El Desenlace. Los minutos previos a la rendición. 
 Tejero. No ha pasado nada; solo que me echaran 20 años     
 
 Pueblo.    25/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

"NO HA PASADO NADA; SOLO QUE ME ECHARAN 20 AÑOS"

MADRID. (PUEBLO.)

Momentos antes de entregarse, mientras fumaba su último pitillo en el Congreso

el teniente coronel Tejero repetía en voz taja: «No ha pasado nacía, lo único

que a mi me van a caer veinte o treinta años de cárcel; pero no ha pasado nada.»

Y restregando la colilla aún encendida sobre las alfombras del palacio de la

carrera de San Jerónimo, se puso en marcha, dispuesto a entregarse. «Vamos, todo

ha terminado.» Y salió. La mañana había empezado con la Policía Militar apostada

frente Congreso de Diputados.

Habían salido ya algunas señorías victímas de lipotimias, ataques cardiacos,

bajadas fulminantes de tensión y con agotamiento físico y mental en sus rostros.

«El ambiente en el interior es da serenidad y cansancio», explico PUEBLO a las

7,30 de la mañana un miembro de la Cruz Roja que había entrado y salido varias

veces. Una hora antes las fuerzas de la Guardia Civil del exterior habían sido

retiradas para ser sustituidas por miembros de la Policía Militar, cuando se

cumplían doce horas de secuestro y alrededor del Congreso y empezó a notar un

movimiento de vehículos y dotaciones, después que el general Aramburu Topete

había dialogado con los jefes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil.

Vivas a la democracia en la calle Tensa espera en el Palace de las mujeres de

los diputados

Hasta último momento, el teniente coronel que dirigió el asalto, mantuvo

contactos telefónicos y esperó.»

IDAS Y VENIDAS

En las dependencias del hotel Palace, convertido en esperado cuartel general,

continuaban reunidos los genérales Sáenz de Santamaria, el gobernador civil de

Madrid, Mariano Nicolás, y ros altos cargos y jefes de ambos cuerpos. El general

Aramburu iba a intentar una negociación titánica para terminar este asunto

lamentable». Irá y volverá, pasea la calle, cruzaré la calzada.

A veces a punto ya de lograr un «principio de acuerdo», que se viene luego bajo

ante la insistencia del golpista Tejero. «Miláns del Bosch ya es jefe de

Gobierno les repite a los diputados, que no le creen, porque Fernando Abril

Martorel1 mantenía escondida una radio que escuchaba cuando podía, relatando a

sus compañeros de encierro las noticias.

Iñigo Cavero, ministro de altura, se dirigió en un monto a un teniente y,

desbrochándose la camisa, le contó: «Dispara ahora. Eran 8,30. Tejero ordenó que

se lara y que se sentara en escaño. Grupos de personas se van acercando,

curioasa a les proximidades del ingreso y gritan: «Viva la democracia.» Las

mujeres de algunos guardias civiles que van participado en el fallido golpe van

a pedir a sus manos que salgan, «que se enguen, porque ellos han repetido

órdenes y no sabían lé pasaba».

En ese momense aproximaban al palacio a las Cortes cuatro tanque ligeras de la

Policía Nacional, así como algunos autobuses de dichas fuerzas. Nohay optimismo,

algún mando dice en voz baja que Tejero no cederá fácilmente. El general Prieto

ha estado mediando en el conflicto por voluntad propia, porque «nadie lo ha

llamado».

La mujer de Carrillo, la de Palacio Gallego, un hijo de rpún y otros familiares

estan en la calle y no son capaces de saltarse el cordon policial. Hay angustia

y larimas. Hay miedo, otra vez cuando Tejero pide bebidas y tabaco. Lo hace por

megafono y por teléfono mande contactos. ¿Con quién? lo dirá el sumario.

No hay declaraciones de altos mandos hasta que, las nueve de la mañana, cientos

de periodistas sidos estratégicamente ven lanzar hacia el Congreso fuerzas a

caballo con treinta los números, que ee colocar a órdenes de sus mandos. Otras

fuerzas montadas en el mismo cuerpo montan des del Palacio de Congresos y

Exposiciones, donde se desarrolla la Conferencia Europea de Seguridad, donde

Poco antes de las nueve y media le Junta de Jefes de Estado Mayor señala, a

través de un comunicado, que la mayoría de los diputados, todavía en el palacio

del Congreso, podrían salir dentro de diez minutos.

Hay incredulidad y esperanza, pero especialmente rumores.

