Reflexiones tras la noche más larga de la democracia     
 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Reflexiones tras la noche más larga de la democracia

Preguntas en el aire

LO logico es esperar a que las autoridades militares se encarguen de depurar

conductas; lo natural es suponer que habrá abundante información sobre algunas

actitudes y algunos hechos que han jalonado de sombras la noche del 23 al 24 de

febrero. Mientras esperamos ambas actuaciones, será bueno hacer algunas

preguntas que, sin duda, preocupan a los españoles.

Nos preocupa, por ejemplo, el papel del teniente general Miláns del Bosch, su

actitud decretando el estado de ley marcial en toda su región militar, su

contacto permanente con la comisión de secretarios de Estado y subsecretarios,

el bando que, al parecer, tenía preparado para contrarrestar el que había

lanzado nada más producirse el golpe, la misma llamada del teniente coronel

Tejero desde el Congreso ocupado dando la novedad... Nos preocupa y nos intriga

la conducta de este teniente general, tan prestigioso y, al mismo tiempo, tan

activo durante las horas del «pusch».

Naturalmente, estamos en ascuas por saber si detrás de los protagonistas que ya

conocemos había alguno o algunos más, si el golpe contaba con los efectivos que

ya conocemos o sus autores materiales esperaban apoyos desde Madrid o desde

otras capitales españolas.

Quisiéramos saber, además, quién era el alto militar que debía haber llegado al

Congreso para hacerse cargo de la situación, tal como anunciaron reiteradamente

los mandos asaltantes. ¿Quién se oculta detrás de este innominado personaje?

Nos gustaría que se aclarara, definitivamente, el papel en el Congreso de los

comisarios Ballesteros y Fernández Dopico; que se diga, con detalle —al menos

con argumentos convincentes—, cual era su cometido, ese que, al parecer, les fue

encomendado por sus superiores.

¿Sería mucho saber, por otra parte, cómo el teniente coronel Tejero pudo hacerse

cargo de una tropa que, al parecer, ignoraba; en un 90 por 100. a dónde se

encaminaba y cual era el objetivo de su asalto al Congreso? Sabemos de la

disciplina de la Guardia Civil, pero resulta altamente curioso que su irrupción

en el Palacio de la carrera de San Jerónimo se hiciera sin conocer más órdenes

que las de inmovilizar a todos los que estaban dentro y recoger todas las armas.

En fin, sería bueno conocer con detalle la actitud de algunos miembros de ja

Policía militar que penetró en el edificio por la noche. Detenido el comandante

que los condujo, ¿podríamos saber cuál fue la conducta de estos miembros durante

el tiempo que estuvieron dentro?

Finalmente, no estaría de más saber cuáles fueron las condiciones pactadas para

la rendición. Y, si es posible, ¿por qué el teniente general Miláns del Bosch

tardó más de una hora en retirar las tropas y los tanques de las calles de

Valencia, despues de escuchar el mensaje del Rey, y no lo hizo, como se dijo,

inmediatamente después?

Bon Seny

DE ahora en adelante nada podrá ser igual en la política española. Así decíamos

porque así lo pensamos en el editorial escrito al filo de aquellas horas tan

inquietas, tristes y bochornosas en la noche del pasado lunes.

Así lo seguimos pensando, y el problema es distinguir entre lo que debe cambiar

en seguida, por no poder seguir ya siendo igual, y aquellos otros cambios que

han de madurar y encontrar su encaje en la política del nuevo Gobierno, en las

próximas semanas.

En un meritorio ejemplo de claridad y arrojo políticos, un distinguido diputado

de la minoría catalana, Miguel Roca Junyent, a su salida del Congreso, sin que

veinte horas de tensión e incertidumbre hayan influido ni en su talante ni en su

inteligencia, anunciaba ya que desde ahora algo no sería´ igual: los votos de la

minoría catalana serían esta vez afirmativos, apoyarían al nuevo Gobierno, y no

se refugiarían en la abstención como´ en la votación primera.

