aún cambiará más tiene que hacerlo por fuerza en los

próximos meses. Su objetivo de ganar las próximas elecciones es casi un sueño

del que nadie siquiera se atreve a hablar. En poco más de un año, UCD ha quemado

a un presidente cargado de buena voluntad, pero incapaz de insuflar ilusión y

controlar el partido; un secretario" general, buen ministro y mal ejecutivo, y a

muchas otras gentes arrastradas por la vorágine de los múltiples cambios.

UCD en este año ha vuelto a perder otras elecciones: las gallegas, un fiasco

histórico que aceleró, a pesar de la dirección numantina de entonces, la

sustitución en la cúspide del partido. UCD ha perdido también en este años casi

todo el favor popular y credibilidad; ha sido, en definitiva, el año de su gran

crisis, vencida, y ésta es su única virtud, sin que se produjera la simple

ruptura.

EL GRAN CHASCO DE PALMA

Todo empezó con los fracasos históricos de Adolfo Suárez. Para diciembre del 80,

la «operación recambio» ya estaba montada con todo lujo de detalles. Los

«críticos», cubiertos bajo su manto democrático, pretendieron desde el primer

momento derribar a) presidente. Lo consiguieron, a corto plazo, sólo a medias.

Adolfo Suárez intentó todas las tretas y tácticas que le eran enormemente

familiares.

En todas fracasó. Se atrincheró junto a sus fieles en el reducto de. la Moncloa

y un día triste de enero decidió dimitir en su medió: en la televisión ante los

mismos espectadores que en el 79 se habían conmovido por su mensaje electoral de

esperanza y miedo. Suárez cayó y decidió también no presentarse a la reelección

para la presidencia del partido. Se marchaba un líder harto, destrozado por las

críticas, muchas de las cuales deben escribirse en el «debe» de alguno de sus

más incapaces colaboradores. Se marchó también dolorido y se fue, sobre todo,

con una verdad a medias. Sin explicar suficientemente el porqué; todavía no lo

ha hecho, entre otras cosas, porque las circunstancias no lo permiten.

Se marchó, pero quiso dejar su herencia: en la presidencia del Gobierno,

Leopoldo CalvoSotelo; en la del partido, Agustín Rodríguez Sahagún, un

empresario metido a político sin demasiada convicción, que quizá fue designado

para que no molestara demasiado al jefe del Ejecutivo. Pero tos planes de Suárez

tampoco funcionaron en esta ocasión. Como veremos después. En Palma de Mallorca,

Adolfo Suárez vivió su particular Congreso, agazapado en la «suite» de un hotel

de lujo, sin aparecer siquiera por las sesiones del auditórium. Era ya un hombre

triste y derrotado; los suyos, sin embargo, se movieron sin recato, y lo que

pudo ser un Congreso de concordia y nuevas esperanzas se transformó en la

reunión de las diferencias, en la asamblea de los protagonismos, en la cumbre de

los enfrentamientos.

En definitiva, una lástima. De Palma surgió una Ejecutiva débil constituida, en

la mayoría de los casos, por políticos provincianos de discutible personalidad,

que no representaban a nadie dentro del partido. Los críticos se quedaron fuera,

no pudieron ganar la batalla de la proporcionalidad, y resultaron aparentemente

laminados por aquella mayoría de delegados suaristas y martinviliistas entonces

marcharon unidos por la conveniencia que aparecieron por última vez juntos,

aunque ya las diferencias habían abierto un abismo entre las dos fuerzas. Fue,

en suma, otro gran fracaso de UCD.

Y no se mantuvo. Antes, sin embargo, de que UCD resolviera su particular crisis,

España tuyo que pasar por la vergüenza histórica de aquel atentado contra

nuestro sistema de libertades. En Palma de Mallorca, días antes, los delegados

de UCD leían atónitos un artículo de un general en la reserva.

Un artículo titulado «Situación límite», que nadie entonces supo interpretar

como lo que era en realidad: un aviso de que se preparaba el golpe. Los

congresistas, pegados a la realidad de los debates, al mare mágnum de las

listas, a las presencias y las ausencias, quedaron impresionados sólo a medias

por la contundencia de aquel escrito. Nadie, sin embargo, entrevio sus

consecuencias. Quizá lo hizo Suárez, encerrado en su habitación palmesana, y

consciente de cuál era el estado de tensión militar. Lo cierto es que, después

del golpe, UCD también quiso cambiar.

Lo exigía la prudencia y lo reclamó el Rey Don Juan Carlos. Pero no consiguió

mudar su pelaje, no logró variar su rumbo demencial.

JUEVES 31-12-8)

RESUMEN FIN DE AÑO

Suárez cayó provisionalmente y Rodríguez Sahagún definitivamente Los meses de

Sahagún fueron un simple accidente. La dirección de UCD deseó convertirse en una

suerte de Gobierno en la sombra, en un contrapoder manejado por los suaristas,

que pronto comenzó a incordiar. Es cierto que e! Gobierno y su presidente

tampoco dieron demasiadas explicaciones, y cierto también que los ejecutivos de

Arlaban, sede de UCD, quedaron aislados, sin fuerza efectiva, sin capacidad

ninguna de remover tos cimientos del partido, dotarle de una nueva organización,

y renovarle profundamente.

Sahagún se lanzó a una agotadora campaña por provincias. Al antiguo ministro de

Defensa hay que reconocerle su dedicación. La dio en exceso. Las reuniones de la

Ejecutiva demasiadas y agotadoras se transformaron pronto en un guirigay

ingobernable por el que se filtraron los más insólitos rumores. Rodríguez

Sahagún, como su padrino Adolfo Suárez, lo intentó todo; nada consiguió.

