1981. Resumen del año. La dureza de Carrillo no ha hecho más que agravar la crisis. 
 El PCE, convertido en un campo de minas político     
 
 ABC.    31/12/1981.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La dureza de Carrillo no ha hecho más que agravar la crisis

El PCE, convertido en un campo de minas político

El Partido Comunista de España, una organización férrea, casi monolítica, en la

que había primado la calma chicha, ha pasado a ser en este año que ahora termina

un campo de minas político. Las crisis pues hay que hablar de crisis en plural y

no de un solo conflicto han ido estallando con pasmosa regularidad a lo largo de

los últimos meses, mientras el «aparato» que dirige Santiago Carrillo no ha

hecho más que avivar la rebelión con medidas drásticas.

El balance hasta el momento es francamente gravoso para el partido: siete

dirigentes renovadores han sido destituidos del Comité Central; cinco concejales

están a punto de la expulsión en el Ayuntamiento de Madrid, y se ha declarado

una auténtica guerra intestina entre los partidarios de dos concepciones

distintas del partido: oficialistas y renovadores. Mientras tanto, el Partido

Comunista de Euskadi-EPK se ha escindido definitivamente en convergentes y

carrillístas, y el PSUC (el partido de los comunistas catalanes) está al borde

del cisma. Y la crisis acaba de empezar.

Las razones de tal movimiento sísmico son numerosas y muy complejas. Arrancan

sin duda de! proceso de adaptación de un partido clandestino de corte stalinfeta

a la realidad democrática.

Es en ese momento comienzo de la transición cuando surge* tensiones fuertes y

entrecruza

cado Es entonces hace ahora un año cuando los renovadores surgen como corriente

en el das, que simplificando puede reducirse a una lucha generacional entre la

dirección gerontocrática que venía del exterior y la organización universitaria

interior, que había llevado el peso de la lucha antifranquista. La vieja guardia

y ios jóvenes ahora llamados renovadores representaban concepciones muy

diferenciadas de partido, tanto a nivel ideológico como puramente organizativo.

Carrillo trata tís solventar las diferencias poniendo en marcha la política

eurocomunista, que significa un desenganche de la URSS y la modernización

ideológica del PCE. El IX Congreso acepta estas tesis y la crisis parece

salvada.

Pero Carrillo no pudo, no supo o no quiso llevar el eurocomunismo al interior

del partido, en el que siguieron mandando los mismos y cuyo proceso de

democratización quedó estanseno del comunismo con el proyecto de llevar adelante

el debate interno y la democratización del PCE. No sólo rompe con su antiguo

aliado Carrillo, sino que muestra palmariamente su propósito de derrocarlo. Los

prolegómenos del X Congreso, celebrado durante tos últimos días del pasado

julio, son muy conflictivos. Los renovadores intentan que se reconozcan las

tendencias, que se democratice la dirección y que se establezca el federalismo,

entre otras reivindicaciones menos significativas. Algunos de ellos se dejan

ganar por el escepticismo y tiran la toalla antes del Congreso: Mohedano,

´Triaría, Tamames...

En la Asamblea venció netamente Carriílo apoyado el aparato hecho a su imagen y

semejanza. Las reivindicaciones eran todas organizativas no políticas, ya que la

estrategia eurocomunista es al menos en teoría aceptada por todos los sectores y

sobre todo por el renovador. Por otro lado, Carrillo dejó muy mermada la

representación de estos «nuevos comunistas» en el Comité Central. La crisis

estaba cantada. Sólo faltaba el pretexto.

Y el detonante fue la convocatoria en Madrid, firmada por cincuenta dirigentes

renovadores, entre ellos seis miembros del Comité Central, a favor de una

conferencia del secretario general de los comunistas vascos, Roberto Lerchundi,

ya anatematizado por el aparato a raíz de que iniciara el proceso de

convergencia por EIA. Las adhesiones a Lerchundi se extendieron a otros puntos

de España y, entonces, Carrillo abrió la caja de los truenos. La crisis estalló

con los resultados ya conocidos. El aparato disolvió a los seis dirigentes

renovadores: Carlos Alonso Zaldívar, Julio Segura, Manuel Azcárate, Pilar Brabo,

Pilar Arroyo y Jaime Sartorius.

 

< Volver