Si una cabeza bien organizada sabe poner en primer lugar las cuestiones que

conviene resolver cuanto antes, el diputado Roca ha expresado admirablemente con

esa rápida decisión lo que tantos españoles admiramos y envidiamos en los

españoles de Cataluña, en esa virtud tan suya de resolver con buen sentido —

¡ah!, el Bon Seny, ¡qué virtud tan.difícil y escasa!—,,las cuestiones que no

requieren ni énfasis, ni hinchazón, ni temperamento, sino sentido común,

realismo, comprensión, inteligencia política, en suma.

Lo urgente hoy es que el nuevo Gobierno, formado cuanto antes, se vea asistido

positivamente por el Parlamento, y esa asistencia en las democracias se mide en

votos. El Bon Seny pide, exige, votar a quien ayer, por cuestión de matices

podía ser-discutido, no estorbado pero tampoco aprobado.

Y este gesto aparentemente menor, expresado con sencillez, nos recuerda hecho

así, sin descomponerse ni hincharse, aquellos elogios de Cervantes a Barcelona

«archivo de cortesía». Con señoría y mesura, este catalán anuncia cortésmente

que para ellos, por simple Bon Seny, ya ha empezado el cambio.

Los protagonistas

HUBO, naturalmente, muchos protagonistas en la larga noche de las metralletas y

las pistolas que se adueñaron del Congreso de los Diputados. Las mismas armas,

que nada tienen que ver con la dialéctica parlamentaria, fueron protagonistas.

Hablaron casi antes que los mismos asaltantes.

Protagonistas fueron, sin duda, los portadores de las armas, los que estaban

dentro y los que entraron en tromba en el hemiciclo, los que dirigieron el

intento de «pusch», los que amenazaron a civiles indefensos, los que hablaron en

voz alta con el tono suficiente de quienes tienen la fuerza en sus manos, los

que insultaron y hasta golpearon a sus propias jerarquías.

El general Miláns del Bosch, desde Valencia, fue un protagonista singular y

hasta misterioso; lo fue el teniente coronel Antonio Tejero, constituido, por

ley del golpe, en comandante en jefe de las tropas asaltantes; lo fue el

teniente Alvarez, tan joven como amenazador; lo fue el comandante del Ejército,

que al frente de la Policía Militar penetró después en el Congreso, por más que

no entendemos del todo su protagonismo, que na terminado en detención; lo fue el

capitán de navio Camilo Menéndez...

Pero dos hombrea destacan, en méritos a la hora de medir el protagonismo: el

todavía presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, y el vicepresidente

para la Defensa, también en funciones, teniente general Gutiérrez Mellado.

Suárez dio un enorme ejemplo de entereza, de serenidad y de saber estar en su

puesto. Frente a las ráfagas de metralletas que silbaron a pocos metros de su

rostro, se mantuvo firme, sentado en su escaño, sin ahorrar el riesgo. Fue la

suya la prestancia de «todo un presidente», como diría más tarde Roca Junyet.

Tuvo la gallardía de presentar su condición de presidente del ejecutivo sin

arrogancia, pero con firmeza; tuvo, al ´mismo tiempo, la prudencia de temperar

los nervios desatados de algunos de sus compañeros de escaño.

El teniente general Gutiérrez Mellado, cuyo temperamento es sobradamente

conocido, estuvo a la altura de su condición de máxima autoridad militar. Como

tal, pidió explicaciones a los asaltantes, algunos de los cuales llegaron a

golpearle —mención especial merece, un vez más, en este desgraciado menester, el

teniente coronel Tejero, con total desprecio de grado—, exigió de los invasores

del Congreso que depusieran su actitud y, desde su talante riguroso, expuso su

vida en momentos en que los portadores de las armas parecían dispuestos a todo.

Otros protagonistas, ya de amanecida, fueron los diputados Fraga Iribarne y

Satrústegui, y el ministro de Cultura en funciones, Iñigo Cavero. Los tres, en

gestos nacidos del valor y, tal vez, del nerviosismo, desafiaron a sus

aprehensores y hasta, en el caso de Cavero y Fraga, los incitaron al

despropósito. Anécdotas para la historia de una larga noche de, metralletas y

pistolas.

 

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