Antes del verano, el grupo de ministros que rodea con más frecuencia a Calvo-

Sotelo, los que luego en octubre formaron el «sanedrín», aconsejaron al

presidente del Gobierno que abandonara su límpida neutralidad y se acercara

comprometidamente a la realidad de! partido. Calvo-Sotelo, casi, se convenció y

dejó que la nueva operación se preparara sin su colaboración activa.

En julio, el éxito parecía asegurado, incluso Martín Villa movió sus hilos para

quedarse con la Secretaría General del partido. Pero no fue posible entonces y

lo que hubiera sido un recambio indoloro se convirtió en una larga intervención

quirúrgica que, al final, exigió vencedores y vencidos. Otra tragedia política,

que los hombres del duque de Suárez, negociadores en noviembre, se negaron

entrever, apoyados por su jefe de filas empeñado en defender la «legalidad

vigente» entronizada en Rodríguez Sahagún. Abril y Arias Salgado, hoy ministro

de Calvo-Sotelo, cumplieron con su papel, y la solución se retrasó.

Entre tanto, Rodríguez Sahagún preparó una contraofensiva fundamentada en el

reglamen-tismo y en la creencia de que aún era posible la concordia, o la

componenda da intereses en torno a su persona, otro error. El «verano de la

colza» se perdió así en reuniones sin éxito alguno, a la que fueron convocados

los cabecillas de UCD; desde Adolfo Suárez a Osear Al-zaga. Todo inútil. Sahagún

era un derrotado que se negaba a abandonar su puesto; nadie, salvo Suárez,

contaba ya .con él. En una ocasión hay que contar esto como ejemplo de su

debilidad posicional se pretendió formar una comisión salvadora y los promotores

se olvidaron Incluso de su nombre.

De aquellos encuentros estivales nació un papel teorizante y descomprometido,

los «ocho puntos de Sahagún», que trataba de imponer las buenas maneras por

decreto y la paz por simple voluntarismo. El papel quedó mojado a los pocos días

de su publicación, y a pesar del apoyo que el Consejo Político.

FUGAS Y LLEGADAS

Por aqueçllos días, Fernández Ordóñez dio la espantada. Aprovechó su inventada

derechización del partido para abandonar la cartera de Justicia. Su salida del

partido se demoró dos meses, pero desde septiembre ya no hacía nada en UCD; sus

hombres emprendieron también la diáspora, y un día de noviembre, tras algunos

desmentidos y algún juramento que debería conocerse, los socialdemócratas

residuales, tránsfugas de UCD, salieron por la puerta chica sin preocuparse en

su fuga de ofrecer la mínima explicación a sus electores, un desplante que en

cualquier país democrático pasaría por intolerable desdén a los votantes. Aquí

no. Esta es la diferencia entre una democracia consolidada y otra balbuceante

que aún tiene que aprender las maneras de comportarse en libertad y en respeto.

La historia que resta es muy reciente. Después de un apoteosis de reuniones, una

convocatoria desmedida de Comité Ejecutivo y la gravísima pérdida electoral de

Galicia, los hombres más poderosos de UCD decidieron que el relevo no podía

esperar un minuto más. Cayeron tres hombres: el primero, Rodríguez Sahagún,- que

aun en sus últimos días esgrimía una increíble encuesta de popularidad en

Andalucía; cayó también Rafael Calvo, un angélico político, inca-par de

enfrentarse con la realidad inmediata, y cayó, por fin, el presidente del Grupo

parlamentario en el Congreso de los Diputados, Miguel Herrero Rodríguez de

Miñón, el mejor portavoz que pueda tener el partido, víctima de su probada

incapacidad para la autocrítica y su inmoderada tendencia a salirse del proyecto

de UCD. La última caída pero esta es irrelevante es la del malagueño

socialdemócrata Villodres.

Iñigo Cavero es un gestor eficaz y un nombre cordial que no ha suscitado

resistencias. Otra cosa es que acierte en la Secretaría General; tiene ante sí

un reto imposible: devolver la credibilidad de UCD y hacer del partido una

opinión presentable en las próximas elecciones. También él, como Calvo-Sotelo,

carece de carisma y de «seny» políticos: es, sobre todo, un político para la

concordia que se convirtió en la mejor de todas las malas soluciones posibles.

Pero la salida de la gran crisis es cosa que escapa a sus posibilidades. Sólo un

Gobierno fuerte y de éxito puede «tirar» del partido. Sólo así, como piensa el

propio Calvo-Sotelo, podrá ganar las elecciones en los dos últimos meses. Carlos

DAVILA.

Claves del 82

La estabilidad de UCD dependerá, sobré todo, de las elecciones andaluzas: si

pierde con dignidad (ganar es imposible), aún tendrá alguna posibilidad en las

generales próximas.

El afán de Calvo-Sotelo

La Investidura de Calvo-Sotelo como

presidente del Gobierno supuso la

instauración en Moncloa de un nuevo

estilo de gobernar. La dimisión de Suárez

lo catapultó a la titularidad de un

Ejecutivo que se ha encontrado a lo largo

de más de nueve meses de ejercicio con

algunas de las mayores dificultades

habidas en la larga marcha de España

hacia la democracia. Calvo-Sotelo, lo

repite a menudo, tiene como supremo

afán de su mandato llegar a 1983. Si lo

consigue habrá cumplido su deseo y

habrá dado un paso de gigante en el

asentamiento de la democracia española.

 

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