1981. Resumen del año.. 
 Ya hay divorcio; No vino a romper nada     
 
 ABC.    31/12/1981.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

RESUMEN FIN DE ANO

JUEVES 31-12-81

Ya hay divorcio; no vino a romper nada

Hay ya más de cuatrocientas demandas en los Juzgados y varios casos resueltos.

Bastante menos, es verdad, de lo que se esperaba. Después del verano los

españoles han podido divorciarse.

Como sus antepasados entre el 32 y el 38. Aunque no pueden buscar muchos más

antecedentes. Salvo aquel pequeño paréntesis, la España oficial llevaba ya

muchos siglos, desde la cédula de 1564 de Felipe II, con la realidad invariable

de una tradición católica de Indísolubilidad del matrimonio.

Desde esa perspectiva histórica no era difícil pronosticar dificultades y

controversias a quien quisiera enmendar aquello del matrimonio para toda la

vida. Aunque una ojeada a la realidad social debía indicar justo )o contrario.

Traer e( divorcio en esas condiciones era decirle a muchos ciudadanos que la ley

les tenía en cuenta. O decirle a muchos otros que el Estado tiene el deber de no

ser hipócrita y la obligación de contemplar a tocios los ciudadanos por igual,

sin discriminación por creencias religiosas. En el fondo no era inventar nada,

sino reformar el derecho de familia para adecuarlo a la realidad social. Y

llevar la Justicia a muchas realidades de la vida nacional notoriamente

injustas, surgidas del apaño de última hora o el predominio del más fuerte o de

quien tenía mayores posibilidades económicas.

Tanto es así que en las muchas horas y meses que se emplearon en discutir la ley

-nadie dijo en el Parlamento ¡divorcio, no! Quienes más se resistieron pedían un

coto en la sociedad en el que no pudiera entrar la ley del Estado. Los casados

por la Iglesia —la inmensa mayoría de los españoles— seguirian sometidos al

vinculo indisoluble, aunque alguien introducía algunos matices de salvación:

hasta seis meses* para decir que aun casado ante el altar se quena acoger a la

ley civil.

No era esta resistencia —algunos que la ejercieron lo hacían simplemente por

afanes testimoniales— la más fuerte. El primer proyecto que se estudió estaba

pactado por la Iglesia. Las ideas de Iñigo Cavero daban un largo peregrinar de

plazos y condiciones a quienes se quisieran divorciar, aunque siempre, al final,

había un juez que podía decir que no y se quedaba todo como estaba.

El escándalo de Fernández Ordóñez fue reformarlo todo y hacerlo mucho más fácil:

«Un divorcio sin culpa, un divorcio no accesible a la pura inestabilidad

emocional, pero que no exija requisitos innecesarios cuando se produce la

constancia de la ruptura, es un modelo avanzado de divorcio por quiebra

irremediable del matrimonio.»

Al final ganó, aunque con un coste muy alto para el grupo centrista, tas

presiones de la Iglesia hicieron mella en los sectores más confesionales de UCD,

que aprovecharon también la ocasión para mostrarse como una tendencia dentro del

partido. Circunstancia que tampoco desaprovechó el propio Ordóñez para exhibir

también sus diferencias ideológicas con el ánimo seguro de rentabilizarlas

después.

Para disolver un matrimonio basta sencillamente el acuerdo de las partes

basándose en una causa: la ruptura de la unión matrimonial sin posibilidad

alguna de recuperación. Las condiciones son la separación judicial previa, que

actúa como período de reflexión, o el cese efectivo de la convivencia conyugal

durante dos años. Que la ley sea así es debido a una parte de UCD, a Fernández

Ordóñez, y a sus buenas relaciones con el PSOE, con acuerdos que incluso le

llevaron a romper la disciplina de voto de su partido.

El ex ministro de Justicia se apuntó una de las leyes más progresistas salidas

del Parlamento, como lo hicieron antes —y por los mismos procedimientos— con la

reforma fiscal. Ahora ya no está en la UCD. Este será su reclamo electoral. Al

final quedó solucionado un problema ya arreglado por todos los países

industriales desde el siglo XIX...

 

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