Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Pequeños relatos. 
 Las tertulias de Madrid     
 
 ABC.    05/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Pequeños relatos

Las tertulias de Madrid

Madrid era anteanoche un hervidero de tertulias. Casualmente me encontré en dos:

en la primera tuvo lugar el nacimiento de la noticia de la dimisión de Adolfo

Suárez, y algún día la contaré por ilustre, por excitante y por galdosiana. En

la otra, tenía el carácter exhu-berante de un despliegue de las hipótesis.

Todavía en España la democracia es un sistema provisional y la dictadura una

contingencia histórica. Aquí no se estabiliza otra cosa que las cordilleras.

El ambiente era de «acontecimiento nacional» y esto habría que inscribirlo más

cerca de la psicopatía que del raciocinio. Ni el suceso, ni el personaje que lo

protagonizaba merecían la ansiedad, ni fa masturbación mental. De Gaulle,

Churchill o Adenauer —tres personajes históricamente universales— no produjeron

en sus países, con su marcha, conmoción, sino noticia de interés a toda plana y

episodio interesante de normailidad democrática. Los dos grandes temas eran «los

estímulos de la dimisión», la verdadera revelación histórica de las causas de la

marcha —que es un ovillo y no un hilo— y las profecías sobre el sucesor. Para lo

primero se precisa una mentalidad analítica a lo Pedrol Ríus en el legajo del

asesinato de Prim. Para lo segundo, la exigencia es menor; basta un retrato-

robot de las condiciones necesarias.

Dentro de lo que hay en ios cuadros de UCD salieron siempre Leopoldo Calvo-

Sotelo y Landelino Lavilla. Y por todas estas cosas: por una exigencia de

integración; Suárez había separado.

El sucesor tenía que reunirse o juntar. Tendría que estar familiarizado con la

economía, que es la exigencia principal en todos los presidentes actuales de

Europa. Y hasta sería también un mérito conocer Europa en sus entresijos

económicos. Tendría también que tener algunas condiciones parlamentarias de

conocimiento de cosas y de repentización. No debía alarmar a la izquierda, a los

militares, a la Conferencia Episcopal. Y, por supuesto, tendría que ser un

hombre de clara confianza para la Corona, en primer lugar porque el Rey es el

protagonista principal de la restauración democrática —la Monarquía de todos—, y

después porque la relación obligada entre el presidente del Gobierno y el jefe

del Estado no autoriza sombras o recelos. De todas maneras, la primera acción de

posibilidades que ha de tener el sucesor de Suárez es la aceptación e

identificación de su partido, representado ahora principalmente en sus

parlamentarios. El partido y el Congreso de Mallorca son todavía una nube.

Después de esta presunta normalidad de procedimientos, se manejaba otro factor

que no debo silenciar, y es que se decía que aquí están pasando cosas que

obligan a una remodelación sustancial. Si para hacer esto UCD no proveyera,

entonces existiría la vía de «un hombre ajeno y políticamente bendecido». Ahora

o pasado mañana. Un tranquilizador neutral y en aquel objetivo. Eché entonces un

vistazo a los profesores y a los militares, y de profesores me rendí.

Los había, pero en la endoesfera. Estimulé entonces a la imaginación y encontré

al general Alfonso Armada. Todo esto no quiere decir otra cosa que las tertulias

de Madrid eran prisioneras del «clima esotérico de las hipótesis» que decía

Rusell. Pero hay una realidad que me consta, y es que lo que pasa es tan

importante, o tan grave, que no es aceptable ningún continuinismo. Un golpe de

timón, en la versión Tarradellas, es un golpe de timón. No le demos vueltas.—

Emilio ROMERO.

 

< Volver