Diez abogados del 23-F presentan sus conclusiones. 
 Una parte de la defensa insiste en involucrar a la corona     
 
 ABC.    29/09/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NACIONAL

MARTES 29-9-81

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Diez abogados del 23-F presentan sus conclusiones Para pedir la absolución de

los máximos implicados, Tejero incluido Una parte de la defensa insiste en

involucrar a la Corona

MADRID. Los defensores de los procesados por los sucesos del 23 de febrero

continuaron presentando ayer por la mañana, ante el Consejo Supremo de Justicia

Militar, sus respectivos escritos de conclusiones provisionales.

Entre los que acudieron ayer al Consejo Supremo figuran los abogados del

teniente coronel Antonio Tejera Molina, del general Torres Rojas, del capitán de

Navio Camilo Menéndez, del comandante Pardo Zancada, del capitán Pascual Gálvez

y del civil Juan García Garres.

Todos estos letrados solicitan la libre absolución de sus patrocinados, por

entender que no incurrieron en delito alguno, y piden que, si su acción es, no

obstante, tipificada como delictiva, se tengan en cuenta las atenuantes de

obediencia debida y «estado de necesidad».

Asimismo, ruegan al Rey y a la Reina que presten declaración sobre los hecnos,

A! menos una decena de los defensores de los procesados por los sucesos de! 23-

F, entre los .que se encuentran tos ya citados, han incluido en sus conclusiones

provisionales un-preámbulo común, cuyo texto, que recoge la agencia Europa

Press, dice entre otras cosas.

«En la firme convicción y plena seguridad de dar fiel cumplimiento a consignas

emanadas de Su Majestad el Rey, comandante supremo de las Fuerzas Armadas, según

mandato constitucional, determinada fracción de las mismas, con intervención de

prestigiosos generales, especial y reconocidamente adictos a la institución

monárquica, y a la persona del Monarca, fracción centrada en la Capitanía

General de Valencia, efectivos de la Guardia Civil de Madrid y División

Acorazada Brúñete número 1, radicada en El Pardo —todos bajo la dirección del

general don Alfonso Armada Comyn, ante la invocación por éste del encargo regio

por él recibido—, emprende, en 23 de febrero de 1981, una operación militar

prevista como totalmente incruenta, como asi resultó, que en el caso de haber

sido secundada, como se esperaba, por el resto de las Fuerzas Armadas

nacionales, debería haber conducido al logro de sus finalidades.

Acción tendente, en el ánimo de tos iniciadores, a tenor del comunicado

pensamiento regio, a un «golpe de timón» bajo la autoridad de Su Majestad no

destructor de las paredes maestras del sistema que, a modo, de inmediato

revulsivo, sirviese para atajar el separatismo desbordado, erradicar el

terrorismo —que venía eligiendo, preferentemente, sus víctimas de entre los

cuadros castrenses, con especial intensidad de la Guardia Civil, Orden Público y

Policía—, restaurar el principio de autoridad, en total quiebra, y remediar, en

la posible medida, la honda crisis económica, con su secuela de creciente paro,

intensificado por la provocada discordia entre los factores productivos,

artificialmente exacerbada por organizaciones sindicales de partido, más

interesadas por lo Dolítico que por lo socioeconómico; males pronosticable-mente

irreversibles a falta de una enérgica actuación de quienes tuvieran medios para

llevarla a cabo, antes de que fuese demasiado tarde.

Por conducto absolutamente fiable —cual era el del general Armada, tan allegado

al Rey y depositario de sus confidencias, se consideraba al Monarca, capitán

general de los Ejércitos, percatado por suficiente experiencia propia de la

ineficacia de cualquier intento corrector por los cauces regulares, con lo que

parecía cerrada toda salida normal a la crítica situación creada; sólida

creencia en la viva preocupación soberana, reforzada en vista de hechos y

situaciones intolerables —algunos en la propia real presencia, como la "afrenta

de Guernica"— que se estimaba habían venido a herir dolorosamente la

sensibilidad de Su Majestad el Rey, verdadero "motor" en su día, en fin de

cuentas, del cambio político determinante, en sus excesos, de tales indeseadas

consecuencias. Añadido a todo ello. como claro exponente de la resuelta

disposición regia, el antecedente, concluyentemente significativo, de la atípica

e inexplicada fulminación política extraparla-mentaria del presidente Suárez,

acabada de producirse a la sazón.

Todo denotaba la certeza de la decisión regia dada, por lo demás, a conocer

explícitamente al teniente general Miláns y al teniente coronel Tejero —y por

estos a sus propios colaboradores— por el ya mentado general Armada, tan ligado

siempre al Rey y recién nombrado, por encima de todas las dificultades, segundo

jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra;

certidumbre de impulso regio decisiva para tos elegidos para participar en la

operación cuyo carácter cuidadosamente reservado en su planteamiento, tan sólo

obedecía a razones tácticas de sorpresa, elementales en la materia, y no a otras

diferentes y menos que a ninguna a cualquiera duda o recelo inicial de la

licitud de la empresa, legitimada en su raíz por la revelada resolución del

comandante supremo de las Fuerzas Armadas, al servicio del bien común que, en su

entender, reclamaba la inmediata y transitoria formación dé un Gobierno de

salvación nacional.»

 

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