1981. Resumen Fin de Año.El secretario general fue aclamado en el XXIX Congreso. 
 El PSOE se consolida en torno a la estrategia felipista     
 
 ABC.    31/12/1981.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

RESUMEN FIN DE AÑO

JUEVES 31-Í2-81

El secretario qeneral fue aclamado en el XXIX Congreso

El PSOE se consolida en torno a la estrategia felipista

La traumática crisis del PSOE, desencadenada en torno a la definición ideológica

del partido en el XXVIII Congreso celebrado a mediados de 1979, quedó

parcialmente solventada en la asamblea extraordinaria de unos meses más tarde,

que culminó con la aclamación de Felipe González y, consiguientemente, de sus

tesis. Sin embargo, el auténtico proceso de consolidación socialista se ha

desarrollado a lo largo de 1981. La solidez y estabilidad del PSOE quedaba

patente en el XXIX Congreso, que se desarrolló entre los días 20 y 24 del pasado

octubre. La gestión de Felipe González fue aprobada con el 99´6 por 100 de los

votos y el secretario general obtuvo una absoluta unanimidad (el 100 por 100 de

los sufragios) en su reelección. El Congreso transcurrió, pues, en un ambiente

de unanimidades y aclamaciones. Aunque la situación no dejaba de ser

artificiosa, ya que el sistema de representación mayoritaria había filtrado

hacia el Congreso a delegados netamente felipistas y los escasos dirigentes de

Izquierda Socialista que tuvieron oportunidad de acudir estuvieron

ostensiblemente ausentes, lo cierto es que el ambiente se correspondía con la

voluntad de entendimiento v «moderación» de una gran mayoría de las bases del

partido.

Es evidente que los ánimos en la estructura socialista se han ido templando y

casi todos desean un partido maduro, fuerte y operativo. Las razones son

diversas y complejas: por un lado, la avalancha de militantes nuevos, que

carecen de los distingos puristas de los veteranos de la Izquierda Socialista, y

que han hecho que los efectivos de esta corriente «crítica» estén mucho más

diluidos y en consecuencia sus posibilidades hayan mermado considerablemente. El

sistema mayoritario en las elecciones de delegados en la agrupación de bases

deja, además, su capacidad de representación reducida al mínimo. Por otro lado,

no hay que olvidar que el rodaje de los cuadros del partido en la gestión

municipal ha sido un poderoso factor de estabilización: la asunción de

responsabilidades y en definitiva la apetencia del cargo han amortiguado en gran

medida el temperamento y la filiación «crítica» de no pocos dirigentes

intermedios del partido. Pero Izquierda Socialista sigue operando pese a que

están prohibidas las tendencias y antes del Congreso ya dio una corta aunque

intensa batalla por aumentar sus cotas de representación con algún correctivo de

proporcionalidad. La mayoría felipista (en alguna medida contra la voluntad del

propio Felipe) no aceptó un ápice de sus planteamientos.

Gómez Llórente, Pablo Castellanos y sus seguidores optaron por no acudir al

Congreso en un gesto político para hacer notar su disconformidad. Se vio

entonces que el cónclave iba a ser homogéneo y la dirección, bajo la férula de

Alfonso Guerra, trabajó afanosamente para lograr un Congreso de sosiego y

tranquilidad. Se trataba de vender la idea a la sociedad de que, a diferencia de

lo que estaba ocurriendo en otros partidos como la UCD y el PCE, los socialistas

habían dejado atrás disensiones internas y podían sentarse a elaborar un

programa mesurado para ofrecérselo a los electores, un programa que

eventualmente podría ser el de Gobierno. Es obvio, que estas notables

expectativas de Poder han sido también un agente estabilizador muy activo.En el

preámbulo del Congreso Felipe González propugnó «una política de pulso templado,

de moderación y de responsabilidad encaminada a reforzar y profundizar la

democracia y modernizar el Estado». Y sus designios fueron complidos, como era

de prever.

Lógicamente no se llegó a elaborar el pretendido programa de Gobierno, ya que es

muy difícil hacer programas en una asamblea en que la participación en la

elaboración de las ponencias es multitudinaria. De todas formas las discusiones

no fueron muy enconadas. En la comisión económica hubo ciertos

roces entre Cario Solchaga y la delegación de Madrid que, en un momento dado,

abandonó la comisión. Las discrepancias más de procedimiento que de fondo fueron

subsanadas y resultó un texto sobrio, y, a juicio de los socialistas, válido

tanto para programa electoral como para un eventual programa de Gobierno. El

reconocimiento de la moderación salarial, el freno al desarrollo del programa

nuclear y la posibilidad de introducir criterios nacionalizadores en

determinados sectores económicos fueron las líneas maestras de este programa.

Por su parte, la Ponencia política ratificó con algunas resistencias la

propuesta de que la oferta del PSOE debe ir orientada a un «bloque de clases» y

no sólo a la trabajadora. Sin embargo, el gran debate del Congreso la Ponencia

de Estatutos y en concreto el sistema de representación apenas llegó a abrirse.

El agravio comparativo que supone la utilización exclusiva del sistema

mayoritario para elegir a los delegados molesta no sólo a los críticos, sino a

la mayoría de las bases del partido. Sin embargo, el debate quedó aplazado a una

Conferencia de organización a celebrar en 1982. Unos y otros irán a ella

dispuestos al «consenso interno». Pero no hay que olvidar que el sistema de

representación no es lo único que separa a felipistas y críticos, sino una

cortina de humo, entre la que se vislumbran dos estrategias socialistas bien

distintas. Por el momento, Felipe González tiene las manos libres para hacer la

suya al frente de una «superejecutiva» cortada según su propio patrón. En el

horizonte, dos objetivos: ganar los próximos comicios y, antes, seguir pidiendo

un Gobierno de coalición para defender el sistema, con la idea de que la

concertación no es suficiente. Y un temor: que los Congresos regionales que se

celebran en estos días reabran la crisis en el PSOE. Hoy parece un temor

infundado.

Claves del 82

La conferencia de organización, que puede tener la envergadura de un Congreso

extraordinario y consolidar definitivamente el partido.

La estrategia inmediata de Felipe: ¿Volverá a la «concertación» si Calvo-Sotelo,

como parece, no está dispuesto a un Gobierno de coalición?

 

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