Barajas y el aeródromo de Getafe podrían ser los lugares de despegue de un

avión que llevase a Tejero fuera del país. Nadie sabe nada, pero tampoco se

desmiente esta posibilidad hasta que el golpista señala en una conversación

telefónica: «No me iré en avión; me mareo.» Pero la posibilidad de libertad es

mayor, cada minuto mucho mayor.

El capitán de navio Camilo Menéndez, vestido con su uniforme reglamentario, se

encontraba, dicen, desde primeras horas en el interior del Congreso apoyando la

acción del teniente coronel Tejero; pero ya no hay te Rupérez no ha podido

intervenir con un discurso sobre el terrorismo.

Es a esa hora, nueve y diez de la mañana, cuando, por primera vez, se siente

cierta relajación en los mandos. «Hay una posibilidad, vamos a ver si la

aprovechamos.»

CASCOS BLANCOS

En una de las ventanas del nuevo edificio del Congreso, situada en la primera

planta y haciendo esquina, puede distinguirse desde lejos la presencia do dos

miembros de la Policía Militar. Da la impresión de que están realizando

funciones de vigimor, todo está perdido para los golpístas.

MICRÓFONOS ABIERTOS

Hay micrófonos en el hemiciclo, y la cadena SER está retransmitiendo en directo

lo que pasa.. En un momento se producen voces, fue cuando el diputado de Alianza

Popular se levantó de su escaño y gritó pidiendo salir. Inmediatamente todos,

los diputados secundaron la actitud del señor Fraga. Algunos prorrumpieron en

gritos de «|Viva España!», «¡Viva la democracia!»´.

Dirección General de la Segundad del Estado los subsecretarios y secretarios de

Estado, Gobierno provisional y en estrecho contacto con la Junta de Jefes de

Estado Mayor. Todos obedecen órdenes del Rey.

La Junta de Jefes desmiente que en diez minutos, es decir, poco después de las

diez, se va a proceder a la evacuación de los parlamentarios. Es un rumor que no

se ha creído. Empieza la euforia y también otra vez miedo cuando en la plaza de

Neptuno grupos, de ultraderechistas se concentran y gritan: «Tejero, ¡mátalos!»

Contestan otros grupos de ideología contraria. «¡Viva la democracia!» y

«¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!» La Policía los disuelve tras

enfrentamientos y golpes de escasa importancia.

SALTOS POR UNA VENTANA

El acuerdo aún no ha llegado, pero una veintena de guardias civiles abandonan

las Cortes por una ventana de la sala de Prensa. Pasan directamente a unos

autocares preparados momentos antes. Otros guardias y miembros de la Guardia

Civil hacían gestos a los agentes para que se dirigieran al exterior por la

misma ventana. Los guardias que salían portaban sus armas reglamentarias.

A las doce y tres minutos salen los primeros diputados. Hay gritos y emoción:

«¡Viva la libertad! ¡Viva la democracia! ¡Viva la Constitución!» Los gritos se

repetían insistentemente mientras los parlamentarios se daban abrazos entre sí.

La mujer de Felipe González está en una habitación del Palace, pero el líder

socialista se ha ido ya. Antonio Garrigues-Wálker abraza a Soledad Becerril, y

los dos lloran. Rojas Marcos dice que Gutiérrez Mellado ha sido maltratado.

Suárez se abraza al público, en un gesto espontáneo que le compensa del encierro

a que fue sometido.

La Mesa del Congreso fue la última en abandonar el edificio, para, a

continuación, subir a una de las furgonetas de la Policía Nacional. Los

diputados estrenan libertad.

La totalidad de los guardias civiles que han intervenido en los sucesos son

conducidos en seis autobuses al Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada, en

Valdemoro.

A las dos y veinte de la tarde permanecían dentro de los autobuses con el gesto

ausente y en silencio. Suárez marchó al palacio de la Zarzuela para

entrevistarse con el Rey e informarle del drama del secuestro. Posteriormente,

en el palacio de la Moncloa, se celebra una reunión de Gobierno con asistencia

de todos los ministros y la secretaria del Estado para la Información, Rosa

Posada A las 2,35 terminaba la reunión.

Los padres del teniente coronel habían declarado en Málaga: «Sólo pensamos en

morirnos; qué vamos a pensar.» Y el teniente coronel Tejero, que ya habla

avisado al pueblo español en la «Operación Galaxia», se había quedado solo en el

amplio hemiciclo de las Cortes durante unos segundos, hasta que salió a

entregarse y se introdujo en un coche negro.

 

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